Augusto Manuel Pacicco, un hombre de 39 años condenado en una causa por narcomenudeo en Córdoba, protagonizó un caso tan inusual como conmovedor: cuando estaba en condiciones de recuperar la libertad, pidió seguir preso.
Actualmente alojado en la Unidad Penitenciaria N° 5 de Villa María, sorprendió al Tribunal Oral Federal N° 3 de Córdoba con una carta escrita de puño y letra en la que explicó que no se sentía preparado para volver a la sociedad y que necesitaba continuar con su tratamiento psicológico y psiquiátrico.
La frase que más llamó la atención del escrito fue directa: “No me siento apto para reinsertarme”. Con esas palabras, Pacicco pidió que no le otorgaran una posible libertad anticipada o una condena de ejecución condicional, sino que le permitieran cumplir el tiempo restante de su pena dentro del penal.
Su argumento fue que, si salía antes, probablemente no podría cumplir con las exigencias judiciales, como presentarse a firmar de manera periódica ante el Patronato de Liberados.
El caso llegó a juicio por una investigación vinculada con la venta de cocaína en la localidad cordobesa de Embalse. Según la acusación, Pacicco no ocupaba un rol central dentro de la maniobra, sino que actuaba como intermediario entre compradores y vendedores. De acuerdo con la investigación, aportaba datos sobre potenciales consumidores y, a cambio, recibía pequeñas dosis de estupefacientes para su propio consumo.
El fiscal federal Maximiliano Hairabedian pidió para él una pena de dos años de prisión al considerarlo partícipe secundario del comercio de estupefacientes. Por tratarse de una pena baja y porque Pacicco no registraba antecedentes penales, su defensa esperaba que la condena pudiera quedar en suspenso y que el hombre recuperara la libertad. Sin embargo, fue el propio acusado quien cambió por completo el escenario judicial con su pedido.
En su carta, Pacicco explicó que dentro del penal se encuentra realizando un tratamiento que considera indispensable para poder salir adelante. “Quiero cumplir con el debido tratamiento psicológico y psiquiátrico para así poder, al término de la condena, salir sin el tormento de ir y firmar todos los meses”, expresó, según trascendió del escrito presentado ante los jueces. También sostuvo que prefería “salir limpio y bien” y no “deber ni un día” a la Justicia.
La historia personal de Pacicco también fue parte del expediente y ayuda a entender el trasfondo de su decisión. Según declaró durante el juicio, comenzó a consumir cocaína a los 19 años y vinculó el inicio de su adicción con distintas pérdidas familiares. “Desde que perdí a mi mamá, a mi papá y a mi hermano caí en las drogas”, dijo en una de las audiencias. Con el tiempo, esa situación derivó en la pérdida de su trabajo y en una etapa de calle.
Antes de quedar detenido, Pacicco se desempeñaba como técnico en emergencias médicas y llegó a trabajar cuidando adultos mayores y personas con discapacidad, incluso como prestador del PAMI. Sin embargo, el avance de su adicción afectó de manera profunda su vida laboral, personal y social. En ese contexto, terminó involucrado en una causa penal que derivó en su detención en abril de 2025.
La decisión impactó incluso a los propios operadores judiciales. El fiscal Hairabedian describió el caso como excepcional y aseguró que no advirtió presiones ni amenazas dentro del penal que pudieran explicar el pedido del acusado.
Finalmente, el tribunal hizo lugar al planteo y lo condenó a dos años de prisión de cumplimiento efectivo. La resolución generó una paradoja: mientras su abogado defensor adelantó que apelará la decisión para intentar que obtenga la libertad antes del agotamiento de la pena, Pacicco insiste en permanecer detenido hasta completar su tratamiento y cumplir íntegramente con la condena.
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