En una época en la que los autos eléctricos suelen asociarse con eficiencia, silencio y uso urbano, también existe un costado mucho más extremo de esta tecnología: el de los vehículos creados únicamente para ir más rápido. Un ejemplo es el McMurtry Spéirling Pure. No busca resolver la movilidad diaria ni competir con los deportivos convencionales. Es una máquina de pista pensada para demostrar hasta dónde puede llegar un eléctrico cuando la prioridad absoluta es el rendimiento.

La firma británica McMurtry Automotive presentó la versión de producción de este hiperdeportivo, que será fabricado en una serie limitada de apenas 100 unidades. Su precio partirá desde 1,3 millones de dólares y su uso estará restringido a circuitos, ya que no fue concebido como un auto de calle.
El gran diferencial del Spéirling Pure está en su sistema de “fan car”. A diferencia de los autos tradicionales, que necesitan velocidad para generar apoyo aerodinámico mediante alerones y difusores, este modelo utiliza ventiladores que extraen aire de la parte inferior del vehículo. El efecto es similar al de una succión: el auto se pega al asfalto incluso cuando está detenido.
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Gracias a esa tecnología, McMurtry anuncia hasta 2.000 kilos de carga aerodinámica desde 0 km/h. En términos simples, esto le permite tener niveles muy altos de agarre desde el primer metro, algo clave para acelerar, frenar y doblar con una intensidad poco común.

La potencia también está en el terreno de lo extremo. El Spéirling Pure cuenta con dos motores eléctricos ubicados en el eje trasero, que entregan 1.000 HP. Con esa configuración puede acelerar de 0 a 96 km/h en apenas 1,55 segundos y alcanzar una velocidad máxima cercana a los 305 km/h.
A diferencia de otros eléctricos, donde la autonomía se mide pensando en rutas o viajes largos, en este caso el parámetro es la pista. McMurtry habla de entre 40 y 50 kilómetros de uso a ritmo de un prototipo LMP2, una referencia que deja claro el tipo de cliente y de experiencia para la que fue creado.

La batería tiene una capacidad de 100 kWh y puede recargarse del 20% al 95% en un plazo estimado de entre 20 y 60 minutos, según el cargador y las condiciones. El equipamiento incluye control de tracción, ABS de competición, frenos carbono-cerámicos, neumáticos slick Michelin, asiento moldeado a medida y pedales y volante regulables.
Cada unidad será fabricada en la nueva planta de McMurtry en los Cotswolds, Inglaterra. Además, los clientes podrán personalizar terminaciones exteriores, interiores, gráficos y detalles de la butaca, que se adaptará al cuerpo del propietario.

El McMurtry Spéirling Pure no pretende ser un auto práctico ni accesible. Su valor está en otro lado: mostrar que la electrificación también puede servir para crear máquinas radicales, pensadas únicamente para exprimir la física en un circuito.
En ese sentido, este pequeño hiperdeportivo británico funciona casi como un laboratorio rodante. No representa el futuro de todos los autos eléctricos, pero sí una de sus posibilidades más fascinantes: la de convertir la pista en un territorio donde la tecnología, la potencia y la aerodinámica trabajan juntas para llevar la experiencia de manejo a un límite difícil de imaginar.

