El cine nacional acaba de perder a Luis Brandoni (1940-2026, uno de sus intérpretes más viscerales, pero la cultura popular argentina retendrá, por los siglos de los siglos, el eco de su voz.
El legendario actor de Esperando la carroza (1985) se fue de gira a los 86 años, llevándose consigo la piel de Antonio Musicardi, ese "canalla sobrenatural" que, entre bocados de una empanada de carne, sentenció la hipocresía de una clase media que se desmoronaba frente al espejo. Más que un meme, hoy la frase "tres empanadas" es el epitafio de una forma de ser argentinos que Brandoni supo descifrar como nadie.

El rodaje donde nadie soltó una carcajada
Corría 1985. Alejandro Doria dirigía lo que sería la piedra angular del grotesco criollo. La escena que hoy repetimos de memoria no se filmó en un estudio, sino en el corazón de Villa Lugano, precisamente en un complejo de monoblocks sobre la calle Piedra Buena. Antonio bajaba las escaleras de cemento gris, impecable en su traje y zapatos blancos, contrastando con la miseria de su hermana Emilia.
Lo que pocos saben es que, durante el rodaje, esa línea pasó desapercibida. "Es una frase de la que nadie se rio cuando la filmamos", solía recordar Brandoni. Para el equipo, era una muestra más de la crudeza del guion de Jacobo Langsner. No había intención de chiste. Era, sencillamente, la radiografía de un miserable: un hombre que lamenta la pobreza ajena mientras se termina de comer lo poco que el otro tenía.

El Mazda, el sticker oculto y la "miseria digna"
La escena transcurre dentro de un símbolo de la época: una coupé Mazda RX-7 plateada, un lujo importado de Japón que gritaba "plata dulce". Mientras Antonio levantaba tres dedos con una mano y sostenía la empanada con la otra, le decía a su hermano Sergio (Juan Manuel Tenuta): "Me partieron el alma. Tres empanadas que le sobraron de ayer para dos personas... ¡Dios mío, qué poco se puede hacer por la gente!".

Pero el detalle que Brandoni siempre invitaba a observar –y que la mayoría pasó por alto durante décadas– ocurre al final de la toma. Mientras el auto arranca y Antonio gesticula sobre la "miseria digna", la cámara enfoca el vidrio trasero. Allí, un sticker reza: "Usted tiene derecho a vivir en libertad". Era el mismo panfleto que la dictadura militar repartía en Malvinas en 1982. El personaje de Antonio, un financista de dudosa procedencia, cerraba así un círculo de cinismo político y social que le daba a la película una profundidad aterradora.

La revelación en el cine de Boedo
¿Cuándo se dio cuenta "Beto" de que había creado un monstruo cultural? Fue el primer sábado después del estreno. Brandoni, Doria y la productora Diana Frey salieron a recorrer salas para ver la reacción del público. Llegaron al antiguo Cine Boedo (hoy transformado en un supermercado).
Al entrar, un acomodador reconoció a Brandoni. Sin mediar palabra, el hombre lo miró y le dijo simplemente: "Las empanadas". Brandoni no entendió. "¿Cómo?", preguntó. El acomodador repitió: "¡Las empanadas! La gente se vuelve loca con esa parte". En ese instante, entre las butacas de un cine barrial, nació el mito. Lo que para el actor era un rasgo sociológico de la "canallada" argentina, para el público era un espejo tan real que solo se podía combatir con la risa.

Brandoni no improvisó aquella línea. Estaba escrita palabra por palabra. Pero su mérito fue la cadencia, el tono de una compasión impostada y ese gesto de masticar la "tristeza" ajena con el estómago lleno. Hoy, al despedirlo, el cine nacional se queda un poco más huérfano de esa verdad incómoda. Se fue el hombre, pero queda el Mazda RX-7 doblando la esquina de Lugano, y esa voz que nos recordará, siempre, que la miseria nunca es digna, aunque nos la quieran vender envuelta en masa de empanada.
Seis décadas sobre las tablas y frente a las cámaras
Brandoni debutó en teatro en 1962 y en televisión en 1963. A partir de ahí construyó una de las trayectorias más sólidas y coherentes de la cultura argentina: participó en 60 películas y títulos como La Patagonia rebelde, La tregua –la primera película argentina nominada al Oscar–, Esperando la carroza, La Odisea de los giles y El cuento de la comadreja.
En televisión tuvo 25 participaciones, en ciclos populares como Mi cuñado junto a Ricardo Darín, Durmiendo con mi jefe con Guillermo Francella, Un gallo para Esculapio y El Encargado. Y en la recta final de su carrera, la consagración global: actuar junto a Robert De Niro en Nada (2023), la serie de Mariano Cohn y Gastón Duprat.

Pero el teatro fue siempre su territorio. Sobre los distintos formatos, Brandoni era claro: "Lo que más me gusta es el teatro, porque uno puede ver realmente qué pasa con su trabajo. La televisión da popularidad y el cine, la perpetuidad".
Su recorrido incluyó títulos emblemáticos como Made in Lanús, Parque Lezama, El acompañamiento, Art, Un enemigo del pueblo y Gris de ausencia. Hasta hace semanas protagonizaba ¿Quién es quién? junto a Soledad Silveyra, con funciones agotadas y ovaciones de pie. Quedará para siempre en el recuerdo de los argentinos.
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