Sobiesław Zasada se acomoda detrás del volante, mira hacia adelante y espera la señal de largada. Está otra vez en la Argentina. Pasaron 59 años desde aquella vez que llegó desde Polonia, se subió a un Porsche 911 rojo y ganó una de las carreras más duras que se disputaban en nuestro país. Ahora está por comenzar el Gran Premio Argentino Histórico, la competencia de regularidad que todos los años organiza el Automóvil Club Argentino y que en esta edición recorre 3.500 kilómetros a través de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Catamarca y San Juan.

Entonces alguien le pregunta por esa vitalidad que desconcierta a todos. Zasada sonríe y responde: “La vida empieza a los 90”. No parece una frase preparada para quedar bien frente a una cámara. En realidad, hace años que la repite. Y, sobre todo, hace años que la cumple…
No lo dice como una expresión simpática para las cámaras. En 2021, cuando tenía 91 años, decidió disputar el Safari Rally de Kenia por el Campeonato Mundial de Rally y ya utilizaba la misma frase para explicar por qué se embarcaba en semejante desafío. Aquella participación lo convirtió en el piloto de mayor edad en correr una prueba del WRC.
Cinco años después, cruzó nuevamente el océano para regresar a la Argentina, el país donde consiguió en 1967 una de las victorias que más recuerda de su extensa trayectoria.
Zasada no atribuye su estado físico a ningún secreto especial. Habla, sobre todo, de constancia. Le dedica cerca de una hora diaria al ejercicio, realiza una rutina variada y procura caminar alrededor de cinco kilómetros por día.

También continúa conduciendo normalmente en Polonia y asegura que todavía puede afrontar viajes de 800 o 900 kilómetros sin mayores dificultades. Cuando le preguntaron si le preocupaba el esfuerzo que significaría participar del Gran Premio Argentino Histórico a los 96 años, respondió con una pregunta: “¿De qué tendría que tener miedo?”
Su relación con el deporte empezó mucho antes que su carrera como piloto. De joven practicó atletismo, fue campeón polaco e integró la selección nacional. También perteneció al movimiento scout, una experiencia que todavía menciona cuando habla de su formación.
“Yo fui scout. Para mí esos valores, como el honor y ser compasivo con el prójimo, fueron y siguen siendo muy importantes. Eso me formó”, explicó durante su visita a Buenos Aires. Luego recordó su etapa como atleta: “Estuve en la selección nacional de atletismo y eso también me formó”.
El automovilismo apareció después. Su primera carrera fue en 1952, de manera que entre aquella competencia y su regreso a las rutas argentinas pasaron 74 años. En ese tiempo fue tres veces campeón europeo de rally (1966, 1967 y 1971), compitió para algunas de las marcas más importantes del mundo y participó en pruebas que forman parte de la historia de la especialidad.

A pesar de semejante recorrido, Zasada asegura que intenta “no prestar demasiada atención a la edad”. Es más le gustaría “tener un reloj que avanzara más despacio”. No hablaba del miedo a envejecer, sino de la sensación de que todavía le quedan demasiadas cosas por hacer.
Cuando intenta explicar su longevidad, Zasada también suele mencionar a Ewa, la mujer con la que compartió 75 años de su vida. Se conocieron cuando tenían 16 años y se casaron en 1952. Ewa no fue solamente su compañera fuera de las carreras: durante muchos años también fue su copiloto y juntos disputaron numerosos rallies internacionales.
Zasada no duda en decir que su matrimonio es uno de sus mayores logros personales. Cuando le preguntaron alguna vez por los grandes éxitos de su vida, prefirió hablar de Ewa antes que de sus campeonatos o de sus victorias deportivas. Ella murió en 2021. Zasada tenía 91 años.
La pérdida significó un golpe enorme después de haber compartido prácticamente toda la vida adulta, pero él continuó viajando, entrenando y manteniéndose activo. Nunca presentó esa actitud como una batalla contra la edad ni como una demostración de fortaleza. Simplemente siguió haciendo lo que había hecho durante toda su vida.

