La indignación entre los vecinos de Comodoro Rivadavia no deja de crecer tras el informe del Poder Judicial de Chubut que se conoció en las últimas horas. Es que la Junta Médica Forense concluyó que Ángel Nicolás López, el nene de 4 años que falleció el pasado 5 de abril, no fue víctima del azar ni de un simple infortunio doméstico.
El documento final resultó letal para los acusados: el pequeño murió como consecuencia de “múltiples traumatismos craneoencefálicos” en conjunto con una infección pulmonar.
El abogado Roberto Castillo, quien representa a la familia paterna en esta búsqueda incansable de justicia, fue el encargado de difundir los detalles que hielan la sangre a través de sus redes sociales.
Tras semanas de pericias exhaustivas y estudios histopatológicos, los médicos forenses determinaron la presencia de “más de veinte infiltraciones hemáticas distribuidas en distintas zonas de la cabeza, hemorragias intracraneales, edema cerebral severo y daño neurológico irreversible”. Cada término técnico del informe describe una escena de terror que Ángel tuvo que soportar antes de que su corazón dejara de latir en el Hospital Regional.

“El día viernes la Junta Médica Forense del Poder Judicial del Chubut concluyó que Ángel Nicolás López, de tan solo 4 años de edad, murió por múltiples traumatismos craneoencefálicos (20 golpes en la cabeza) en concomitancia con una infección pulmonar”, expresó Castillo con una firmeza que no dejó lugar a segundas interpretaciones.
Para la querella, este documento es la pieza maestra que termina de armar el rompecabezas de un crimen que se intentó disfrazar, desde el primer minuto, de tragedia accidental.
El letrado fue tajante al analizar el impacto de esta prueba en la causa penal que mantiene a la madre biológica, Mariela Altamirano, y a su pareja, Maicol González, bajo prisión preventiva.
Según sostuvo Castillo, “quedó acreditado mediante el informe médico-legal lo que parecía evidente para toda la sociedad. No se trató de un accidente”. La frialdad de los datos científicos barrió con cualquier intento de defensa que buscara minimizar lo ocurrido aquel domingo de Pascua: “La evidencia forense demuestra una violencia reiterada ejercida contra una criatura absolutamente indefensa”.

Vale decir que la investigación ya había recolectado testimonios y señales de alerta —como el informe del jardín que hablaba de un nene "exaltado y enojado"—, pero la confirmación de la Junta Médica le puso nombre y apellido al horror.
Castillo también recordó un punto clave que surgió durante el avance de la causa: “uno de los imputados reconoció haberle aplicado 'correctivos' y 'coscorrones'”. Sin embargo, la magnitud de las lesiones detectadas por los forenses pulverizó esa cínica versión de simples castigos.
Para el abogado, “la prueba científica incorporada a la causa demuestra que esos golpes existieron y que formaron parte causal del proceso que terminó con la vida de Ángel”.
Los puntos más importantes de la causa
Ángel ingresó al hospital en paro cardiorrespiratorio y con una palidez que ya anunciaba el final. Mientras su madre intentaba instalar la versión de que el nene se había descompensado mientras dormía plácidamente, la autopsia preliminar ya detectaba hematomas que no encajaban con la "muerte natural".
El caso, que ya provocó la intervención del Equipo Interdisciplinario de Chubut por 60 días tras las gravísimas denuncias de desidia institucional, entra ahora en una etapa de no retorno.
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