El escenario climático global volvió a encender las alarmas. Nuevas proyecciones internacionales indican que El Niño podría evolucionar hacia un episodio de intensidad excepcional, un panorama que ya sigue de cerca la comunidad científica por los efectos que podría tener sobre el clima en distintas partes del mundo, incluida la Argentina.
Si bien el fenómeno todavía no alcanzó su pico de desarrollo, los modelos meteorológicos más recientes muestran un fortalecimiento más rápido de lo previsto. De confirmarse esta tendencia, la primavera y el verano podrían estar marcados por un incremento de las lluvias, tormentas más frecuentes y un mayor riesgo de crecidas en distintas cuencas del país.
El cambio en el Pacífico que puso en alerta a los especialistas
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) actualizó sus proyecciones y elevó del 63% al 81% la probabilidad de que El Niño alcance la categoría de "muy fuerte" entre octubre y diciembre.
La principal señal proviene del océano Pacífico ecuatorial, donde la temperatura superficial del mar se está incrementando a un ritmo superior al esperado. Ese calentamiento constituye uno de los indicadores más importantes para anticipar la evolución del fenómeno.

En algunos sectores del Pacífico, las anomalías térmicas ya superan los 2,7 °C por encima de los valores normales, registros comparables con los grandes eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16, recordados por provocar importantes alteraciones meteorológicas en diferentes continentes.
Aunque todavía falta seguir la evolución de los próximos meses, los especialistas consideran que la tendencia actual justifica un seguimiento permanente.
Qué efectos podría tener en Argentina
Históricamente, los eventos de El Niño fuerte modifican la circulación atmosférica sobre Sudamérica y aumentan la probabilidad de precipitaciones superiores a lo habitual en amplias regiones de la Cuenca del Plata.
En Argentina, las áreas que suelen registrar los mayores impactos son el Litoral, el este de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y el norte de la provincia de Buenos Aires, además de regiones de Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.

Esto no significa que las lluvias intensas ocurran de manera permanente, pero sí que aumentan las probabilidades de episodios de tormentas fuertes, acumulados importantes de agua en cortos períodos y crecidas de ríos durante la primavera y el verano.
Los meteorólogos recuerdan que cada evento de El Niño tiene características propias y que su impacto depende de la interacción con otros factores atmosféricos. Sin embargo, el marcado calentamiento que registra actualmente el Pacífico vuelve a ubicar al fenómeno en el centro de la escena climática y obliga a seguir de cerca las próximas actualizaciones de los organismos internacionales.
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