La moto imposible que guarda ginebra, un paraguas y un peine – GENTE Online
 

La moto imposible que guarda ginebra, un paraguas y un peine

The Kingsman
El preparador Dirk Oehlerking convirtió una Royal Enfield Shotgun 650 en una excentricidad rodante con elegancia británica.
Autos y Motos
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Cuando el preparador Dirk Oehlerking encara un nuevo proyecto, la frontera entre vehículo y escultura tiende a desdibujarse. Esta vez, el creador de Kingston Custom tomó una Royal Enfield Shotgun 650 y la envolvió en una carrocería artesanal de aluminio para dar forma a The Kingsman, una motocicleta única que rinde tributo al diseño Art Decó y al universo de los streamliners de mediados del siglo XX. Con casi cuatro metros de largo y detalles que parecen sacados de un film británico de espías, esta moto no busca velocidad ni eficiencia: busca asombro.

The Kingsman
La Royal Enfield Shotgun 650 fue transformada en una moto de casi 4 metros por Kingston Custom.

La base mecánica elegida no es casual. La Shotgun 650 es una moto de estilo custom contemporáneo, equipada con el conocido motor bicilíndrico en paralelo de 648 cc que desarrolla 47 CV y un par motor de 52 Nm. Se trata de una mecánica robusta, refrigerada por aire y aceite, que se ha vuelto sinónimo de fiabilidad dentro de la gama moderna de la marca británico-india. En este caso, sin embargo, el motor sirve más como corazón simbólico que como herramienta de prestaciones.

El cambio más radical se da en la carrocería: una envoltura completa en aluminio moldeado a mano, fabricada a partir de moldes de espuma y cartón en escala real. El resultado es una figura alargada y fluida que alcanza los 3,9 metros de longitud, con líneas envolventes inspiradas en los vehículos aerodinámicos que dominaron las pistas de sal en los años ’50. El carenado cubre la moto de punta a punta, dejando a la vista solo el manillar, las estriberas, el faro, el asiento y algunos componentes mínimos como el tapón del depósito y la instrumentación.

El frontal está definido por una nariz aerodinámica donde se integra el faro LED original de la Shotgun 650. La rueda delantera, completamente carenada, se esconde tras paneles que giran solidariamente con la horquilla, lo que permite mantener la dirección sin interferencias. Este detalle técnico no solo refuerza el perfil de diseño, sino que demuestra el nivel de planificación y ejecución artesanal aplicado en todo el proyecto.

The Kingsman
El carenado completo de aluminio fue moldeado a mano por Dirk Oehlerking en su taller alemán.

Detrás del asiento, recubierto en gamuza marrón y de formato mínimo, se encuentra uno de los elementos más llamativos de The Kingsman: un baúl oculto tapizado en madera y gamuza, que alberga un set de objetos pensados para un caballero con estilo. Incluye un espejo, peine, abridor de botellas, vasos, una botella de ginebra, otra de tónica, cubiertos e incluso un paraguas. Es un guiño directo al universo de Kingsman, la saga cinematográfica británica que mezcla espionaje, elegancia y excentricidad. De ahí proviene tanto el nombre de la moto como parte de su filosofía.

La zaga remata con una cola de doble punta que incorpora un piloto trasero tomado de un Cadillac de 1958, elemento que acentúa aún más el espíritu retrofuturista de la máquina. En los laterales, los escapes cortos sin silenciador aparecen apenas por detrás del motor, en una disposición discreta y coherente con el resto de la silueta.

The Kingsman
En la parte trasera, un compartimento esconde un minibar digno de un caballero Kingsman.

La combinación de materiales, acabados y decisiones estéticas posiciona a The Kingsman como una pieza de autor más que como un vehículo funcional. Aunque es completamente operativa y conserva el sistema de propulsión original, su razón de ser no está en el andar, sino en la contemplación. Cada línea, cada textura y cada accesorio fueron pensados para provocar una reacción, para contar una historia.

Esta creación no es un caso aislado dentro del universo de Kingston Custom. Oehlerking ya ha sorprendido con proyectos como la BMW R 18 The Crown o la Spirit of Passion, todas ellas caracterizadas por un lenguaje visual potente, una ejecución artesanal extrema y una interpretación cultural del objeto motocicleta. Sin embargo, The Kingsman marca un paso más allá: introduce elementos narrativos y funcionales ajenos al universo tradicional del motociclismo, y los integra con coherencia y estilo.

The Kingsman
The Kingsman no está hecha para andar, sino para ser contemplada como una obra de arte.

En tiempos en los que la personalización muchas veces se limita a ajustes estéticos superficiales, esta moto reivindica la construcción artesanal como una forma de expresión artística. Al combinar técnicas de diseño de carrocería clásica con referencias culturales contemporáneas, logra generar un producto que no solo asombra por su aspecto, sino que interpela desde lo conceptual.

Es una motocicleta que no está hecha para rodar rápido, sino para detener miradas. Un objeto de conversación, de exploración visual y de admiración. Una pieza única que transforma una Royal Enfield Shotgun 650 en un manifiesto rodante de elegancia excéntrica.



 
 

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