Zaira Nara disfruta unos días de descanso en Uruguay y, fiel a su estilo cercano, utilizó su cuenta de Instagram para compartir con sus ocho millones de seguidores cómo decoró su casa de José Ignacio.
Lejos de las decoraciones excéntricas o recargadas que suelen verse en las propiedades de lujo, la conductora y empresaria apostó por un interiorismo que abraza la tendencia wabi-sabi y el rústico-chic. En este espacio, los materiales nobles, los tonos neutros y la abundante luz natural se convierten en los verdaderos y únicos protagonistas, creando una atmósfera que invita a la relajación total y que ya es furor entre sus seguidores.
Arquitectura y luz: una conexión directa con el bosque
El diseño del espacio está pensado milimétricamente para que la naturaleza exterior ingrese y sea parte fundamental de la decoración interior.

Esta estructura de líneas orgánicas contrasta a la perfección con el techo de hormigón a la vista, un detalle de estilo industrial que le aporta carácter y rusticidad al ambiente.
Para no competir con la vista ni bloquear la claridad, Zaira eligió vestir estas imponentes aberturas con cortinas de gasa blanca muy livianas, que caen pesadas hasta el piso desde unos sencillos barrales negros, sumando movimiento y frescura.
Pero la verdadera magia de este diseño arquitectónico radica en su perfecta integración con el paisaje esteño. Una de estas aberturas de vidrio no funciona únicamente como ventanal, sino como una puerta doble que conecta la intimidad de la habitación con el área de descanso exterior.

La cama: texturas orgánicas y tonos tierra
El centro indiscutido de la habitación es una enorme cama de estilo plataforma que se eleva apenas del suelo, vestida de manera impecable pero con un aire deliberadamente relajado.

Para la ropa de cama, la modelo se inclinó por el rey indiscutido del verano: el lino. Eligió un cobertor en color tierra o taupe, un tono cálido y orgánico que transmite calma instantánea, y lo combinó con sábanas de un blanco inmaculado.
Además, en lugar de optar por un cabecero tradicional de madera o tapizado, el diseño del cuarto presenta un murete bajo de mampostería blanca que funciona tanto de respaldo como de estante de apoyo. Allí descansan un dúo de pequeños floreros de cerámica azul y unas velas sutiles, que enmarcan un mix de almohadones básicos junto a otros con finas rayas verticales, aportando la textura justa.
Arte geométrico y rincones con encanto
Aunque los objetos decorativos son escasos, cada uno fue elegido con un propósito y tiene un peso visual enorme.
La pieza maestra del cuarto es el inmenso tapiz de tela cruda que cuelga sobre la cama. Con sus imponentes figuras geométricas abstractas en tonos óxido, azul marino, mostaza y verde bosque, funciona como el ancla de color que le da vida a toda la habitación. Esa misma vibra bohemia y esteña se traslada a los rincones del cuarto.

El toque lúdico en este rincón lo aporta una moderna lámpara de mesa tipo "hongo" en color salmón, ideal para brindar luz cálida por las noches. Finalmente, los canastos de mimbre entrelazado que descansan en el suelo y los bolsos de playa de lienzo bordados a mano que cuelgan detrás de las puertas, terminan de coronar este oasis personal que respira paz y marca tendencia.


