Truman Capote y el imperio de sus "cisnes": la fascinante historia de las musas a las que inmortalizó y después traicionó, entre ellas, "la primera influencer del mundo" – Revista GENTE
 

Truman Capote y el imperio de sus "cisnes": la fascinante historia de las musas a las que inmortalizó y después traicionó, entre ellas, "la primera influencer del mundo"

Truman Capote y el imperio de sus cisnes-a 102 años de su nacimiento
Antes de convertirse en el paria de Manhattan, el gran genio de la novela de no ficción coleccionó a las mujeres más ricas, bellas y fotografiadas del mundo. Después las convirtió en personajes de ficción y ninguna se lo perdonó. El cotilleo que lo hizo célebre, el día en que hubiera cumplido 102 años.
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Truman Capote (1924-1984) les puso el nombre de cisnes y ellas lo aceptaron con la misma elegancia con la que aceptaban todo lo demás: los maridos infieles, las joyas heredadas y las miserias que luego barrían debajo de la alfombra. Un cisne, para quien no lo sepa, diría el novelista que hoy cumpliría 102 años, es el animal más fotografiado y menos comprendido del reino: parece flotar sin esfuerzo mientras debajo del agua rema como un condenado. "Así eran ellas. Así, me atrevo a decir, era yo", habría agregado él.

Ser cisne de Truman no era una cuestión de fortuna. El biógrafo Laurence Leamer, autor de Capote’s Women: A True Story of Love, Betrayal, and a Swan Song for an Era, lo resumió así: no alcanzaba con que una mujer fuera elegante, hermosa y rica. Tenía que ser, además, divertida. El escritor, que medía apenas metro y medio y hablaba con una voz aguda que muchos describían como “de niño”, se ganó el acceso a las mesas chicas más exclusivas y los yates de la costa este de Estados Unidos a punta de ingenio, chisme certero y una lealtad que parecía absoluta.

Ellas le contaban todos sus secretos. Él escuchaba, archivaba y, según juraba, jamás iba abrir la boca. Coleccionó sus secretos durante años, pero las traicionó en una sola tarde.

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Bárbara “Babe” Paley: "la primera influencer de la historia"

Entre las musas de Capote estuvo Bárbara “Babe” Paley (1915-1978), a quien GENTE ya retrató en profundidad como la "primera influencer de la historia". Editora de Vogue, ícono de estilo y esposa de William S. Paley, fundador de CBS, ella fue su "cisne" predilecto. "Sólo tenía un defecto: era perfecta", escribió el autor de Sangre fría. Capote se convirtió en el confidente fiel de sus miserias, y esa intimidad le dio el material que después no dudó en explotar.

La traición llegó en 1965, cuando Esquire publicó el artículo La Côte Basque, un anticipo de Plegarias atendidas. Con nombres cambiados, el escritor ventiló allí la infidelidad de Paley con la esposa de un gobernador, y Babe se reconoció de inmediato en el personaje de Cleo Dillon, "la criatura más hermosa del mundo". Nunca volvió a hablarle.

Babe Paley fue editora de Vogue y la socialité más influyente del siglo XX.

La historia de esa traición, que eyectó al escritor del jetset y lo sumió en un espiral autodestructivo, quedó retratada en la segunda entrega de la serie de Ryan Murphy, FEUD: Capote vs. The Swans (Star+), donde Naomi Watts encarna a la célebre editora.

Pero Babe fue apenas la punta del iceberg de un clan que incluyó a una princesa italiana, a una aristócrata mexicana, a la hermana de una primera dama y a una viuda que terminó envenenándose antes de leer lo que Truman había escrito sobre ella.

Marella Agnelli: el cisne original

Para muchos en ese círculo, la verdadera cisne fundacional fue Marella Agnelli, hija de un noble napolitano y una cervecera de Illinois, inmortalizada por el fotógrafo Richard Avedon en 1953 gracias a un cuello larguísimo que parecía esculpido. Truman la llamaba directamente “el cisne europeo número uno”.

