Un director argentino viaja a Malvinas para explorar las huellas de la guerra del 82. Lo que parecía un retrato del conflicto se convierte en una historia de inesperada amistad con el “enemigo”.
"Soy bien futbolero y me resultó muy emotivo y apasionante el ganarle a Inglaterra en el Mundial y de la forma que lo hicimos. Hay una épica hermosa en los relatos de nuestra victorias futbolísticas contra los ingleses que son y serán parte de nuestro folclore y nuestra cultura. Pero lo que más me sorprendió es el efecto que tuvo en la vuelta atrás de la Ley de Extranjerización de las Tierras. Me parece que si la cuestión Malvinas sirve para traccionar el ejercicio de pensar la soberanía total del país, son bienvenidas y necesarias ese tipo de expresiones. Aunque, claro, seguramente este comentario no les caiga nada bien a mis amigos de las islas...", presume desde una leve sonrisa.
Se llama Pablo Federico Aparo, nació el 6 de febrero de 1986 en la provincia de Buenos Aires, vivió toda su infancia y adolescencia en oeste del conurbano (Villa Sarmiento, Morón), antes de mudarse a la Ciudad de Buenos Aires, donde reside en la actualidad y desde donde partió antes del inicio de la pandemia de Covid-19- para comenzar a engendrar cierta idea que le palpitaba fuerte en su corazón y acaba de dar a luz: Los Vencedores, un atrapante documental de poco más de hora y media que muestras por primera vez a las Islas Malvinas desde la perspectiva de sus habitantes.
"INTENTÉ LOGRAR UNA PELÍCULA QUE PUDIERA ENTENDER ALGUIEN QUE NO CONOCE NADA SOBRE LA CAUSA MALVINAS"

"La idea de hacer esta película arrancó a mediados de 2018. Nos tomó casi ocho años -desanda el proceso, de manera detallada y hablando en plural-. En 2020 logré hacer un primer viaje de investigación de diez días en enero. Luego tuve que esperar varios años para que se termine el confinamiento y se reabrieran los vuelos comerciales a las islas. Pude volver en 2023. Mi idea era permanecer un mes, aunque terminé quedándome más de dos. Conocí a mi personaje principal al final de ese viaje. Al volver y comenzar a editar, nos dimos cuenta de que el corazón de la película era mi vínculo con él. Entonces hicimos un gran esfuerzo económico y logístico junto con las productoras Mayra Bottero y Giorgina Mesiano para poder volver en 2024, durante otros setenta y pico de días. En total estuve en las Malvinas alrededor de medio año", se sorprende al mismo al redondear la cifra.
-Usted nació en 1986, cuatro años después de la guerra. ¿Por qué Malvinas se convirtió en un tema que necesitaba investigar y filmar? ¿Qué relación personal o generacional tenía con esa historia antes de viajar a las islas?
-Si bien no tengo ningún vínculo personal con las islas ni con la guerra de 1982, de una forma u otra siempre estuvieron presentes en mi infancia y adolescencia. Desde cantar La marcha de Malvinas formados por la mañana en el colegio, a recibir visitas de ex combatientes en las aulas. Pero lo que más me llamaba la atención era lo poco que sabíamos sobre la gente que vive allá. Siempre se nos mostraron a las islas grises, inalcanzables, vacías e inhóspitas. La inquietud primaria de este proyecto nace desde ese lugar de ignorancia total.
-Viajó buscando las huellas de la guerra y terminó encontrando, como menciona, una historia que lo hizo regresar. ¿En qué momento comprendió que la película que había ido a hacer ya no era la misma que estaba haciendo?
-En realidad siento que nunca tuve cien por ciento claro cuál era la película que quería hacer hasta que conocí a su protagonista. Hubo diferentes ideas por dónde avanzar que circularon por mi cabeza, pero ninguna con la fuerza que me dio haber encontrado al ganadero Matthew McMullen (nativo de las Islas Malvinas, descendiente de irlandeses y quien estuvo detenido a los tres meses de edad, con su familia, tras la llegada de las tropas argentinas hace cuarenta y cuadro años). El vínculo que se formó entre nosotros es la película. Eso fue bastante claro una vez que sucedió. De alguna manera vino a terminar de dar claridad a la forma en la que quería contar lo que siempre sentí que era importante. Las premisas iniciales se mantuvieron, pero cambió la vía para encararlas.

-Matthew es uno de los isleños más “anti-argentinos” que conoció. ¿Qué vio en él para decidir acercarse y luego retornar hasta convertirlo en el motor emocional del relato?
-Vi el desafío del encuentro. El vértigo de entender qué podía suceder de ese vínculo, si se llegaba a formar uno. El hecho de que sea muy "anti-argentino", pero que decida de todas formas invitarme a su casa me generaba una gran incógnita. De ninguna manera iba a dejar pasar la oportunidad de conocer hasta dónde llegaría esa experiencia. Podría haber pasado cualquier cosa, pero pasó lo que pasó por nuestras formas de ser. Ninguno se echó para atrás, el humor que compartimos es similar y podemos escucharnos y discutir sin romper una amistad que fue creciendo más allá de la película.

