El Martinete: la llave prohibida que marcó tragedias en la lucha libre mexicana – Revista GENTE
 

El Martinete: la llave prohibida que marcó tragedias en la lucha libre mexicana

De la invención de Wild Bill Longson a los casos de Gerardo Germán Pineda y Jorge Brenan, la historia de un movimiento tan espectacular como peligroso.
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En el corazón vibrante de la lucha libre mexicana, existen movimientos que desatan ovaciones y otros que siembran temor. El Martinete, conocido internacionalmente como Piledriver, pertenece a este último grupo: una llave tan espectacular como letal, que ha dejado huellas imborrables en la memoria del deporte y en la vida de quienes la han sufrido.

La reciente muerte de Gerardo Germán Pineda, el réferi conocido como "El Búho", tras recibir un Martinete aplicado por el Hijo de Fishman durante una función en Mineral de la Reforma, Hidalgo, volvió a poner en el centro del debate la peligrosidad de esta maniobra. El recinto quedó enmudecido cuando el juez colapsó en el cuadrilátero, y a pesar de la rápida asistencia médica, nada pudo hacerse para salvarle la vida. El Hijo de Fishman permanece detenido mientras la justicia investiga su presunta responsabilidad por homicidio culposo.

Un movimiento con historia y advertencias

La historia del Martinete se remonta a la década de 1930, cuando el estadounidense Wild Bill Longson lo inventó y, rápidamente, su peligrosidad llevó a que varias comisiones atléticas de Estados Unidos lo prohibieran. En México, el primer registro de esta maniobra se atribuye a Gil Larrea en la Arena Guadalajara, y desde entonces, el Martinete ha sido temido y, en muchos casos, vetado por su capacidad de causar lesiones irreparables.

La esencia del Martinete es tan simple como brutal: el ejecutor sostiene a su oponente de cabeza, con el estómago pegado a la espalda, y se deja caer de sentón sobre la lona, transmitiendo un impacto directo a la cabeza y el cuello del rival. La maniobra exige precisión absoluta, pues cualquier error puede traducirse en consecuencias devastadoras.

Tragedias que no se olvidan

El Martinete ha dejado a su paso historias de dolor y carreras truncadas. En 1957, El Espectro sufrió un coágulo cerebral tras recibirlo de Joe Grant, lo que precipitó su retiro. Décadas después, en la memoria reciente de la lucha libre mexicana, resuena el caso de Jorge Brenan. En 1998, durante una función en el Toreo de Cuatro Caminos, Abismo Negro —quien tenía al Martinete como su llave favorita— aprovechó un descuido para aplicárselo a Brenan, quien cayó convulsionando y fue trasladado en estado crítico al hospital. El público quedó consternado, y su hermano Antonio, testigo del drama, rompió en llanto en pleno cuadrilátero. Aunque Jorge Brenan fue dado de alta días después, el accidente marcó el principio del fin de su carrera en el medio artístico.

Otros nombres emblemáticos también han sufrido las consecuencias de esta llave: Blue Panther, quien abandonó la Arena México en camilla tras recibir un Martinete de Love Machine; o Pagano, quien en 2023 padeció una compresión de columna vertebral tras el mismo castigo.

¿Por qué sigue existiendo el Martinete?

A pesar de su peligrosidad y de que en muchos circuitos está prohibido, el Martinete persiste en el repertorio de algunos luchadores rudos, quienes lo ven como un símbolo de poder y desafío. Sin embargo, la comunidad luchística y los aficionados suelen rechazarlo, conscientes de que el espectáculo nunca debe estar por encima de la vida y la integridad de los protagonistas.

La tragedia de El Búho reabre una herida y una pregunta incómoda: ¿vale la pena arriesgarlo todo por una ovación? Para muchos, la respuesta está clara. El Martinete, con su aura de leyenda y peligro, es un recordatorio de que la lucha libre es más que un espectáculo: es un arte donde el respeto por la vida debe ser la regla inquebrantable.


 
 

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