Se había casado con Gianni Agnelli, el patriarca del imperio Fiat, un hombre que su propia madre consideraba “demasiado jet set” y peligroso para ella. Recién casada, Marella se encerraba a leer en su casa de Turín hasta que el propio Gianni la empujó a la vida social y la puso bajo el ala de la condesa Volpi, la gran anfitriona de la época.

Marella descubrió que, para Truman, ella era una cisne más entre muchas, y eso –en un círculo construido enteramente sobre la ilusión de ser "la elegida"– resultó imperdonable.

Slim Keith: la chica dorada que se convirtió en villana de ficción

Nancy “Slim” Keith llegó a la alta sociedad por un camino distinto: fue la primera “California Girl” de Hollywood, rubia, atlética y codiciada por Clark Gable y Ernest Hemingway antes de casarse con el director Howard Hawks. Se divorció, se mudó a La Habana a vivir cerca de Hemingway y ahí conoció al productor Leland Hayward, su segundo marido.

Con su tercer esposo, el banquero británico Kenneth Keith, barón Keith de Castleacre, terminó de coronarse como una de las mujeres mejor vestidas del planeta. Fue, durante años, una de las confidentes más cercanas de Truman. Tan cercana que, cuando el escritor decidió ventilar los secretos de sus amigas, la convirtió en “Lady Ina Coolbirth”, el personaje que comparte el almuerzo ficticio en el que se desata todo el escándalo.

Gloria Guinness: la aristócrata que coleccionó apellidos

De origen mexicano, Gloria Guinness llegó a la cima de la sociedad internacional casándose tres veces: primero con Graf von Furstenberg-Herdringen, después con el diplomático egipcio Ahmad-Abu-El-Fotouh Fakhry Bey y finalmente con Thomas Loel Guinness, heredero del imperio cervecero que le dio el apellido con el que pasó a la historia.

Y, claro, estuvo entre los invitados de honor al evento que Truman consideraba la coronación de su propia vida social: el Black and White Ball.

Gloria Guinness y Capote.

Lee Radziwill: la hermana de Jackie Kennedy

Caroline Lee Bouvier, hermana menor de Jackie Kennedy Onassis, se convirtió en la princesa Lee Radziwill tras casarse con el príncipe polaco Stanisław Radziwiłł en 1959. Socialité, decoradora de interiores, actriz y una de las mujeres más fotografiadas de su generación, viajó junto a Truman en la gira estadounidense de los Rolling Stones de 1972, que el escritor cubría para la revista Rolling Stone y que jamás terminó de entregar.

Curiosamente, su ruptura con Capote no llegó por el artículo La Côte Basque 1965: se produjo en 1975, cuando ella se negó a testificar en el juicio por difamación que Gore Vidal le inició a Truman después de que este publicara que el escritor había sido expulsado de la Casa Blanca de los Kennedy, borracho, por abrazar a la primera dama. Capote perdió el juicio y tuvo que disculparse públicamente. Lee, que había sido una de sus fuentes, prefirió no dar la cara.

Lee Radziwill y el novelista.

Pamela Harriman, Gloria Vanderbilt y el resto del crew

Completaban el círculo Pamela Churchill Harriman, casada primero con el hijo de Sir Winston Churchill y convertida años después en embajadora estadounidense en Francia, y Gloria Vanderbilt, la heredera y diseñadora que Capote retrató en su texto final como una mujer frívola obsesionada consigo misma. Ninguna estaba a salvo de su pluma, ni siquiera las que no tenían un secreto oscuro que exponer.

Pamela Churchill Harriman, su segundo esposo, Leland Hayward, y Truman Capote llegan a la ceremonia de casamiento de la hija de Babe Paley en Long Island, junio de 1964.

