A los 74 años, Luisa Albinoni atraviesa un presente laboral intenso y, sobre todo, lleno de entusiasmo. Entre las giras teatrales junto al Tano Ranni, sus apariciones televisivas y los talleres que dicta para adultos mayores, la actriz se muestra convencida de que la edad no debería ser un límite para enamorarse, reinventarse o empezar de nuevo.
“No me puedo quejar, estoy muy contenta porque hace rato que queríamos volver a trabajar con el Tano y por mis compromisos en televisión no se daba. Me interesó muchísimo la propuesta porque era distinta: se trata de una historia de amor con dirección de Ernesto Medela y producción de Damián Sequeira. Estamos muy felices con la gira", afirma a Revista GENTE sobre Negociemos una historia de amor.

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-¿Qué encontraste de diferente en el Tano Ranni después del paso del tiempo?
-Para mí es un maestro y es un honor trabajar con él; siento que me da clases VIP de teatro en el escenario. Y no solo como actor, sino como ser humano, sobre cómo enfrentar el paso de los años. Lo encontré alegre, con expectativas y proyectos a sus 88 años. En las giras nos divertimos muchísimo, él canta en italiano y nos reímos con sus anécdotas.
-¿Te interpela en algo en la vida personal?
-Me interesa hacer esta historia de amor porque habla de todo el paralelismo que hay con la gente de la tercera edad, sobre el hecho de que sí se puede, no autocancelarse y seguir adelante. Tengo 74 años, soy alguien de la tercera edad y creo que deja un mensaje hermoso: hay tiempo para el amor y para seguir haciendo cosas.
-Claro, porque a veces uno quizás baja los brazos o se cierra.
-Exacto. Hace casi cinco años que doy talleres de teatro para adultos mayores y mis premisas son justamente no quedarse sentado ni dejar de hacer. No porque te jubilaste no terminó tu vida. Hay que levantarse, salir adelante y hacer todo aquello que no pudiste hacer en otros momentos debido a la juventud, el matrimonio o el trabajo. Ése es el mensaje de la obra de Alicia Muñoz.
-Sobre Amalia (su personaje), ¿hay algo de lo que al leer el guion hayas tomado y tratado de cambiar o incorporar a tu vida?
-Amalia tiene muchos puntos de contacto conmigo sobre lo que hago y pienso, como ir para adelante, cambiar todo, olvidarse de la edad y hacer cosas nuevas. Lo que pasa es que sus circunstancias y los hechos que la llevaron a ese momento son distintos a los de mi vida, pero el mensaje es el mayor punto de contacto: el amor puede darse a cualquier edad.

-¿Existen oportunidades para el amor en tu caso?
-Me encuentro en una etapa abierta a tener una relación. Anduve un poco autocancelada por el hecho de dedicarme a mi hija, verla crecer y trabajar, pero me encantaría un compañero. Hay que estar siempre abierto al amor, aunque se viva de distintas maneras según la etapa. De grande tenés más prejuicios o miedo a que te lastimen, pero hay que mandarse porque el amor es maravilloso.
-A lo largo de la vida las experiencias lo forjan a uno y cambian la forma en la que se abre frente al otro. ¿Con qué no negociás vos a la hora de vincularte?
-Me costaría mucho convivir. La convivencia es para otra etapa de la vida. Me gustaría tener una relación de "cama afuera", libre e independiente, porque así soy yo. Nunca quise casarme. ¿Sabés por qué? Para no perder mi libertad. No negociaría mi independencia ni mi carrera. No me gusta la rutina y creo que ahí se podría arruinar todo.
La lucha de Luisa Albinoni y cómo fue ser madre a los 60

