El príncipe Harry (41) y Meghan Markle (45) están a días de instalarse nuevamente en Reino Unido, seis años después de haber renunciado a sus funciones como miembros activos de la monarquía y de haberse mudado a Estados Unidos. Según confirmaron distintas fuentes de la prensa británica, los duques de Sussex se trasladarán junto a sus hijos, Archie (7) y Lilibet (5), por un "período prolongado" en una vivienda privada que no pertenece al patrimonio real y cuya ubicación se mantiene en secreto por motivos de seguridad.
El disparador de la decisión tendría una gran razón: la educación de sus herederos. Los hermanitos ya estarían matriculados en un colegio británico y comenzarán clases en septiembre. Se trata de la misma preocupación que Meghan había expuesto públicamente tiempo atrás, cuando explicó que en Reino Unido "nunca podría llevar y recoger a los niños del colegio sin que se convirtiera en una sesión fotográfica real con un grupo de 40 periodistas sacando fotos". Sobre esa experiencia, agregó: "Eso no me convierte en una persona obsesionada con la privacidad. Me convierte en una madre fuerte y buena que protege a su hijo".
La familia, sin embargo, conservará su casa de Montecito -valuada entre 25 y 29 millones de dólares– y su propiedad de vacaciones en Portugal –donde viajaron este verano–, por lo que la mudanza no implica necesariamente el abandono definitivo de Estados Unidos.

La decisión marca un giro inesperado en la historia de los Sussex, que en 2020 renunciaron a sus funciones como miembros activos de la familia real y poco después se instalaron en una mansión californiana que cuenta con una huerta orgánica y un gallinero infantil llamado "Chick Inn", además de extensos jardines de tres hectáreas. Desde entonces, Harry y Meghan construyeron una vida independiente de la institución monárquica y desarrollaron sus propios proyectos profesionales y comerciales.
Eso sí: el matrimonio dejó en claro que no pretende recuperar sus antiguas funciones oficiales, por lo que su regreso al país no debe interpretarse como un retorno a la actividad institucional de la Corona. Meghan seguirá al frente de su marca de estilo de vida, As Ever, y la pareja mantendrá plena autonomía sobre sus proyectos comerciales y mediáticos, en línea con lo pactado en el Acuerdo de Sandringham de 2020 –el marco que reguló la salida de la pareja de la familia real tras el Megxit–.

Una residencia privada y sin funciones reales: las condiciones del regreso
Uno de los puntos centrales de la mudanza es que Harry y Meghan no ocuparán una propiedad perteneciente a la Corona: se instalarán con su familia en una vivienda privada ubicada fuera de Londres. Aunque no trascendió en qué institución continuarán su formación Archie y Lilibet, el hecho de que ya están inscriptos es una de las señales más concretas de que el regreso no sería una visita temporal.
La condición más importante, sin embargo, es institucional: los Sussex no retomarán sus compromisos como miembros activos de la realeza. Carlos III mantendría el acuerdo establecido después del llamado Megxit, mediante el cual Harry y Meghan dejaron sus funciones oficiales y pasaron a desarrollar su vida de manera independiente. La mudanza, por lo tanto, no modifica su posición dentro de la estructura de la familia real ni supone una reincorporación a la agenda oficial de la monarquía.

La cuestión de la seguridad será otro de los aspectos más delicados del regreso. Harry mantiene desde hace años una disputa judicial con el Gobierno británico por las condiciones de protección que recibe cuando visita Reino Unido, después de que dejara de contar automáticamente con el mismo nivel de seguridad que tenía cuando era un miembro activo de la familia real. El príncipe llegó a sostener que no se sentía cómodo llevando a su esposa y a sus hijos al país si no existían garantías suficientes para protegerlos.
La trama detrás del regreso: una decisión que habría tomado por sorpresa a Carlos III
El regreso de Harry y Meghan no habría sido una operación coordinada con Buckingham Palace. Según The Guardian, la decisión fue tomada de manera unilateral por los Sussex y el rey Carlos III recién fue informado el domingo, pocos días antes de que la noticia trascendiera públicamente. El dato resulta significativo porque, cuando Harry, Meghan, Archie y Lilibet visitaron a Carlos en Highgrove el mes pasado, ninguno de ellos habría mencionado que estaba preparando una mudanza permanente al Reino Unido. En menos de dos semanas, sin embargo, la familia estaría instalada en una residencia privada fuera de Londres y los chicos ya tendrían asegurado su lugar en una escuela británica.

