Durante semanas, hubo una escena que se repitió una y otra vez en los pasillos de la zona mixta del Mundial 2026. Entre decenas de periodistas que buscaban una declaración, Lionel Messi y otras figuras de la Scaloneta detenían la marcha para responderle a un joven venezolano que, desde su silla de ruedas, hacía preguntas que se diferenciaban del resto por un detalle fundamental: estaban profundamente preparadas.
Su nombre es Emanuel "Manu" Gutiérrez. Tiene 30 años, nació en Venezuela y cubrió la Copa del Mundo con un medio independiente que creó después de que ninguna puerta se abriera para él. Lo que comenzó como una cobertura periodística terminó convirtiéndose también en una historia de superación que trascendió los resultados de cada partido.
Las redes sociales hicieron el resto. Sus entrevistas se viralizaron por la calidad de sus preguntas, por el respeto que despertó entre los futbolistas y porque detrás de cada aparición había algo que conmovía. Diagnosticado con parálisis cerebral motriz durante su infancia, emigró junto a su familia a Estados Unidos en 2016 a raíz de la crisis humanitaria y eléctrica que atravesaba su tierra natal. Años después, tras no encontrar oportunidades laborales en los medios, decidió crear su propio proyecto periodístico.

En 2024 consiguió acreditarse para cubrir la Copa América y ahora, en el Mundial 2026, terminó consolidándose como una de las grandes revelaciones fuera de la cancha. Sin embargo, cuando GENTE le pregunta cómo cambió su vida después de semejante repercusión, sorprende con una respuesta que habla tanto de su presente como de su manera de entender el éxito.
"Yo considero que sigo siendo la misma persona, con la diferencia de que ahora tengo un poco más de experiencia por haber cubierto una Copa del Mundo y de haber logrado mis sueños", asegura.
Y enseguida agrega: "No creo que cambie mi identidad ni mucho menos. Sigo siendo el mismo. Continuamos prácticamente igual que como empezamos el Mundial, en el sentido de que seguimos siendo un medio independiente. Todavía no tenemos ningún tipo de sponsor ni nada por el estilo, pero obviamente con la satisfacción y la alegría de poder cumplir los sueños que teníamos antes del torneo", expresa orgulloso.

No hay euforia en sus palabras. Tampoco una sensación de haber llegado a la meta definitiva. Más bien aparece la tranquilidad de alguien que sabe todo lo que tuvo que recorrer para llegar hasta ese lugar.
"Mi ilusión era practicar deporte"
La historia de Manu con el deporte comenzó mucho antes de pensar en una carrera periodística. De chico, mientras otros niños pasaban las tardes jugando, él dedicaba horas a consumir partidos, estadísticas y programas deportivos.
"Llegué al periodismo deportivo a través de mi pasión por el fútbol. Desde pequeño siempre priorizaba los partidos. No solamente de fútbol; también me gusta mucho el béisbol y otros deportes. Siempre priorizaba el contenido deportivo antes que cualquier otra cosa", recuerda.
Con el paso del tiempo entendió que había un sueño que, por su condición física, sería imposible cumplir de la manera en que lo había imaginado. Lejos de resignarse, encontró otro camino para mantenerse cerca de aquello que más lo apasionaba.

"Mi ilusión era poder practicar algún tipo de deporte. Sin embargo, por la condición que padezco era imposible. Entonces fui buscando alternativas y conseguí en el periodismo esa vía, esa puerta, esa ventana para acercarme a la meta", cuenta. Aquella decisión terminó definiendo su vida. Pero el recorrido hasta llegar al Mundial estuvo lejos de ser sencillo.
La emigración que casi lo obliga a abandonar su carrera
En 2016, la crisis que atravesaba Venezuela llevó a su familia a emigrar a Estados Unidos. El cambio significó empezar prácticamente desde cero y dejar atrás mucho más que un país. Lejos de encontrar nuevas oportunidades, la realidad fue muy distinta a la que imaginaba. El estado donde se instalaron no tenía el movimiento deportivo ni el mercado periodístico que él necesitaba para desarrollarse profesionalmente.
"Han existido muchos momentos difíciles, personales y profesionales. Si hablamos solamente del periodismo, diría que fue cuando emigramos a Estados Unidos. En ese momento pensé que el sueño de ser periodista no se iba a cumplir porque nos mudamos a un estado que no contaba con las oportunidades que yo estaba buscando. No tenía ningún tipo de deporte profesional y el mercado hispano era prácticamente nulo", recuerda.
Como si eso fuera poco, también debió continuar sus estudios universitarios a distancia, atravesando dificultades que muchas veces escapaban a su voluntad. "Eso hizo que tuviera que estudiar de una manera bastante incómoda. Tuve el apoyo de algunos profesores y profesoras que realmente me dieron una mano muy importante, pero con otros la comunicación era poco fluida. Muchas veces los trabajos no llegaban a tiempo o incluso se perdían por la falta de electricidad en mi país. Estuve a punto de no continuar", relata.

