Hay una escuela en Abasto, localidad de La Plata, donde el miedo llegó para quedarse. Desde hace dos semanas, el adolescente de 15 años que fue cómplice del asesinato de Kim Gómez –la nena de siete años arrastrada 15 cuadras y muerta tras el robo del auto de su madre el 25 de febrero de 2024– asiste a clases en la Escuela Secundaria N°41, que comparte edificio con la Primaria N°6. Lo lleva una camioneta desde el Instituto Aráoz Alfaro, el centro de menores donde reside por disposición judicial. Y se queda cuatro horas, compartiendo recreo y aula con chicos que ahora saben quién es y qué hizo.
Los padres se enteraron porque el propio adolescente viralizó un video entre los compañeros del instituto donde otros chicos le pedían que pidiera perdón a los papás de Kim. "Mi hijo me contó que el chico era el que mató a Kim. Estuvo sentado en el mismo banco", dijo Marisa, madre de uno de los alumnos, en declaraciones a LN+. La situación escaló rápido: en una de las últimas jornadas, solo siete niños fueron a la escuela.

"No tiene ningún remordimiento"
El cuadro que describen los padres es de una provocación sostenida. El joven estaría alardeando ante sus compañeros quién es y por qué está preso, "sin mostrar señales de remordimiento". Según testimonios recogidos, el adolescente habría mostrado imágenes relacionadas con el robo a otros estudiantes y relatado detalles del hecho. También circularon versiones sobre conductas intimidantes hacia alumnos más chicos y sobre la presencia de sustancias, aunque esto último no fue confirmado oficialmente.
"Él está chapeando a los compañeros quién es y por qué está preso. No tiene ningún remordimiento de nada", repitió Marisa, que luego le habló directamente a la jueza María José Lezcano, la magistrada que ordenó la reinserción escolar del menor: "Queremos que se lo lleve al colegio donde van sus hijos".
Por qué no puede ser juzgado ni expulsado del sistema
El adolescente, que tenía 14 años cuando participó del robo en el que murió Kim, no pudo ser procesado penalmente por su edad. Su cómplice, Tobías Godoy (18 años al momento de la sentencia), fue condenado a 23 años y cuatro meses de prisión como coautor del delito de homicidio simple agravado. El menor, en cambio, quedó bajo resguardo judicial en el Instituto Aráoz Alfaro porque la Justicia considera que su libertad implica un riesgo para él mismo o para terceros.
El menor asiste a clases bajo un régimen especial, ya que no pudo ser juzgado porque al momento del hecho tenía 14 años. El argumento que sostiene su presencia en las aulas es el derecho a la educación garantizado incluso en contextos de detención, según los lineamientos del sistema de responsabilidad penal juvenil. Las autoridades educativas lo respaldan. Las familias, no.

"Mi hija no quiere volver"
José, otro padre, reveló que el acusado va al colegio todos los días en un patrullero que, tras dejarlo en la puerta, se retira de las inmediaciones. Su hija no va a la escuela hace más de una semana por miedo a lo que puede ocurrir. "Me siento mal. Todos los días lo trae una camioneta, lo baja, entra al colegio. Y listo, nuestros hijos quedan con esta persona. Mi hija no quiere venir al colegio. Está enojada, tiene miedo. A ese colegio vinimos todas las generaciones de mi familia y ahora nos topamos con esto", dijo.
María, otra madre, fue más directa: "No es cualquier chico. Es un chico que mató a una nena. ¿Vamos a esperar que le pase lo mismo a nuestros hijos?".
Ante la escalada, la dirección de la escuela convocó a una reunión informativa de urgencia. “Familias, en vistas de la viralización de un video de un estudiante de la escuela, convocamos a ustedes a una reunión informativa al respecto, junto con el Organismo de Niñez e Inspectores. Quedamos a disposición. Es muy importante que asistan”, comunicaron desde la institución.
Para las familias, la reunión no alcanzó: a través de un comunicado conjunto, un grupo de padres exigió que el menor sea retirado de la institución: "Rechazamos que nuestros hijos compartan el ámbito escolar con el adolescente vinculado al caso Kim Gómez. Esta situación genera un clima de temor y afecta la tranquilidad de toda la comunidad".
La Justicia de Menores y las autoridades educativas evalúan cómo proceder. Mientras tanto, la Escuela N°41 de Abasto sigue abriendo sus puertas cada mañana. Y los chicos siguen eligiendo, uno por uno, si entrar o no.
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