-Recién hablábamos de que estuviste mucho tiempo concentrada en la maternidad. Hoy que tu hija es adulta, ¿cómo son esas conversaciones de madre e hija?
-Hermosas y graciosas. Tenemos muy buen humor, somos muy concretas y directas. Nos entendemos súper bien. Muchas veces ella es más madura que yo.
-¿Como cuándo, si podés profundizar?
-En algunas cosas todavía no he madurado del todo y la escucho decir frases que me llevan a la reflexión. Son reflexiones en cuanto a lo social o a cómo manejarse. Ella ve mi carrera con otra óptica, con la óptica de una hija.
-¿Te hace reflexionar sobre poner límites?
-Sí, sobre cosas que uno a veces no se da cuenta. No es que me rete: son observaciones constructivas con la visión de alguien joven y práctico que no da tantas vueltas. Ahí me doy cuenta de que a veces soy "vueltera" y complico las cosas porque no maduré lo suficiente.

-Pero también vos le aportás mucho de lo vivido. Hay un buen balance.
-Claro que sí. Aunque hay edades donde se supone que la madre no sabe mucho y los chicos saben más. Estoy en esa etapa de lucha en las que ella me dice "sí, mami, pero...", y bueno, hay que dar tiempo. Es difícil pasarle la experiencia propia a la gente joven; necesita vivir las cosas.
-¿Cuál es ese mensaje con el que siempre insistís a la hora de conversar, algo que no negociás?
-Con ella trato de negociar todo lo que es posible, no tenemos graves problemas. Lo que no negocio es la verdad; siempre le hablo de que ponga los pies sobre la tierra, su corazón en el lugar y la mente fría. No me gusta aconsejar ni insistirle mucho. Le digo que lo piense y saque su conclusión y la dejo libre para que elija, pero por lo general coincidimos en casi todo. Amo a mi hija, es maravillosa.
-Es inobjetable por todo lo que significó su presencia en tu vida.
-Esperarla durante tanto tiempo y ser mamá recién a los 62 años valió la pena. Como digo siempre, al final del túnel estaba la luz, estaba ella; es el premio mayor.

-Hablamos de que fuiste madre a los 60 años de una pequeña que ya tenía sus vivencias. Volviendo al comienzo de la nota, y sobre esto de "autosetearse", hay gente que se jubila y se le viene el mundo abajo...
-Hay una resistencia a vivir esa última etapa porque parece que significa envejecer, pero al contrario, cada año que pasa es mejor por la enseñanza que trae. Hay que envejecer con dignidad y alegría.
-¿A vos no te pasó eso de tenerle miedo al paso del tiempo?
-Para nada, ni de joven ni ahora. Siempre me decían que no dijera mi edad, pero yo estoy contenta con los años que tengo.
-Además por las tardes estás en eltrece cocinando y te convertiste en una referente de la cocina.
-Lo hago con alegría porque es una linda forma de acercarse a la gente con sonrisas y recuerdos. El grupo con el que trabajo, como Jimena Monteverde y Coco, me ha recibido con los brazos abiertos, como una familia.

-¿Cuál es la receta que más le gusta a Verónica?
-Milanesas de carne con puré. El secreto es ponerle amor, el puré sin grumos y la milanesa con ajito y perejil.
-Poder incorporarte en un programa de cocina teniendo otra profesión habla de tu versatilidad y de cómo uno se puede reconvertir, ¿cierto?
-Hay que mantener la mente abierta y no autocensurarse ni autodiscriminarse. Eso te permite estar cerca de la gente y de la realidad. Tuve que aprender a ser panelista en programas como Cortá por Lozano o Desayuno americano, estudiando para estar a la altura de abogados y periodistas y ganarme mi lugar con respeto. Ser panelista es de alto riesgo porque te asomás a un precipicio en el que corrés el riesgo de decir algo que te afecte por tu trayectoria.
-Hoy un recorte de redes puede generar muchos problemas.
-Es muy peligroso. Me siento responsable porque estás comunicando y no podés equivocarte, decir algo grosero o algo que no sea verdad no es fácil...

Fotos: Gentileza Agencia Coral