Gobernó siete décadas, pero cuando llegaba la hora del té de las cinco, la reina Isabel II (1926-2022) tenía un ritual del que no se salteaba ni un día: los sándwiches de pepino con manteca, los bocadillos de salmón ahumado y, como broche final, una porción de su postre favorito. Así lo reveló su exchef personal, Mark Flanagan, que trabajó a su lado durante años en el Palacio de Buckingham.
Una torta sin horno que se volvió leyenda
Se llama chocolate biscuit cake, aunque también es conocida como "Wicked Cake" –algo así como "el pastel embrujado"–, y su fórmula desafía cualquier sofisticación de repostería real: galletas rotas, chocolate derretido, manteca y crema. Nada de horno, nada de técnicas complejas. Solo frío de heladera y paciencia.
El dato que la volvió aún más célebre llegó en 2011, cuando se supo que este mismo pastel fue una de las dos tortas de boda que eligieron Kate Middleton y el príncipe William. Una manera, quizás, de guiñarle el ojo a las tradiciones más íntimas de la familia real, lejos del protocolo y los glaseados imposibles.

Paso a paso, la tarta de galletas favorita de la reina, un clásico del Palacio de Buckingham para replicar en casa
La base son las galletas Rich Tea, un clásico británico elaborado con harina de trigo, azúcar, aceite vegetal y extracto de malta, pensado especialmente para mojar en el té. Para la receta original, calculada para ocho porciones, se necesitan:
Ingredientes (para 8 porciones):
- 225 g de galletas Rich Tea
- 115 g de manteca sin sal ablandada
- 115 g de azúcar extrafina
- 115 g de chocolate negro picado (mínimo 53% de cacao)
- 2 cucharadas de agua tibia
Para el ganache de cobertura:
- 125 g de crema de leche batida
- 125 g de chocolate negro picado

El paso a paso, tal como se prepara en el Palacio
Lo primero es forrar un molde metálico de 15 centímetros con papel para hornear, engrasando bien los bordes. Después llega el paso que marca la diferencia: romper las galletas en trozos de entre uno y dos centímetros, sin pasarlas por el procesador. La clave del postre está justamente ahí, en que se sienta la textura crocante entre bocado y bocado.
En un bowl aparte se bate la manteca con el azúcar hasta lograr una crema suave. Por otro lado, se derrite el chocolate a baño María o en microondas y se incorpora a la mezcla de manteca y azúcar. Se suma el agua tibia y, por último, los trozos de galleta, revolviendo hasta que queden completamente cubiertos.
Esa mezcla se vuelca en el molde forrado, presionando con firmeza para que compacte parejo, y se lleva a la heladera hasta que el chocolate endurezca: entre 20 y 30 minutos alcanza.

Para el ganache, se calienta la crema de leche a fuego lento y se vierte sobre el chocolate picado, revolviendo hasta integrar por completo. La torta se desmolda, se apoya sobre una rejilla con una bandeja debajo para contener el excedente, y se cubre con el ganache tibio, asegurándose de que quede parejo en toda la superficie.
El resultado es un pastel frío, denso y absolutamente adictivo, que explica por qué una mujer acostumbrada a los banquetes de Estado prefería, después de todo, algo tan simple como unas galletas rotas bañadas en chocolate.



















