La frustración fue tan grande que llegó a plantearse abandonar definitivamente la carrera. Pero hubo dos pilares que terminaron cambiando el rumbo de la historia. "Lo que me hizo seguir adelante fue el apoyo de mi familia. Cuando les transmití mi deseo de dejar la carrera por el estrés y la frustración de tener que volver a cursar materias que ya había aprobado, ellos insistieron en que tenía que terminar. También con la esperanza puesta en Dios pude finalizar la carrera. Sin duda, ese fue el momento más complicado", dice emocionado.
Graduarse fue apenas el comienzo. Porque, aún con el título en la mano, las oportunidades seguían sin aparecer. Después de golpear muchas puertas sin éxito, Manu tomó una decisión que terminaría cambiando su destino: crear su propio medio independiente y apostar por un proyecto construido desde cero, convencido de que, aunque nadie le ofreciera un espacio, todavía podía construir el suyo.
De trabajar como cajero para cubrir la Copa América a convertirse en una de las revelaciones del Mundial
La decisión de crear su propio medio independiente fue mucho más que un proyecto laboral: fue una necesidad. Después de no encontrar oportunidades para ejercer el periodismo deportivo, Manu decidió dejar de esperar que alguien le abriera una puerta y construir la suya.
Ese camino, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Para cubrir la Copa América 2024, el primer gran torneo de selecciones que pudo seguir como periodista acreditado, tuvo que hacer un sacrificio que pocos conocían. "El apoyo de mi familia significa todo. Sin ellos no existiría este proyecto. De hecho, en 2024 tuve que trabajar de cajero en un cine, en jornadas nocturnas que terminaban pasada la medianoche, para poder ayudar a mi papá y que pudiéramos ir a la Copa América", recuerda.

En esa línea, agrega: "Tuve que dejar ese trabajo porque físicamente era muy agotador para mí. Después intenté buscar un trabajo remoto desde mi casa para cubrir los gastos de este Mundial, pero no encontré ningún tipo de oportunidad en esa área. Entonces, obviamente, mi familia estuvo ahí para apoyarme en todo", cuenta.
Aquella Copa América fue el primer gran paso. Un año después llegaría el desafío más importante de su carrera: cubrir el Mundial 2026. Con una acreditación conseguida gracias a su propio proyecto periodístico y el mismo entusiasmo con el que había comenzado a soñar de chico, Manu recorrió estadios, aeropuertos y zonas mixtas para entrevistar a las máximas figuras del fútbol internacional.
Lo que nadie imaginaba era que terminaría convirtiéndose él mismo en una de las historias más conmovedoras del torneo. Sus entrevistas con Lionel Messi, Jude Bellingham y varios integrantes de la Scaloneta comenzaron a viralizarse en las redes sociales. Los usuarios no solo destacaban la calidad de sus preguntas, sino también la naturalidad con la que los futbolistas se detenían a conversar con él. Pero detrás de cada video viral había una realidad que casi nunca aparecía en cámara.
Los sacrificios invisibles detrás de cada entrevista
Mientras el público veía apenas unos minutos de cada entrevista, Manu y su familia enfrentaban una logística que convertía cada traslado en un desafío físico. "Por supuesto, hay un montón de esfuerzos que la gente no ve en cámara, pero para nosotros casi todo significa un reto. Por ejemplo, volar de un avión a otro significa un reto porque necesitan pasarme a otra silla y de ahí montarme en el avión. Es un proceso bastante incómodo porque tengo que pasar por los pasillos en una silla muy angosta", explica sobre todo el proceso para decir presente en este Mundial.

