"Yo hice mi parte": el estremecedor chat del proteccionista "Polaco" Riemersma y su gran sueño inconcluso – GENTE Online
 

"Yo hice mi parte": el estremecedor chat del proteccionista "Polaco" Riemersma y su gran sueño inconcluso

La trágica muerte del hombre que salvó a miles de animales está sacudiendo a todo el país. En medio de la conmoción, se viralizó un chat donde el creador de "El Montecito de los Canichones" detallaba su proyecto definitivo para 2028.
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La repentina muerte de Eduardo "Polaco" Groh Riemersma dejó un vacío inmenso y doloroso en el proteccionismo animal de Santiago del Estero y de toda la Argentina. Su trágico fallecimiento en un accidente de moto el pasado jueves 27 de agosto sacudió a una comunidad entera que hoy llora la partida del fundador de "El Montecito de los Canichones". Sin embargo, en medio de la tristeza, salió a la luz el gran anhelo por el que luchaba incansablemente.

El chat que conmueve

El dolor por la partida del "Polaco" movilizó a miles de personas en las redes sociales. En ese contexto, la usuaria Sofía Bogado compartió en su cuenta de Facebook una captura de pantalla de una conversación de WhatsApp que había mantenido con Riemersma tiempo antes de su fallecimiento.

En esos mensajes, el rescatista dejaba en claro cuál era su gran meta a futuro: "El 2028 el hospital público veterinario".

Pero lo que más conmovió a los usuarios fue la reflexión que hizo inmediatamente después sobre su propio legado: "¿Sabes cuántos perros pasaron por mi vida estos últimos 21 años? 25.000. Yo hice mi parte". Eso sí, lejos de conformarse con ese número arrollador, el "Polaco" reafirmó en ese mismo chat su compromiso con las políticas de salud animal, exigiendo que "se hagan las castraciones masivas" y remarcando nuevamente la urgencia de concretar "el hospital público veterinario".

Junto a la imagen, Bogado expresó su dolor por la pérdida de alguien que "dejó su vida entera de lado por y para los animales", y remarcó que es "horrible pensar que tenía mil planes y proyectos que no se van a poder dar". Además, a modo de homenaje, la joven lanzó un pedido a la comunidad y a las autoridades: actuar como él lo haría y lograr que se construya el "hospital veterinario Eduardo Polaco Riemersma".

De vivir en la "Matrix" a crear un oasis en el monte

La historia del Polaco es de película. A sus 49 años, este licenciado en Marketing nacido en Bandera había vivido una vida de lujos. Según sus propias palabras, llegó a trabajar para el entorno de George Soros y vivía dentro de la "Matrix": viajes en primera clase, autos de alta gama y fiestas electrónicas.

Pero en 2003, todo cambió por culpa de un perro mestizo. El padre de una novia le regaló un cachorro que creían husky, llamado Beethoven, hijo de una perra callejera atropellada. Ese animal fue su salvación. Lo hizo frenar y "apagar la música". Riemersma vendió su empresa, compró un predio y decidió dedicar cada minuto de su existencia a los animales abandonados.

El Polaco sonriendo en compañía de uno sus queridos perros, en uno de los últimos registros que compartió antes del trágico accidente que le costó la vida.

Así nació "El Montecito de los Canichones" (término con el que bautizó a los perros de la calle). En un predio de cinco hectáreas en La Banda, alimentado por energía solar, llegó a albergar entre 600 y 800 perros. Se especializó en los casos más extremos: animales con sarna, quemados, mutilados o abandonados a su suerte. Creó un sector para 300 "patiruedas" (perros con carritos ortopédicos) y un geriátrico para 70 animales ancianos, soportando inviernos de -10 °C y veranos agobiantes de más de 60 °C.

Un final abrupto y un legado que debe continuar

El jueves 27 de agosto de 2026, a las 15:40, la vida del Polaco se apagó trágicamente en la rotonda de Av. Alsina y Ramón Gómez Cornet, en la capital santiagueña. Perdió el control de su moto KTM 990 Adventure, derrapó y sufrió un gravísimo traumatismo de cráneo y hundimiento de tórax. Apenas dos horas antes, había subido un video llevando a sus perros a la peluquería.

Hoy, la gran incógnita es qué pasará con las 600 bocas que hay que alimentar todos los días en El Montecito. El refugio, sostenido por donaciones y unos 15.000 padrinos, era operado logísticamente por él: conseguía el alimento, coordinaba con los veterinarios amigos para atender a los perros politraumatizados y organizaba jornadas titánicas de castración gratuita en los pueblos.

Ese cuello de botella logístico era exactamente el motivo por el cual Riemersma soñaba con el hospital veterinario integral para 2028: quería dejar de depender de traslados y clínicas privadas. Hoy, el mejor homenaje que la sociedad puede hacerle no es solo llorar su partida, sino garantizar que "El Montecito" siga en pie y que ese sueño de salud pública animal no se haya apagado con él en la ruta.



 
 

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