Así son las mansiones de Lisandro Martínez y Muri López Benítez en Manchester y en Gualeguay, Entre Ríos – GENTE Online
 

Así son las mansiones de Lisandro Martínez y Muri López Benítez en Manchester y en Gualeguay, Entre Ríos

Así son las mansiones de Lisandro Martínez y Muri López Benítez en Manchester y en Gualeguay Entre Ríos
De las paredes símil mármol y el estilo boiserie del hogar inglés a los senderos de piedra y el pasto entrerriano donde Aurora aprendió a caminar: dos geografías, dos estéticas, una misma familia.
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Lisandro "Licha" Martínez (28) y Muri López Benítez (27) decoraron sus casas con dos identidades completamente distintas. Entre temporada y temporada, la pareja –que tiene una hija en común, Aurora (1)– reparte su vida entre una residencia de líneas contemporáneas en Manchester, Inglaterra, y una chacra de aire sencillo y familiar en las afueras de Gualeguay, la ciudad entrerriana donde ambos nacieron y se conocieron a los quince años.

A través de las publicaciones que la propia Muri comparte en sus redes, es posible reconstruir, ambiente por ambiente, la lógica decorativa de cada una de las dos casas: dos paletas, dos materialidades, un mismo criterio de calidez.

Manchester: mármol veteado, chimenea suspendida y una alfombra que marca el centro de gravedad

El acceso principal está resuelto con una doble puerta lacada en negro mate, de paneles rectangulares que se repiten en tres alturas –un diseño clásico inglés, pensado para leerse como una sola pieza maciza aunque en realidad se abra en dos hojas–. Los herrajes, en cambio, rompen con la sobriedad del negro: dos manijas esféricas en tono dorado envejecido, tipo bronce cepillado, funcionan casi como joyería sobre la puerta y le dan a la entrada un aire más residencial de campo inglés que de departamento urbano.

Una entrada protagónica con guardián de lujo: Polo.

El marco que envuelve el portón está revestido en ladrillo visto de tono arena, con una textura rústica e irregular que contrasta deliberadamente con la pulcritud del resto de la casa vista en el living. Es un recurso muy propio de la arquitectura residencial inglesa contemporánea: mantener el ladrillo como memoria del oficio constructivo tradicional británico, pero combinarlo con elementos de diseño actual, como el sistema de iluminación empotrada que corona el dintel –una tira lumínica que recorre el marco superior en un canal tallado, generando un efecto de luz indirecta que dibuja la geometría de la entrada sin necesidad de un farol o aplique visible–.

Junto a la puerta, un panel de control de acceso con pantalla digital reemplaza al tradicional portero eléctrico, otro detalle que confirma el nivel de automatización de la vivienda. Y en el umbral, custodiando la entrada sobre el escalón de piedra clara, aparece Polo, el bulldog francés de la familia, sentado con la solemnidad de quien posa para la foto sin que se lo hayan pedido.

El moderno recibidor de los Martínez –y el campeón del mundo con los shortcitos de la selección–. Techos altos, amor por las molduras, pisos de porcelanato veteado y contadas obras de arte que remiten al cuidado del planeta.

El ambiente que más aparece es el living. Sus paredes están revestidas con un símil mármol de vetas suaves en blanco y gris, un recurso que en las imágenes se lee sobre superficies de gran formato, sin juntas visibles, lo que sugiere placas continuas más que baldosas tradicionales. El efecto no busca la frialdad del mármol clásico: la iluminación cálida, distribuida en puntos bajos y no en un único foco cenital, suaviza las vetas y les da una temperatura de color tibia, casi dorada, al caer la tarde.

Abrazados a su amado perro Polo y matcheados en verde inglés.

El protagonismo del ambiente lo tiene la chimenea, de líneas rectas y estructura minimalista, empotrada en un panel de tono oscuro –posiblemente un porcelánico o una laca mate– que corta deliberadamente con el resto de la pared clara. Es un recurso muy propio del diseño de interiores contemporáneo británico: la chimenea no se esconde ni se disimula, se remarca como pieza escultórica, casi como si fuera un cuadro encendido.

A su alrededor, una alfombra de pelo largo sintético, en tonos neutros que van del beige al gris, delimita la zona de estar sin necesidad de un zócalo o un cambio de piso, y suma la textura táctil que las superficies de mármol y laca, por sí solas, no podrían aportar.

Postal navideña en Manchester, sentados sobre una alfombra de pelo largo y a los pies de una chimenea de diseño.

Si el living principal es el ambiente más "mostrado" de la casa, hay un segundo espacio que compite en sofisticación y que funciona casi como un salón de relax dentro de la propia vivienda: una sala de estar íntima, con techo revestido en un cielorraso negro mate perforado por decenas de puntos de luz fibra óptica que simulan un cielo estrellado, un recurso habitual en spas y home cinemas de alta gama que acá se traslada a un espacio de uso cotidiano.