Y sigue detallando: "Tienen que amarrarme para que no me caiga. Me golpeo los codos, las rodillas y, además, siempre viajamos en clase económica. Tenemos que ir hasta el fondo del avión". A esa dificultad se suman los vuelos con escalas, una decisión que responde exclusivamente a una cuestión económica. "Nunca compramos vuelos directos porque son mucho más caros y no tenemos la posibilidad de hacerlo. Ese también es un esfuerzo".
Las jornadas de trabajo tampoco terminan cuando se apaga la cámara. "Otro esfuerzo, por supuesto, son las largas horas que conlleva una jornada como la que hacemos. Todo ese tiempo tengo que permanecer sentado en la misma posición y llega un momento en que el cuerpo pasa factura. Me empieza a doler la espalda, pero la vocación y la pasión que le ponemos hacen que todo sea mucho más llevadero".
En ese recorrido hay una figura que aparece una y otra vez. Su padre, quien además es su camarógrafo en esta Copa del Mundo. "Mi papá muchas veces tiene que levantarme para pasarme de la camioneta a la silla y de la silla a la camioneta. Como eso, muchas otras cosas más. Pero la pasión que tenemos por esto hace que al final no se sienta tanto".

Cuando habla de su familia, la emoción cambia el tono de la conversación. "El apoyo de mi familia significa todo. Sin ellos no existiría este proyecto". No lo dice como una frase hecha. Lo dice con la certeza de quien sabe que cada entrevista, cada viaje y cada acreditación también llevan el esfuerzo silencioso de quienes lo acompañaron desde el primer día.
"Lo que más me emociona no son las entrevistas"
Aunque conversar con Lionel Messi o con algunas de las máximas figuras del fútbol mundial era un sueño que parecía imposible años atrás, Manu asegura que el momento en el que sintió que todo el esfuerzo había valido la pena no ocurrió frente a una cámara.
Sucedió mucho más lejos de los flashes. "El instante en el que me di cuenta de que todo había valido la pena —o mejor dicho, de que todo vale la pena, porque lo digo en presente— es cuando la gente me detiene en la calle para reconocer nuestro trabajo y decirme que, más allá del contenido deportivo, los inspiró el esfuerzo que hacemos y que se sintieron identificados con nuestra línea editorial", afirma con entusiasmo.

Esos encuentros espontáneos terminaron convirtiéndose en el mayor premio de toda la cobertura y así lo ha retratado en su perfil de Instagram donde ya suma más de 600 mil seguidores. "Con eso es con lo que más me quedo de este Mundial. Eso supera cualquier tipo de esfuerzo. Les agradezco muchísimo a todas las personas que se acercaron para contarme historias de superación personal o situaciones que les gustaría poder atravesar. Saber que nuestra historia los está ayudando es algo muy especial".
A pesar de la enorme repercusión alcanzada durante la Copa del Mundo, Manu insiste en que todavía queda mucho camino por recorrer. Su objetivo sigue siendo el mismo que cuando decidió crear un medio independiente: hacer periodismo.
"No cambiaría absolutamente nada de mi niñez"
Después de todo lo que atravesó, la migración, las dificultades para estudiar, los años sin encontrar oportunidades y el esfuerzo que implicó llegar hasta un Mundial, podría suponerse que Manu volvería atrás para cambiar algo de su historia. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario.
Cuando GENTE le pregunta qué le diría a ese niño que soñaba con acercarse al deporte, responde que, en realidad, no siente la necesidad de hablar con él. "Más que un mensaje al Manu niño, le daría un mensaje al Manu actual, porque no tengo nada que reprocharle al Manu niño. De hecho, muchas veces lo he hablado con mi familia: no cambiaría absolutamente nada de mi niñez".
La explicación llega enseguida. "Fui un niño muy feliz a pesar de todo lo que pude haber pasado. Tengo muy buenos recuerdos y crecí rodeado de amor por todos lados, no solamente de mi familia, sino también de mis amigos. Soy una persona de muchos amigos y no padecí la niñez".

La etapa más difícil apareció algunos años después, según recuerda: "La verdad es que me costó un poco más la adolescencia por las inseguridades. Me encantaba la profesión de periodista desde que empecé la secundaria, sin embargo, las inseguridades con el tema de mi habla y mi dicción me hicieron dudar de si esa era la carrera ideal para mí. Por ahí puede ser que perdí un poco de tiempo".
A esa etapa se sumó el impacto de emigrar a Estados Unidos. "Después de que logré graduarme, el tema de migrar me chocó mucho y pasé unos dos o tres años sin seguir intentándolo". Hoy, después de entrevistar a Lionel Messi, a Scaloni y a otras importantes figuras, de emocionar a millones de personas con su historia y de convertirse en una de las revelaciones periodísticas del Mundial 2026, hay un único mensaje que siente necesario repetir. "Yo le diría a ese Manu que perdió tiempo valioso que siga creyendo en sus convicciones, en su Dios y que todo iba a estar bien... o va a estar bien", cierra con emoción.

