Primero fueron los videos. Después, las cuentas que los publicaron y las burlas con las que al menos uno de sus autores respondió al repudio. En los Bosques de Palermo, a la altura de Ombúes y Bello, un grupo de jóvenes que participaba de una bicicleteada nocturna atacó este fin de semana a trabajadoras sexuales travestis y trans. Las golpearon con palos y les arrojaron conos, piedras y vidrios mientras las insultaban.
María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de CABA, confirmó que hay por lo menos seis lesionadas, una de ellas con una oreja gravemente afectada, aunque sin riesgo de vida. Que el ataque haya sido organizado de antemano es una sospecha que sostienen referentes del colectivo y que la Justicia deberá confirmar o descartar. Aunque la investigación está iniciada y la Federación Argentina LGBT+ presentó una denuncia penal, hasta el momento sigue sin haber detenidos.
En medio de la conmoción y el repudio generalizado tras un ataque sin explicación y a días de la 35ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+, dos referentes de la comunidad trans como Mariana Genesio y Valeria Licciardi ofrecen sus miradas en primera persona.
Mariana Genesio: “El ataque a las chicas trans también es responsabilidad de una sociedad que lo permite”
Siento una gran decepción. Estoy decepcionada de nosotros como sociedad. Estoy decepcionada de mí. Como actriz y persona de los medios, siento que debería usar mi voz aún más.
Las personas trans siempre estamos sufriendo el peor de los desprecios y el abandono por parte de quienes nos gobiernan, pero principalmente de nuestros vecinos. Esto que sucedió el sábado es muy grave. No solo por el salvaje ejercicio de la violencia sobre personas ya vapuleadas por la vida; es aún más grave porque lo permitimos.

Lo permitimos al no educar a nuestros jóvenes, al dejar que los conceptos formulados por ocupantes de lugares de autoridad afirmen que estamos equivocadas en nuestra forma de vivir (¡como si fuera una elección! ¿Quién, en su sano juicio, elegiría ser trans en este mundo injusto?). Y lo permitimos también con la falta de protección policial y política.
Ojalá volvamos a recordar que un país mejor se hace con personas incluidas. Con igualdad. Y, sobre todas las cosas, con amor.
Y que les quede claro a todo el mundo: ¡Siempre existimos y vamos a seguir existiendo".
Valeria Licciardi: “El odio no es una emoción: es una consecuencia de prejuicios y estereotipos”
Lo primero que me aparece cuando veo estos hechos son las compañeras del Archivo de la Memoria Trans, que llegaron hasta acá mediante el ejercicio del derecho a ser, como expresión de la máxima convicción de existir, de tener existencia propia y del deseo de vivir.
Creo que es hora de que se reconozca el daño y se actúe en consecuencia. Es hora de decir la verdad y, sobre todo, de comprometerse con la escucha. Ahora más que nunca, nuestro compromiso es integrar y acompañar a estas travestis agredidas hasta que haya justicia: nunca más excluidas, perseguidas y presas por ser travestis y trans.
Tenemos que ser optimistas porque existimos, y existimos como una forma de resistencia. Me parece que la agresión que sufrieron las chicas de los Bosques de Palermo nos llama a reflexionar: ¿cómo avanzamos? ¿Cómo movilizamos estos sentimientos y estas luchas que tenemos en nuestro corazón, en nuestro cuerpo, en nuestra piel?

No deberíamos tener una división entre los reclamos individuales y los reclamos colectivos, porque una de las estrategias que han utilizado los movimientos travestis y trans para transformar las cosas, constitucional o judicialmente, ha sido hacer de esto una lucha colectiva. Hoy necesitamos más que nunca que algo se mueva, aunque estemos acostumbradas a plantarnos frente a la autoridad. Y lo digo como un elogio a la habilidad y la audacia de sortear las dificultades de este mundo, al que le cuesta saber realmente lo que desea.
A lo mejor puedo estar equivocada, pero, como decía Pier Paolo Pasolini: “Sigo pensando que todos estamos en peligro”. Es necesario hablar y, más en estos tiempos, pensar el odio no como una emoción, sino como una consecuencia de prejuicios y estereotipos negativos. El odio es algo más amplio que un estado psicológico: una persona que perpetúa una violencia o una discriminación, por ejemplo, frente a una diversidad sexual, no lo hace necesariamente porque odie a esa persona, sino porque tiene una carga histórica de prejuicios y violencia que la lleva a violentarla, porque la considera inferior no solamente a sí misma, sino a toda la sociedad.
Necesitamos problematizar la categoría de odio con ideas políticas, con ideas del mundo.






















