¿Pero por qué está aquí en Argentina? Porque le tiene mucho cariño. Su relación con la el país comenzó en octubre de 1967, cuando llegó para disputar el Gran Premio Internacional de Turismo. La carrera recorría miles de kilómetros por algunos de los caminos más difíciles del país. Había asfalto, ripio, piedras, montaña y etapas extremadamente largas que exigían tanto a los pilotos como a los autos.
Zasada competía con un Porsche 911 rojo identificado con el número 405. La marca alemana tenía serias dudas sobre la conveniencia de participar porque consideraba que el auto estaba mucho mejor preparado para el asfalto europeo que para los caminos argentinos. El piloto insistió en correr y terminó ganando. “En mi carrera deportiva esa carrera fue la más importante”, recordó durante su regreso a Buenos Aires.
La victoria tuvo además una repercusión que superó ampliamente al automovilismo. En aquellos años vivía en la Argentina una numerosa comunidad de inmigrantes polacos y descendientes de polacos. Polonia se encontraba detrás de la Cortina de Hierro y el triunfo de un compatriota en una de las carreras más exigentes de Sudamérica se transformó en un motivo de enorme orgullo.

Zasada todavía recuerda la reacción de aquella comunidad, cómo lo llevaron en andas sus compatriotas y cómo su épica victoria en Argentina se volvió una recurrente charla de las familias. “Fue milagroso para la comunidad polaca”, explicó al recordar lo ocurrido.
Más allá del éxito personal, Zasada sostiene la victoria cambió la percepción que existía dentro de Porsche sobre las posibilidades del modelo en competencias disputadas fuera del asfalto.
Al regresar a Alemania fue recibido en Stuttgart y recuerda que una caravana de Porsche acompañó la celebración hasta la fábrica. Para él, aquella actuación ayudó a demostrar que el auto podía funcionar en escenarios mucho más exigentes de lo que originalmente se suponía.
La Argentina volvió a aparecer en su carrera algunos años después. En 1970 regresó para participar nuevamente del Gran Premio Internacional de Turismo y terminó segundo con un BMW 2002 TI. En 1978 compitió en la Vuelta a la América del Sud, una prueba de cerca de 30.000 kilómetros, y volvió a finalizar en el segundo lugar, esta vez con un Mercedes-Benz 450 SLC. Sin embargo, la victoria de 1967 quedó por encima de todas esas experiencias.
En 2026, Zasada volvió a Argentina Buenos Aires para participar como invitado especial del XXIII Gran Premio Argentino Histórico. El regreso despertó interés tanto en Polonia como entre integrantes de la comunidad polaca argentina. También permitió que Zasada volviera a encontrarse con personas que todavía recordaban lo ocurrido casi seis décadas atrás. Eso es probablemente lo que más lo impresionó.

Él conservaba muy presentes aquellas imágenes, pero ahora comprobó que del otro lado también quedaba memoria. Para muchos argentinos vinculados al automovilismo, el apellido Zasada seguía relacionado con aquel piloto polaco que había llegado desde Europa y había ganado una carrera durísima contra algunos de los mejores corredores del país.
Tal vez la mejor manera de entender a Sobiesław Zasada sea observar cómo habla del futuro. En 2021, después de participar del Safari Rally de Kenia con 91 años, comentó que le gustaría volver a competir allí cuando tuviera 100. En aquel momento la idea podía tomarse como una broma o como una manera de celebrar lo que acababa de conseguir.
Ahora tiene 96 años y sigue mencionando al Safari entre las carreras que le gustaría volver a disputar. No sabe si podrá hacerlo. Pero tampoco parece dispuesto a descartar la posibilidad.
Por ahora está nuevamente en la Argentina, recorriendo caminos que conoció cuando tenía 37 años y descubriendo que todavía hay gente que recuerda su nombre. Quizás por eso aquella frase pronunciada en la rampa de largada resulta tan adecuada para contar su historia. “La vida empieza a los 90”.
En Sobiesław Zasada no suena como una consigna motivacional. Suena, simplemente, como la manera que encontró de vivir.























































