En el majestuoso London Palladium Theatre, Charlyn Corral vivió una noche que quedará grabada en la historia del fútbol mexicano. La delantera de las Tuzas del Pachuca se convirtió en la primera futbolista mexicana —hombre o mujer— en ser premiada en la gala del Balón de Oro, al recibir el Trofeo Gerd Müller Femenil como la mejor delantera del año. El reconocimiento, otorgado por la revista France Football, celebra una temporada en la que Corral anotó 53 goles: 42 con su club y 11 con la Selección Mexicana.
La emoción se apoderó de la jugadora de 35 años, originaria de Ecatepec, Estado de México, cuando subió al escenario para recibir el galardón. “Me encuentro muy feliz de estar aquí y ser la primer mexicana en recibir un reconocimiento aquí y me llena de orgullo decir que en mi país se están haciendo bien las cosas en el futbol femenil”, expresó en su discurso, en el que también pidió un aplauso para Scarlett Camberos, otra mexicana entre las 30 finalistas al Balón de Oro Femenil.
Un camino abierto a fuerza de goles y perseverancia
La historia de Charlyn Corral es la de una pionera que desafió los límites de su época. Desde niña, inspirada por su padre y su hermano George, encontró en el fútbol una pasión que la llevaría a romper barreras. “Mi pasión por el fútbol comenzó gracias a mi hermano y a mi papá... nos poníamos a jugar en todas las canchitas que había cerca de donde vivíamos y ahí me empezó a gustar mucho”, recordó en una entrevista con la CONADE.
El camino no fue sencillo. A los 13 años debutó con la Selección Mexicana y un año después jugó su primer Mundial, en un contexto donde las oportunidades para las niñas eran escasas y el futuro profesional incierto. “Para un hombre era un poquito más fácil... en el caso de una mujer pues no había hacia dónde ir”, compartió sobre sus primeros años.
Su talento la llevó a buscar oportunidades fuera de México: primero en el fútbol universitario de Estados Unidos, luego en Finlandia con el Merilappi United, donde comenzó a recibir un salario como profesional. En 2015 llegó al Levante de España, donde anotó 88 goles en 124 partidos y ganó el Trofeo Pichichi como máxima goleadora de la liga en la temporada 2017-2018. Más tarde, defendió los colores del Atlético de Madrid y conquistó la Supercopa de España, aunque una lesión de ligamento cruzado en 2020 la obligó a una pausa forzada.
El regreso a casa y la consagración
En 2021, Corral regresó a México para unirse al Pachuca, donde rápidamente se consolidó como referente y pieza clave del equipo. En el Clausura 2025, las Tuzas lograron su primer título de liga, y la delantera celebró uno de los momentos más significativos de su carrera, que ya suma cinco trofeos, dos de ellos con el club hidalguense.
Durante la ceremonia, Charlyn no dejó de agradecer a quienes la han acompañado en el trayecto: “Cuando haces las cosas con mucha fe, pero sobre todo con el corazón, todo vale la pena... Quiero agradecer a mi equipo, el Club Pachuca, por ayudarme a conseguir este premio junto a mis compañeros que son mi base. Quiero agradecer a mis padres, a mi hermano y agradecerles por siempre abrirme las puertas”.
En su mensaje, la goleadora también dedicó el galardón a sus compañeras: “Este premio es de todas ustedes”, subrayó, reconociendo el esfuerzo colectivo que impulsa al fútbol femenil mexicano hacia nuevos horizontes.
Una noche de hitos y nuevos referentes
La edición 70 del Balón de Oro, celebrada por primera vez fuera de París, también coronó a Harry Kane como el mejor futbolista masculino y a Alexia Putellas, mediocampista del London City Lionesses, con su tercer Balón de Oro femenino. Sin embargo, la presencia de Charlyn Corral en el estrado marcó un antes y un después para el deporte nacional, abriendo camino para que nuevas generaciones de futbolistas mexicanas sueñen en grande.
“Después de muchos goles, aproximadamente 20 años de carrera, creo que hoy me doy cuenta que el trabajo, la disciplina, el esfuerzo han valido la pena”, confesó Corral, quien ha hecho de la perseverancia y el amor por el fútbol su sello distintivo. Su hazaña no sólo representa un logro personal, sino un símbolo de esperanza y posibilidad para el fútbol femenil en México.

















