La pregunta que ahora circula en la prensa británica es qué cambió. Los problemas que habían llevado a los Sussex a abandonar Reino Unido en 2020 no desaparecieron: continúa la tensión con parte de la familia real, la relación con Guillermo sigue quebrada, el vínculo con la prensa británica permanece atravesado por disputas judiciales y la cuestión de la seguridad todavía no tiene una solución definitiva. The Guardian destaca precisamente esa contradicción y plantea que el giro resulta particularmente llamativo porque varios de los obstáculos que Harry y Meghan señalaban cuando dejaron el país siguen vigentes.
El dato que cambia todo: Harry había dicho que no volvería con sus hijos
Uno de los elementos más contundentes detrás de la decisión aparece al revisar las declaraciones públicas de Harry. En mayo de 2025, después de perder una batalla judicial contra el Gobierno británico por su esquema de seguridad, el príncipe aseguró que no podía imaginar un escenario en el que llevaría nuevamente a su esposa y a sus hijos al Reino Unido. En aquella entrevista con la BBC, explicó además que el conflicto por la protección policial había sido durante años el principal obstáculo para regresar con su familia y dijo que quería una reconciliación con sus parientes.
Un año después, esa posición parece haber cambiado radicalmente. Según The Times, a esta altura todavía no existe una decisión definitiva sobre si Harry y Meghan tendrán protección policial financiada por el Estado durante su regreso. El mecanismo que evalúa la seguridad de miembros de la realeza y otras figuras públicas todavía debe determinar las condiciones específicas, mientras que la familia continúa utilizando seguridad privada en Estados Unidos.

El contraste es difícil de ignorar: Harry había presentado la seguridad como una condición prácticamente indispensable para que sus hijos pudieran sentirse en casa en Reino Unido y ahora está dispuesto a instalar allí a toda su familia aun cuando las condiciones definitivas de protección todavía no fueron comunicadas. El gobierno británico, por su parte, evitó revelar detalles y sostuvo que su sistema de seguridad es “riguroso y proporcional”, mientras que el primer ministro Andy Burnham calificó el asunto como "privado".
William, el gran problema que la mudanza vuelve a poner dentro de la familia
La reacción del príncipe William (44) aparece como uno de los puntos más delicados. The Guardian recuperó una definición del ex corresponsal real de la BBC Peter Hunt, quien advirtió que el regreso podría terminar generando la imagen de “dos cortes rivales”: la de Guillermo, futuro rey, y la de Harry, nuevamente instalado en territorio británico con su propia familia, proyectos y agenda. Hunt sostuvo que, en el corto plazo, la presencia de Harry podría favorecer el acercamiento con Carlos, pero que, a largo plazo, abriría una situación potencialmente incómoda para la institución.
Por su parte, según reveló el fotógrafo y experto en la Casa Real Arthur Edwards en las páginas de The Sun, William habría trasladado a su entorno más cercano que "jamás perdonará a Harry", en gran parte por el hermetismo con el que los Sussex manejaron el anuncio: la pareja ya tenía la residencia localizada, negociada y asegurada en territorio británico cuando recién entonces se lo comunicó a Carlos III.
Lo único certero al momento es que, seis años después del portazo que sacudió a la monarquía, los Sussex vuelven a poner en jaque el frágil equilibrio entre lo privado y lo institucional en el corazón mismo de Buckingham.
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