Mientras la reina Máxima Zorreguieta y la heredera al trono, la princesa Amalia, suelen concentrar buena parte de la atención que hay sobre la familia real neerlandesa, la princesa Alexia encontró la forma de construir una vida mucho más reservada.
Este viernes 26 de junio, la segunda hija de los reyes Guillermo Alejandro y Máxima celebró su cumpleaños número 21 instalada en Londres, donde transita una etapa marcada por la vida universitaria y una rutina sorprendentemente alejada del protocolo.
La royal estudia Ciencias e Ingeniería para el Cambio Social en el University College London (UCL), una de las universidades más prestigiosas del Reino Unido. Allí, entre clases, exámenes y nuevos vínculos, también habría logrado algo que parece casi imposible para una integrante de una casa real europea: disfrutar de una activa vida social sin convertirse en el centro de todas las miradas.

Lo cierto es que el presente de Alexia de Orange volvió a despertar interés en las últimas semanas, luego de su participación en la tradicional sesión fotográfica de verano de la Casa Real de los Países Bajos y, especialmente, tras el debut de su hermana menor, la princesa Ariane, en un banquete de Estado luciendo por primera vez una tiara. Esa imagen reavivó el debate entre los especialistas en realeza, ya que Alexia todavía no protagonizó ese simbólico momento, pese a formar parte de actividades oficiales de la Corona.

Más allá de ese detalle protocolar, la princesa vuelve a ser noticia por un aspecto completamente distinto: la estrategia que, según distintos medios europeos, desarrolló para preservar su anonimato cuando sale por las noches en la capital británica.
Los trucos que la princesa Alexia, según trascendió, utiliza para pasar inadvertida
De acuerdo con publicaciones especializadas en la realeza europea, la princesa Alexia habría adoptado un particular modus operandi para proteger su privacidad desde que se instaló en Inglaterra.
Uno de los recursos más comentados consiste en utilizar nombres alternativos al momento de hacer reservas o figurar en listas de invitados. Incluso, trascendió que habría recurrido a esa misma estrategia cuando tiempo atrás sufrió una lesión, con el objetivo de evitar que trascendieran detalles sobre su estado de salud.

Sin embargo, el verdadero secreto parecería estar en la elección de los lugares que frecuenta.
Lejos de los bares o discotecas abiertas al público, la hija del medio Máxima Zorreguieta suele optar por exclusivos clubes privados donde la confidencialidad es una condición indispensable y la privacidad de los asistentes está especialmente protegida.
Los exclusivos clubes londinenses donde Alexia de Orange disfruta de su vida social
Entre los espacios con los que fue vinculada aparece Oswald's, uno de los clubes más exclusivos de Londres, conocido por recibir a empresarios, celebridades y miembros de distintas familias reales europeas.

El acceso está reservado únicamente para socios e invitados, mientras que las fotografías dentro del establecimiento están terminantemente prohibidas, una política que garantiza que lo que ocurre allí permanezca lejos de las redes.
Otro de los sitios que suele aparecer asociado a la hija de Máxima Zorreguieta es Soho House, el reconocido club privado que reúne a estudiantes, artistas, creativos e influencers de la capital británica. Allí también existen fuertes restricciones para el uso de celulares y la difusión de imágenes, una medida pensada para preservar la intimidad de sus miembros.

La lista se completa con The House of KOKO, uno de los espacios más codiciados por la nueva generación de celebridades. El lugar ganó fama justamente por su política de privacidad, que impide registrar fotografías o videos de lo que sucede en el interior del edificio.

Gracias a esa combinación de discreción, identidades alternativas y la elección de espacios donde la privacidad es una prioridad, Alexia consiguió mantener un perfil mucho más bajo que el que suele acompañar a otros integrantes de la realeza, y disfruta de una experiencia universitaria lo más parecida posible a la de cualquier joven de 21 años: estudiar, salir con amigos y recorrer la noche londinense sin que cada paso se convierta, inevitablemente, en un nuevo titular.


