A simple vista puede pasar inadvertida por la distancia a la que se encuentra y por el imponente altar que la rodea. Sin embargo, la pequeña imagen original de la Virgen de Luján, de apenas 38 centímetros de altura, es el corazón de una historia que comenzó hace casi cuatro siglos y convirtió a la ciudad bonaerense en uno de los principales destinos de peregrinación del país.
Durante una recorrida exclusiva por la Basílica de Nuestra Señora de Luján, Revista GENTE conoció el lugar donde hoy se resguarda la histórica escultura, ubicada en la parte superior del altar mayor y protegida bajo estrictas condiciones de conservación ambiental. Realizada en terracota cocida, la imagen conserva una particularidad que suele sorprender a quienes la visitan por primera vez.
Así está hoy la imagen que cambió la historia de Luján
"La imagen es de bulto de 38 centímetros. A través de los años se sumó la tradición española de vestir a dichas imágenes. Por eso ahora la vemos con ese manto celeste y blanco", explica Romina Ramírez, guía del santuario, durante la visita.
Sobre el motivo de este simbólico vestuario, explica: "Al momento del milagro no tenía el manto. Se lo colocó por esa costumbre española de darle como cierto prestigio a las imágenes, pero no vino con ese vestido"

Pero característico manto celeste y blanco tampoco fue elegido por casualidad. Su diseño responde a la advocación de la Inmaculada Concepción, uno de los principales dogmas marianos de la Iglesia Católica.
"Cuando vemos una Virgen María que su advocación es la Inmaculada Concepción va a tener celeste y blanco en su manto. Responde a eso y no a la bandera argentina", aclara sobre una típica confusión que suele existir.
Además, revela un ritual que se hace en una fecha muy especial: "Algo importante es que cada año se le cambia su manto para la fiesta de la Virgen de Luján, que es el 8 de mayo. Unos días antes se le hace el cambio de manto. Al retirado se lo corta en pedacitos, que pegan a la estampita que se le da a los fieles ese día. Yo digo que es como que te llevás un pedacito de ella a tu casa".

La historia de la Virgen de Luján
La historia de esta pequeña escultura comenzó en 1630, mucho antes de que existiera la actual Basílica. La imagen había sido enviada desde Brasil por encargo del hacendado portugués Antonio Farías de Sá, quien deseaba colocarla en una capilla que construía en Santiago del Estero. Sin embargo, durante el viaje ocurrió un hecho que la tradición considera milagroso y que cambió el destino de la imagen.
"Pensemos que en ese momento lo que era Buenos Aires pertenecía al Virreinato del Alto Perú. Ni siquiera era el Virreinato del Río de la Plata...", relata la guía para entender el contexto histórico en el cual ocurrió este hecho.

"Fue cerca del río Luján cuando una de las carretas dejó de poder ser movida. Nadie entendía por qué, ya que no se le había agregado ningún peso nuevo. Al bajar lo que llevaba se dan cuenta que solo cuando se baja a tierra un cajoncito que transportaban, los bueyes podían tirar la carreta. Al abrirlo descubrieron que allí se encontraba la imagen de la Virgen María de la Pura e Inmaculada Concepción. La gente entendió que 'se quería quedar' en ese lugar. Entonces se le levantó allí un primer altar", relata la guía.
Fue ese episodio el que dio origen tanto al nombre de la advocación como al crecimiento de la devoción popular.

"Como fue cerca del río Luján se le puso el nombre Virgen María de la Pura e Inmaculada Concepción de Luján. Ahí inició la devoción por la Virgen. Este santuario es el tercer templo que se le construye a la Virgen: a medida que iban quedando chico los espacios para recibir a la gente que quería conocer a la imagen milagrosa, se fue trasladando", concluye Ramírez.
Fotos: Diego García
Videos y redes sociales: Juan Rostirolla

