En la Vía José López Portillo, el sonido de frenadas bruscas y la tensión de los pasajeros se han vuelto parte del paisaje cotidiano. A pesar de las cámaras y las multas, el carril exclusivo del Mexibús en la Línea 2 sigue siendo invadido por automovilistas, motociclistas y unidades de transporte público, desafiando la seguridad y la autoridad en uno de los corredores más transitados del Estado de México.
La dimensión del problema es tan grande como los números que lo respaldan. Entre enero y septiembre de este año, la Secretaría de Seguridad del Estado de México (SSEM) registró más de 2 millones 121 mil infracciones por invasión al carril confinado del Mexibús. Sin embargo, solo el 4.7% de esas multas —alrededor de 100 mil— han sido pagadas. El resto permanece como una deuda que, más allá de lo económico, refleja la dificultad de imponer el orden en una vía donde la urgencia y la imprudencia parecen ganar la partida.
Una rutina peligrosa: choques y frenazos en la Línea 2
El trayecto que va de La Quebrada, en Cuautitlán Izcalli, hasta Las Américas, en Ecatepec, es testigo diario de una convivencia tensa entre el transporte público y quienes deciden, por prisa o por costumbre, invadir el carril exclusivo. "Hay choques muchas veces porque son imprudentes y se meten al carril por donde no deben de pasar... hay tráfico sobre la López Portillo y supongo que eso hace que se metan. La imprudencia con la que manejan los de las combis también hace que los choferes del Mexibús se frenen de golpe y hasta te sacudes", relata Julio César Ávila, usuario frecuente del sistema.
La percepción de riesgo no es exclusiva de los pasajeros. Giovani Camacho, automovilista, confiesa: "Me da miedo meterme al carril porque dicen que la multa está muy cara, sí tengo conocidos que los han multado porque se les hace fácil meterse un poco para brincarse el tráfico, pero no ven la cámara. Yo creo que si pusieran en cada estación las cámaras, podrían bajarle a la invasión".
Multas impagas y el efecto dominó en la verificación vehicular
Las cámaras de fotomultas, instaladas en 38 estaciones a lo largo de la Línea 2, capturan cada invasión. Pero el bajo porcentaje de pago revela una brecha entre la sanción y su cumplimiento. A través del sitio web de la SSEM, los automovilistas pueden consultar si su vehículo tiene infracciones pendientes. El caso de un conductor de un Chevrolet con placas del Estado de México se viralizó en redes sociales: acumuló 105 infracciones por invadir el carril confinado, con un monto total cercano a los 98 mil 500 pesos.
El impacto va más allá del bolsillo. Según el Reglamento de Tránsito estatal, quienes tengan multas pendientes por invasión al carril del Mexibús no pueden realizar la verificación vehicular. Sin el holograma correspondiente, el vehículo queda imposibilitado para circular, sumando una capa más de complicación para los infractores y para la movilidad en general.
Motociclistas y transporte público: los principales invasores
Durante los recorridos realizados por la Línea 2, se observa que motociclistas y unidades de transporte público son quienes más frecuentemente invaden el carril exclusivo, muchas veces a exceso de velocidad. Cuando detectan la presencia de patrullas, buscan reincorporarse rápidamente a los carriles generales, en una dinámica que se repite día tras día.
El fenómeno pone en jaque la seguridad de los usuarios del Mexibús y de los propios conductores. Los frenazos repentinos, los choques y la incertidumbre se han vuelto parte del trayecto, mientras la autoridad busca alternativas para frenar la invasión. La idea de colocar cámaras en cada estación es vista por algunos como una posible solución, pero la realidad muestra que el reto es tan cultural como logístico.
Un desafío para la movilidad y la convivencia urbana
La historia detrás del carril exclusivo del Mexibús es la de una batalla constante entre la necesidad de orden y la presión diaria del tráfico. Las cifras de infracciones y el bajo nivel de pago evidencian la urgencia de encontrar mecanismos más efectivos para garantizar el respeto a las normas y la seguridad de quienes utilizan el transporte público.
Mientras tanto, la Línea 2 del Mexibús sigue siendo un escenario donde la convivencia y la ley se ponen a prueba cada día, recordando que la movilidad urbana es, en última instancia, un reflejo de la responsabilidad colectiva.




















