Ann Woodward: el cisne más trágico

Si hay una historia que resume hasta qué punto Truman estaba dispuesto a llegar, es la de Ann Woodward. Nacida Evangeline Lucille Crowell en Kansas en 1915, se abrió camino como actriz de radio hasta casarse con William Woodward Jr., heredero de la fortuna del Hanover National Bank. En 1955 le disparó dos veces a su marido en la casa familiar de Long Island, convencida –dijo– de que se trataba de un ladrón que había entrado por una serie de robos recientes en el vecindario.

Un jurado de Nassau County la exculpó y determinó que había sido un accidente. La alta sociedad neoyorkina, sin embargo, nunca la perdonó: durante veinte años cargó con el mote de “Mrs. Bang Bang” y con la sospecha de que había matado a su esposo al enterarse de que le pedía el divorcio.

Ann Woodward.

Truman la conoció en Europa, en St. Moritz, y la convirtió en “Ann Hopkins” en su famoso artículo: una “pelirroja asesina con mucho ritmo”, en sus propias palabras, que se salía con la suya después de un “asesinato a sangre fría” gracias al dinero que pagaba su suegra para acallar a la policía. Ann no llegó a leer una sola línea. Días antes de que la edición de Esquire llegara a los kioscos, en octubre de 1975, se quitó la vida con una sobredosis de pastillas en su departamento de Nueva York.

C.Z. Guest: la única que jamás lo abandonó

Nacida Lucy Douglas Cochrane en Boston en 1920, C.Z. Guest se convirtió en socialité tras casarse con Winston Frederick Churchill Guest, primo lejano de Sir Winston Churchill. De todo el clan, fue la excepción: la única cisne que, incluso después de la publicación del texto que hundió a Truman en el ostracismo, siguió siendo su amiga hasta el final.

Ascenso y caída de Capote: de lo más crème de la crème al ocaso

Claro que antes de la traición hubo un momento de gloria absoluta. El 28 de noviembre de 1966, en la cima de su fama tras el éxito de A sangre fría, Truman organizó en el Plaza Hotel de Nueva York lo que la prensa bautizó “la fiesta del siglo”: el Black and White Ball, un baile de máscaras en honor a la editora del Washington Post, Katharine Graham, a quien había elegido como anfitriona de honor para no mostrar favoritismo entre sus propios cisnes.

Quinientos cuarenta invitados –entre ellos Frank Sinatra, Mia Farrow, Lady Bird Johnson, Andy Warhol y buena parte de sus musas, Babe Paley, Gloria Guinness y Lee Radziwill incluidas– desfilaron esa noche por la alfombra roja del Plaza con antifaces que se quitaron recién a la medianoche. Truman contó, con orgullo, que el suyo le había costado 39 centavos en la juguetería F.A.O. Schwarz. Era, todavía, el hombre más popular de Manhattan.

Truman Capote
Truman Capote y Marilyn Monroe, otra de sus confidentes. La retrató en A Beautiful Child, un relato incluido en su libro de 1980 Music for Chameleons (Música para camaleones).

Nueve años después de esa noche perfecta, en noviembre de 1975, Truman publicó en Esquire el primer capítulo de su novela inconclusa Plegarias atendidas. La Côte Basque, 1965 reproducía, apenas disfrazados detrás de nombres falsos, los secretos más íntimos que sus cisnes le habían confiado durante años. De la noche a la mañana, el hombre que había sido invitado a cada cena, cada crucero y cada fiesta top de la costa este pasó a más de una lista negra. Ningún cisne, salvo C.Z. Guest, volvió a recibirlo.

Truman nunca terminó Plegarias atendidas. Pasó sus últimos años entre el alcohol, las drogas y la soledad de haber incendiado, con sus propias manos, el único mundo en el que se había sentido verdaderamente elegante. Murió en 1984 en la casa de su amiga Joanne Carson, en Los Ángeles, lejos de las mujeres que alguna vez lo llamaron su mejor amigo.







 
 

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