El diseño se organiza en torno a dos nichos abovedados, enfrentados y simétricos, con arcos de medio punto que remiten a una estética morisca o mediterránea. Cada nicho está revestido con placas cerámicas superpuestas en forma de escama y corona con una lámpara colgante de cuentas facetadas, tipo candil oriental, que cuelga del centro del arco y proyecta un juego de sombras sobre el revestimiento.

Dentro de cada hueco, un banco tapizado hace de asiento fijo, vestido con almohadones a rayas verdes y blancas combinados con tonos crudos, mientras que, por delante, un pequeño banquito de madera con almohadón suma un asiento adicional más bajo, pensado para apoyar los pies o para que se siente alguien más chico.

El rincón del cielo estrellado: nichos abovedados, escamas cerámicas y un daybed circular como centro de gravedad.

El centro exacto del ambiente lo ocupa un daybed circular de gran diámetro, tapizado en boucle color arena, con almohadones sueltos en la misma tela que refuerzan esa sensación de nube blanda en medio de un espacio por lo demás muy arquitectónico. Es la pieza que organiza la circulación: todo el resto del mobiliario gira alrededor de ese círculo central.

Los ventanales, de gran tamaño y algunos con marcos en negro mate, funcionan como elementos estructurales tanto como decorativos: dividen visualmente los ambientes sin necesidad de tabiques, dejando que la luz natural circule de un extremo a otro de la casa. Se combinan con puertas de vidrio repartido –paneles pequeños separados por perfiles, en lugar de una única lámina– que también aparecen en marco negro, generando una continuidad estética entre aberturas interiores y exteriores.

Licha y Muri en su mansión de Manchester. Cuenta con un parque que incluye palmeras ornamentales, piscina y vistas a una laguna artificial.

Frente a uno de los grandes ventanales de la casa, la pareja instaló una mesa pequeña de base color rosa pastel, acompañada de sillas al mismo tono. Es, dentro de una casa dominada por blancos, grises y negros, el único guiño de color que aparece de forma sostenida en las fotos, y funciona como contrapunto: ahí es donde Lisandro y Muri se sientan a tomar mate, en el gesto más argentino que sobrevive intacto en medio del diseño inglés.

El ritual innegociable del mate en la pausa que más les gusta como familia.

La chacra de Gualeguay: piedra, césped y una casa que no necesita estilismo

El contraste aparece apenas la familia cruza el océano. En las afueras de Gualeguay, la pareja se aloja en una chacra de estilo sencillo y marcadamente familiar, muy distinta en escala y en materialidad a la vivienda inglesa. No hay marcos negros ni superficies símil mármol: la paleta es la del entorno rural entrerriano, verdes profundos, tierra y madera. Aunque también ladrillos a la vista.

La chimenea a leña y el piso damero en la chacra de Gualeguay son el marco del mismo calor con el que disfrutan un café de especialidad en Manchester.

El jardín es protagonista antes que cualquier interior: flores de cartucho blancas con el espádice amarillo asomando, canteros sin trazado geométrico y un césped extendido que funciona como living al aire libre. Es en ese jardín donde Aurora descubre las flores y las levanta para mostrarlas fuera de cámara, y donde Lisandro fue registrado barriendo el patio junto a su hija con una escoba y una palita, en una escena doméstica que distingue la sencillez con la que vive la familia de Licha.

El enorme jardín es el protagonista de la casa entrerriana.

Puertas afuera de la estética, la diferencia más marcada entre ambas casas no es de metros cuadrados ni de presupuesto, sino de función: mientras que la vivienda de Manchester está pensada para ser mostrada –cada rincón fotografiado tiene una intención decorativa clara–, la chacra de Gualeguay no necesita estilismo. Ahí la protagonista es la luz de tarde, la comida casera y la cercanía con Silvina Cabrera, la madre de Lisandro y referente del fútbol femenino local, que sigue viviendo en la ciudad.

Las postales de los tres en medio del verde.

Dos paletas, una misma lógica de habitar

Puestas una junto a la otra, las dos casas funcionan casi como estudio de caso de estilo de vida contemporáneo de un futbolista de élite: por un lado, el diseño internacional, con materiales nobles, textiles a medida y una puesta en escena cuidada al detalle; por el otro, la arquitectura vernácula y sin pretensiones del campo entrerriano, donde la piedra, la madera cruda y el verde simplifican y garantizan cobijo y durabilidad, a la par que comunican distinto.

La calidez de hogar en los microplanos de Aurora que comparte Muri en su cuenta de Instagram.

Ninguna de las dos parece ganarle a la otra en las prioridades de la pareja. Lisandro y Muri no ocultan el lujo de Manchester ni hay nada que disimular en la sencillez de Gualeguay: muestran ambas con la misma naturalidad, a sabiendas de que una casa no define una identidad sino que la despliega en distintos climas, distintos materiales y distintas escalas de intimidad.

Muri y Aurora en el patio de la chacra en Gualeguay.


 
 

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