Las imágenes de decenas de jóvenes persiguiendo y agrediendo en manada a mujeres trans en los Bosques de Palermo sacudieron a todo el país, pero también tocaron una fibra íntima y dolorosa en quienes llevan décadas poniéndole el cuerpo a la hostilidad callejera. En medio de la conmoción nacional por el ataque ocurrido durante el fin de semana, Lizy Tagliani decidió correrse por un momento de su habitual sonrisa televisiva para escribir uno de los textos más crudos, valientes y conmovedores de su vida.

Acompañada por una imagen artística en tonos azules donde se lee la consigna "Si me querés, quereme trans", la conductora y actriz abrió su cuenta de Instagram para trazar un puente directo entre la violencia registrada esta semana en la Ciudad de Buenos Aires y su propia adolescencia en el sur del conurbano bonaerense. "Vivir es un derecho; cada uno vive como puede, quiere o lo dejan", arrancó sentenciando.
Sin eufemismos, Lizy viajó cuarenta años hacia atrás para describir cómo el miedo en la vía pública formó parte de su rutina desde muy chica: "Allá por el 86 sabía escapar de las piedras y los golpes, aprendí a anular los gritos e insultos... Sabía en qué galería de Adrogué meterme para que no me encontraran las patotas. Supe cómo contestar y cómo escabullirme del peligro constante que generaba ser yo".

Las heridas de la infancia, el peso de la culpa y el grito por el derecho a vivir
Lejos de quedarse solo en el recuerdo de las persecuciones callejeras, la artista desnudó cómo la violencia social y los abusos le instalaron desde la niñez un sentimiento de culpa por su propia existencia. En una enumeración estremecedora, repasó las marcas más profundas de su biografía: "Ya me había sentido culpable antes porque, según mi abusador, yo a los 5 años lo desperté de su siesta tocándolo. Sí, yo a los 5 años. A los 12 ya me sentía culpable porque avergonzaba a algunos padres de amiguitos por ser 'muy maricón'. A los 15 ya me sentía culpable por no haber nacido mujer y festejar mis 15... A los 18 me sentía culpable por no tener un novio que me lleve de la mano a tomar un helado. A los 24 me sentí culpable de que una mala praxis me pudrió las tetas y casi me lleva a la muerte".
"¿Culpable? ¿Por qué, por vivir? ¿Por sobrevivir, por intentar ser feliz a mi manera?", se preguntó a corazón abierto, antes de contrastar su presente de plenitud familiar y laboral con la angustia que le genera ver que la historia se repite en pleno 2026: "Poco a poco fui logrando encontrar mi lugar; siempre tuve momentos de felicidad que anestesiaban y calmaban las heridas. Ahora soy plena. Pero toda esa culpa se te hace callo. Me sorprende que aún hoy siga cargándose a personas que tratan de respirar como pueden antes de que alguien decida que tu vida no vale nada. No puede ser un juego atrapar vidas y hacer con ellas lo que te dé la gana", cerró junto a las etiquetas #BastaDeViolencia y #BastaDeHacernosCulpables.

Seis heridas, una "cacería" filmada y cómo avanza la investigación por el ataque en Palermo
El profundo descargo de Lizy -que se sumó al repudio público de figuras como Lali Espósito, Tini Stoessel, María Becerra y Emilia Mernes- llega a pocos días de la Marcha del Orgullo (prevista para este sábado 7 de noviembre) y mientras la Justicia porteña avanza en la reconstrucción de lo ocurrido en el Parque Tres de Febrero.
El ataque se desató entre la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre en la zona de las avenidas de los Ombúes y Andrés Bello, cerca de Figueroa Alcorta y el Lago de Regatas. Según los testimonios y las grabaciones que los propios agresores subieron entre risas a Instagram y TikTok bajo frases como "A correr los trabas", un grupo de entre 50 y 60 jóvenes en bicicleta -desprendidos de una rodada nocturna masiva de stunt bike por Halloween cuyos organizadores luego repudiaron el hecho y pidieron disculpas- rodeó a las trabajadoras sexuales trans del lugar y las atacó con palos, piedras, botellas, conos de tránsito y cubiertas.

El saldo de la emboscada dejó al menos seis mujeres trans heridas: una de ellas sufrió lesiones de gravedad con riesgo de perder una oreja, mientras que otras terminaron con cortes profundos en los pies por los vidrios rotos, politraumatismos y un fuerte shock psicológico que les impide volver a trabajar. En medio de la defensa ante la agresión, un adolescente de 14 años oriundo de Berazategui resultó con un corte leve en la cabeza tras recibir un golpe con una cadena de bicicleta y fue asistido en el Hospital Fernández, episodio que activó inicialmente la actuación policial de oficio.
Hoy la causa está en manos de la Unidad de Flagrancia Norte y de la Fiscalía Especializada en Discriminación, a cargo de Andrea Scanga, bajo la calificación de posibles lesiones agravadas por odio a la identidad de género. Mientras este miércoles 4 las víctimas fueron citadas a declarar con el acompañamiento de la Federación Argentina LGBT (cuya presidenta, María Rachid, denunció una "cacería organizada y premeditada") y la Defensoría LGBT porteña, los investigadores analizan las cámaras del Centro de Monitoreo Urbano y los perfiles de redes sociales, donde ya habrían sido identificados varios de los atacantes, en su mayoría menores de edad.






















