-Y a partir de allí, ¿hubo situaciones, personajes o testimonios que finalmente decidió dejar afuera porque modificaban demasiado el eje que había decidido brindarle al documental?
-Un montón. Muchos testimonios son ricos, complejos, polémicos. En algunos casos decidí cuidar a mis entrevistados, en otros simplemente no tenían que ver con el eje narrativo. Prioricé, también, intentar lograr una película que pudiera entender alguien que no conoce nada sobre la causa Malvinas, porque me parece importante que se la pueda dar a conocer a la mayor cantidad de público, por más diverso que sea. En ese sentido, muchas cosas que quizá eran interesantes o valiosas, pero sólo podríamos entender o sentir nosotros, fueron dejadas de lado. Como te acabo de decir, tengo intención, de una manera u otra, de abrir esa información a todo el público.
DE "MI NECESIDAD DE ENCARAR EL RODAJE EN SOLEDAD" A LAS "ALREDEDOR DE 300 DE FILMACIÓN"

Entretanto, en medio del relato, quien egresó de la carrera Diseño de Imagen y Sonido (Universidad de Buenos Aires), viene trabajando en cine desde 2014 (participó en películas como La gente del río (2012), El espanto (2017) y Una casa lejos (2021) y en la actualidad es director y productor en Bunda Films, describe su forma de rodaje. "Me atraen las formas de los cineastas nórdicos -ilustra-. Esa frialdad que se nota en lo formal me hipnotiza. Ulrich Seidl, Ruben Ostlund. Pero así como me interpelan, siento que les falta la sangre latina que le imprimen otros cineastas de nuestros pagos", los pondera.
-¿Cuántas horas de material filmó hasta arribar a la película que finalmente vemos? ¿Cuánto de todo lo que registró quedó afuera?
-Alrededor de 300 horas. Recuerdo haber hecho un primer armado con selección de lo más importante que duraba más de diez. Era un corte muy interesante, pero cinematográficamente débil. Luego llegó un segundo corte de alrededor de dos horas y media. Y finalmente cerramos en 96 minutos, que es la mejor síntesis de todo el proceso. Me gustaría en un futuro no tan lejano poder dar a conocer de alguna forma todo el material que quedó afuera. Quizás a través un libro. No lo sé todavía.

-El documental no utiliza voz en off ni explicaciones aclaratorias y, sin embargo, el relato avanza con enorme claridad hasta el final. ¿Cómo construyó esa narración para que el espectador pudiera orientarse sin que nadie le dijera qué debía pensar?
-Encontrar esa voz, mi voz, fue lo más complejo y arduo del proceso de guion y edición, que se dieron a la par. Terminamos de escribir y encontrar la película en la isla de edición. En un principio mi idea era ser un narrador omnisciente, que los personajes y la cámara fueran quienes guiaran el relato, pero con el tiempo y la insistencia de la editora Florencia Gómez García me fui involucrando más. Entonces buscamos que la importancia de mi personaje se construya a través de intervenciones y preguntas detrás de cámara. Dar con los momentos más precisos para incorporar mi presencia a través de los cuestionamientos y reacciones fue el trabajo más fino y complejo del filme. Pero finalmente, sin eso, sería un relato mucho más frío y despojado, contrario a lo que terminó sucediendo.

-Además de dirigir y escribir, usted se ocupó de la fotografía y la cámara, compuso la música y participó del montaje. ¿Cuánto de la película estuvo literalmente en sus manos? ¿Qué ventajas y dificultades tuvo asumir tantos roles?
-Cuando pensé el rodaje nunca dudé en que era algo que necesitaba encarar en soledad. Me parecía lo más sensato a la hora de poder llevar con libertad, no solo la filmación, sino el hecho de habitar el lugar. Entiendo que eso me hizo poder adentrarme con mayor profundidad y explorar la experiencia a fondo. Aunque luego renegué de asumir ciertos roles, para lograr terminar de encontrar la película que imaginaba, debí sentarme a editarla hasta dar con ese relato que tenía adentro pero no podía terminar de exteriorizar. En dicho proceso, también me divirtió mucho componer la música. Siempre todo, obviamente, con grandes inseguridades, pero rodeado de excelentes profesionales y amigos ue me ayudaron a terminar de darle forma a mis locuras.
"SIENTO QUE HABLA POR SÍ SOLA, PERO ESTÁ LIBRE DE SER INTERPRETADA DE LA FORMA QUE A CADA UNO LE LLEGUE"

-Depende -contesta cuando le preguntamos la pregunta más inevitable del presente reportaje: "¿Quiénes son "los Vencedores?".
-¿De qué depende, Pablo?
-Desde dónde lo analices... Si es desde quién tiene el control territorial de las islas en este momento, los vencedores claramente son ellos. Por más que no nos guste, es así. Aunque los isleños me decían algo bastante polémico, pero que me dejó pensando. Que una forma de ver lo que sucedió es interpretar que las tres partes de una forma u otra ganaron algo. Los isleños lograron visibilidad, cierta independencia y según ellos, dejaron de ser colonia británica para tener una identidad y control propio. El gobierno central del Reino Unido de ese entonces comandado por la altamente cuestionada Margaret Thatcher, logró sostenerse en el poder un buen tiempo más. Y acá lo controversial, en Argentina se dio fin a la dictadura más cruenta de la historia y se recuperó la democracia.

