Detrás de las luces, las cámaras y el apellido de uno de los galanes más icónicos de la televisión argentina, existe una historia de autogestión y esfuerzo que pocos conocen. Jazmín Laport, hoy consolidada como una artista con voz propia, no siempre tuvo el camino pavimentado. A diferencia de lo que la fantasía popular podría sugerir sobre los hijos de las grandes figuras, su lanzamiento como solista en 2020 estuvo marcado por un sacrificio personal y económico muy concreto: la pastelería boutique.
La joven, en una charla íntima con GENTE, recuerda con precisión cómo fueron esos primeros pasos donde la música y el trabajo manual se entrelazaron para dar vida a su sueño. "Empecé como a construir toda esta todo este camino musical en el en el 2020, lanzando como mis primeros singles, yendo por distintos lugares, distintos géneros".

Sin embargo, la financiación de ese arte no vino de un cheque en blanco, sino de sus propias manos: "En su momento, qué sé yo, para hacer mi primer videoclip, yo tenía en paralelo mi marca de pastelería boutique, tanto ojitos y yo tenía calculado cuántos pandulces tenía que vender en Navidad y en Año Nuevo para pagar mi primer videoclip". Y de esta forma derriba el mito del privilegio absoluto, mostrando a una mujer que dividía sus ingresos "en sobrecitos" para que el sueño de la música pudiera suceder.
Este espíritu de trabajo y realismo es lo que Jazmín define como su verdadera esencia, alejada de la comodidad. "Encontré en la música el amor de mi vida, pero a niveles absurdos. Encontré en la música el lugar donde mi actriz también podía vivir... me pone en un lugar de mucha fragilidad y exposición. Vivo un presente honrado y de total gratitud", afirma.
El peso de la "hija de" y el refugio en la terapia

Llegar a este estado de plenitud y orgullo no fue un proceso lineal ni sencillo. Ser la hija de Osvaldo Laport significó, durante mucho tiempo, cargar con una mochila que no le pertenecía. Cuando se le pregunta qué es lo peor de su condición de "hija de", responde con humor y sinceridad: "Hoy lo peor nada. Pero porque hubo dólares en terapia".
En su niñez y adolescencia, la situación era distinta. La formación de su personalidad estuvo bajo el escrutinio de las expectativas ajenas porque "cargaba con una bola gigante de expectativas y de cosas que no tenían nada que ver conmigo, pero yo no lo sabía en ese momento... era como de la fantasía del entorno y lo social y había como todo un peso muy tremendo".

Ese peso la llevó a transitar etapas de una "victimización inconsciente" que, según ella misma analiza, a veces resulta cómoda. El "click" llegó cuando decidió que ese rol ya no encajaba con la mujer que quería ser. "Fue una gran decisión haber dicho: 'Che, esto ya no me queda'. Soy una persona muy trabajadora, tengo un talento copado, necesito compartirlo con honestidad".

Hoy, esa relación con su origen ha mutado hacia el orgullo y la integración. Incluso su nombre artístico, Jadehi, es un guiño irónico y valiente a esa etiqueta que antes la sofocaba: "Quise jugar, en lugar de ponerle 'hija de' dije: 'Bueno, vamos a darle vuelta las sílabas'. Creo que hay algo del honrar de dónde venimos que te empuja mucho más fuerte hacia donde quieres ir. Si vos lo estás todo el tiempo como renegando, quejándote, reteniendo... la llegada se hace muy difícil".
El amor como "marquesina" de familia
"Me siento una privilegiada absoluta de ser muy consciente del vínculo que tengo con mis viejos... es cero idealizado. Es desde un recorrido, desde haber construido. Es una relación basada en el compinchismo, el respeto y, fundamentalmente, en la capacidad de decirse todo, incluso cuando hay diferencias. El momento donde tenemos diferencias es espectacular porque existe el respeto... de poder decirnos lo que sentimos por el otro sin que nos quede nada adentro", cuenta a GENTE.

"Valoro también mucho cómo mis padres fueron como muy valientes y corajudos en muchos aspectos para transformar determinadas cosas y no seguir con los viejos mandatos", reonoce. Esta base emocional es la que le permite hoy pararse frente al mundo y decir: "Vengan a mí, vengan todos. Estoy lista".
El mensaje de su música: biodecodificación y honestidad brutal
En la actualidad, Jazmín trabaja codo a codo con su productor musical, Hideus, en un proyecto que busca ir más allá del entretenimiento. Su objetivo es comunicar su recorrido personal a través de herramientas de sanación que ella misma utiliza, como la biodecodificación y las constelaciones familiares. "Quiero comunicar mi recorrido personal, todo lo que fui aprendiendo durante todos estos años a nivel terapia... sin personificarlo, para que todos nos podamos sentir identificados con lo que las canciones cuentan".

"Los humanos me parecen espectaculares, el aparentar que estamos bien todo el tiempo... ponerse como máscaras, construir un personaje para que te quieran, para que te validen, cuando en realidad vos no sos eso", agrega. Y remata: "Lo que estamos buscando es que vos del otro lado cuando la escuches sientas como: 'Uf, menos mal que no me pasa solo a mí'".
Fotos: Diego García
Video y edición: Cande Casares y Ramiro Palais
Agradecemos a Caro D'andrea y todo el equipo de Agencia Raquel Flotta
