“Quiero que estés orgullosa de mí”. Ese fue uno de los mensajes que Romina María de los Ángeles Calvo le envió a Verónica Assad, conocida públicamente como Pitty La Numeróloga, poco antes de ser asesinada por su marido en su casa de Villa Devoto.
La relación entre ambas había comenzado a través de los cursos y talleres de numerología que dictaba Assad. Con el tiempo, el vínculo se transformó en una relación laboral: Romina se convirtió en una de las vendedoras de los locales de la astróloga y, según contó Pitty, era una de sus mejores trabajadoras.
En otra de las conversaciones, Romina compartió con entusiasmo uno de sus logros. “No lo puedo creer. Estoy llorando de la emoción. Recién cerré, desde las 9:30 que vine... Estoy feliz, Pi, lo logré. Me costó, pero al fin pude llegar. Treinta y cinco personas atendí”, le escribió, orgullosa por el éxito que había alcanzado en el local.

En otro mensaje, le escribió: "Solo tengo palabras de agradecimiento y cariño por todo lo que me enseñas y por el cariño y respeto que hay entre nosotras, por eso tomo todo con los pies en la tierra y con mucho respeto. Porque sos muy importante para mí y yo quiero hacer las cosas bien para que estés orgullosa de mí", expresó en esa conversación.
Pitty también contó que Romina tenía nuevos proyectos y que incluso había pensado en abrir un emprendimiento en el barrio. La numeróloga aseguró que había confiado en ella porque se destacaba por su dedicación, además de mantener el negocio “impecable, limpio y ordenado”.
La palabra de Pitty
En diálogo con TN, Assad aseguró que nunca supo lo que ocurría puertas adentro de la casa de Romina. “Jamás me contó su historia”, afirmó, y explicó que, de haber conocido la situación, habría intentado ayudarla.
Según relató, el vínculo que mantenían era principalmente profesional. Romina había intentado comprarle uno de sus locales de venta de velas, pero su situación económica y crediticia se lo impedía. Aun así, Pitty decidió respaldarla y darle una oportunidad laboral.

La noticia del femicidio llegó de manera abrupta. Durante la mañana, Assad recibió un llamado del hijo mayor de Romina. Cuando le preguntó qué había sucedido, escuchó una frase que confirmó la tragedia: “Sí, mi papá mató a mi mamá”.
Las últimas conversaciones entre ambas quedaron así como un registro de los proyectos, la ilusión y el esfuerzo de Romina, en los días previos al crimen que conmocionó a Villa Devoto.
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