-A los largo del recorrido del filme escuchamos distintas voces isleñas, y prácticamente ninguna expresa el deseo de que las Malvinas pertenezcan a Argentina. ¿Encontró durante la investigación a algún habitante que defendiera esa posición?
-No. No hay nadie en las islas que defienda esa posición. Al menos no abiertamente o no para conmigo.
-Hay una situación que lo atravesó durante todo el rodaje y puede verse en el producto final: usted no deja de sostener que las Malvinas son argentinas, mientras conocía a personas que residen allí muestran y señalan que sienten profundamente que su identidad isleña y británica. ¿Cómo convivió con esa tensión sin renunciar a ninguna de las dos miradas?
-Lo entiendo como una cuestión que quizá puede resultar irreconciliable, pero que puedo comprender más allá de no compartir. Entendí lo que les pasa a ellos con ese lugar que algunos habitan desde hace más de ocho generaciones. Yo tengo solo dos generaciones en Argentina y lo que siento por mi país es inexplicable. Entonces puedo empatizar con lo que sienten ellos por el lugar que habitan y su cultura. Yo no renuncié a mi ser argentino, ni ellos tampoco a su ser isleño primero y británico después. Eso no quita que hayamos encontrado puntos en común. Algunos a la vista y otros muy sorprendentes. Pero reveladores al fin. Me llevo eso.

-Varias críticas definieron Los Vencedores como una película incómoda, osada y capaz de generar polémica. ¿Le interesaba provocar esa incomodidad? ¿Qué sería, para usted, que alguien entendiera mal la película?
-No creo que haya una forma de entender mal la película. Siento que habla por sí sola, pero está libre a ser interpretada de la forma que a cada uno le llegue. Es un tema muy emotivo y pasional para mucha gente y ya el hecho de darle voz a los isleños puede interpretarse como provocador o aberrante, y puedo comprender de dónde vienen esos sentimientos. Pero si en algunos espectadores logra calar profundo, empatizar con mi experiencia, cuestionar ciertos relatos rígidos y genera preguntas -cualquier pregunta-, me doy por satisfecho. No es provocar por provocar: es intentar generar conversación y debate para quizá llegar a algún punto superador. No sé cuál, pero espero aprender mucho de quienes la vean y me den su opinión.
-Después de los viajes, aquellas largas jornadas en las islas, las horas de filmación, el vínculo con Matthew y todo lo que descubrió allí, ¿qué cambió definitivamente en su propia mirada sobre Malvinas y sobre los argentinos?
-En realidad volví con más preguntas que certezas. Creo que el mayor cambio fue ése. Pero después del proceso también tengo la seguridad de poder decir "no sé" a muchas cuestiones que hoy en día entiendo más complejas de lo que pensaba antes de adentrarme en este proyecto. Cuestionarme qué interpretamos como soberanía, colonización e imperialismo. Cómo esos conceptos son tomados en cuenta de formas distintas al juzgar comportamientos externos e internos de nuestra historia. Volví con ganas de conversar, debatir y en esos diálogos entender también si lo que hice es correcto o equivocado.

-¿Y cómo son entonces esas Islas Malvinas que existen a 464 kilómetros de la Argentina continental y nosotros, desde el mismo, no imaginamos?
-Por empezar, es uno de los lugares más hermosos que conocí en mi vida. Volviendo a cómo las percibimos por lo que vemos y escuchamos en crónicas y películas, donde surge como un lugar gris y duro, para mí fue todo lo contrario. Obviamente el frío y el viento son factores que complican bastante, pero cuando sale el sol, y esto sucede más de lo imaginado, hay unos amaneceres y atardeceres increíbles. Playas con arenas blancas y mar turquesa. Delfines, orcas y lobos marinos a metros de la costa. Y eso que yo conozco muy poco de la totalidad del territorio... Me encantaría volver ya en modo turista a seguir recorriéndola.

-En un tramo de la entrevista habló de "mis amigos de la isla!". ¿Así lo sintió?
-El cine para mí es la posibilidad de conocer lugares y personas que de otra forma ni siquiera imaginaría poder cruzarme en la vida. Lo más que termino rescatando y apreciando de las películas que hice fueron las amistades que me dejaron. Y Los Vencedores no fue la excepción. La dedicatoria que aparece al final te responde por sí sola: "A los viejos amigos y a los nuevos".
Fotos: Cortesía de Bunda Films, Un Búho, dos búhos cine y Criatura Films
Agradecemos a Denise Salvador (Prensa & acciones para la cultura)























































