Detrás de las melodías que han acompañado a millones de personas, Jesse & Joy esconden una historia familiar tan compleja como inspiradora. Los hermanos Huerta Uecke, nacidos en la Ciudad de México y con doble nacionalidad mexicana y estadounidense, han compartido recientemente detalles íntimos sobre su origen y la influencia de su padre, Eduardo Huerta, en su vida y carrera musical.
La noticia de su reciente separación en los escenarios sorprendió a sus seguidores, especialmente porque el proyecto musical continuará con Joy al frente y Jesse acompañando en las fechas programadas hasta diciembre. Sin embargo, la esencia de Jesse & Joy, forjada hace más de dos décadas, permanece profundamente ligada a su historia familiar y a las enseñanzas de su padre.
Un hogar marcado por la fe y la música
Jesse (nacido el 21 de enero de 1982) y Joy (20 de junio de 1986) crecieron en un ambiente donde la religión y la música se entrelazaban. Su padre, Eduardo Huerta, fue pastor evangélico y, junto a su esposa Michell Uecke —originaria de Estados Unidos—, inculcó en sus hijos valores de integridad, honestidad y lealtad. Desde pequeños, ambos participaron en actividades de la iglesia Jesucristo Roca Mía, donde Jesse tocaba la batería en el grupo de alabanzas y Joy se iniciaba en la danza y la música con temas religiosos.
La doble nacionalidad de los hermanos, fruto de la herencia estadounidense de su madre, les permitió conectar con públicos de ambos países, enriqueciendo su propuesta musical y su identidad artística.
La figura de Eduardo Huerta: luces y sombras
La vida de Eduardo Huerta estuvo marcada por la vocación de servicio y el deseo de ayudar a los demás, pero también por desafíos personales. En entrevistas y en su documental "Jesse & Joy: Lo que nunca dijimos", los hermanos han compartido que su infancia estuvo rodeada de un ambiente estricto, con episodios de disciplina física y una vigilancia constante por parte de la comunidad religiosa. Joy reconoció que su familia no era perfecta y que su padre luchó con demonios internos, mientras Jesse señaló que, aunque hubo incongruencias en el hogar, comprendieron que su padre repetía patrones heredados de su propia crianza.
La historia familiar se tornó aún más compleja al revelarse que Eduardo Huerta llevaba una doble vida, manteniendo una relación fuera de su matrimonio. Esta revelación, lejos de quebrar a los hermanos, los llevó a reflexionar sobre la importancia de aprender de los errores y construir un legado positivo.
Un adiós inesperado y un legado vigente
Eduardo Huerta falleció en diciembre de 2013, a los 72 años, víctima de un infarto cerebral mientras se encontraba en un centro comercial al sur de la Ciudad de México. Su partida, ocurrida poco antes de las fiestas decembrinas, dejó una huella profunda en la vida de Jesse & Joy. Ambos compartieron emotivos mensajes en redes sociales, recordando a su padre como un hombre con un deseo incansable de ayudar y cambiar el mundo.
“Nunca conocí a un ser humano con tantas ganas de ayudar a la gente y cambiar al mundo”, escribieron entonces. Jesse, años después, reflexionó sobre cómo su padre fue producto de su época y de sus creencias, y cómo las lecciones aprendidas siguen presentes en su vida. “Le hubiera dado gusto saber que su historia, sacando lo positivo de ella, pudiera ayudar a tocar muchos corazones e inspirar a otros a mejorar”, expresó.
Entre el arte y la memoria
Hoy, mientras Joy asume el reto de liderar el proyecto musical y Jesse acompaña los últimos conciertos juntos, los hermanos llevan consigo el peso y la inspiración de su historia familiar. El legado de Eduardo Huerta, con sus luces y sombras, sigue vivo en las letras, melodías y valores que transmiten a sus seguidores. Así, Jesse & Joy demuestran que la música puede ser puente, refugio y testimonio de las historias que nos marcan.

















































