Se puede decir que el amor no es solo un sentimiento en la familia Laport; es la "marquesina" y el titular de su filosofía de vida. En una charla profunda y cargada de sensibilidad, Osvaldo Laport y su hija Jazmín abren las puertas de su intimidad para describir un vínculo que han construido lejos de la idealización.
De un lado está él, quien logró transformar la herencia de un padre rudo y estructurado -el recordado "Lagarto"- en una apertura emocional total, y quien a la vez hoy disfruta de la continuidad de su legado en una hija que ha sabido convertir el peso de las expectativas sociales en un motor de orgullo y autenticidad.
Por el otro, ella se presenta hoy como una mujer que ha transitado su propio camino de búsqueda, dejando atrás la victimización para consolidarse como cantautora con una propuesta musical que explora la profundidad humana y la sanación personal.

En una entrevista con GENTE, en uno de los rincones más íntimos del Teatro Opera, donde el actor se luce en Billy Elliot, padre e hija abren su corazón mientras ella admite los prejuicios con los que cargan los hijos de famosos, que muchas veces son marcados injustamente y cuyo talento se pone doblemente bajo la lupa.
-¿Cómo describirían hoy el vínculo que tienen y qué cambió a través del paso del tiempo?
Jazmín: Me siento una privilegiada absoluta de ser muy consciente del vínculo que tengo con mis viejos, pero hablando particularmente de mi papá yo desearía que todos puedan tener ese tipo de relación. Es cero idealizado, es un vínculo desde un recorrido, desde el hecho de haber construido. Hoy, siendo una mujer de 30 años, pudiendo hablar de todo, va más allá de eso: va de la conexión, del compinchismo, del respeto y de las diferencias.
Osvaldo: La palabra amor es la marquesina, el titular de la filosofía de vida en la familia. Yo tuve un viejo de otra generación, con otros mandatos y estructuras, alguien rudo que luego entendí que era un gran sensible. Yo le mandaba regalos desde Buenos Aires a Uruguay y le escribía "te quiero" o "te amo", y mi mamá me contaba que él se iba a llorar a solas porque no podía romper su estructura. Mi viejo terminó sus días sentado en la vereda diciéndole a todo el mundo: "Chao, mi amor", "Te amo". Eso es algo que yo pude tomar y transformar para el vínculo con mi familia.


-¿Qué pasa cuando hay diferencias?
Jazmín: El momento donde tenemos diferencias es espectacular porque existe el respeto de poder decirnos lo que sentimos por el otro sin que nos quede nada adentro. En mi casa siempre fue: "Che, si lo sentís, no te canses de decirlo",.
-¿Qué es lo mejor y lo peor de ser hija de?
-Hoy lo peor es nada, pero porque hubo dólares en terapia. En la niñez o adolescencia fue un poco heavy porque cargaba con una bola gigante de expectativas que no tenían que ver conmigo, sino con la fantasía del entorno y lo social. Después fui entendiendo que hay algo en honrar de dónde venimos que te empuja más fuerte hacia donde querés ir. Hoy me siento recontra orgullosa de ser hija de él. Incluso mis canciones juegan con eso. Tengo una que se llama Jadehi porque quise jugar con las sílabas de "hija de".

-Tu adolescencia estuvo marcada por los años del gran boom de Osvaldo en televisión. ¡Como olvidar la dupla con Solita Silveyra!... ¿Cómo vivías esas escenas tan icónicas en el colegio? ¿Qué te pasaba con tus compañeros?
-Para mí no había mejor plan que volver de la escuela y preguntar qué había pasado en el capítulo de Amor en custodia. Siempre fue lo más normal del mundo, en el colegio ni se hablaba de eso y no tenía privilegios, me llevé todas las materias. De muy chiquita era más brava. Mi vieja cuenta que cuando las señoras se le iban encima a mi papá, yo no entendía qué pasaba, me ponía a llorar y las agarraba a las patadas.
-Osvaldo, hablando justamente de esto de resignificar y transformar vínculos, ¿qué aprendiste vos de tu hija?
-Si bien yo siempre le enseñé la palabra "equilibrio", hoy estoy aprendiendo de ella ese equilibrio. Al ser un trabajador público uno siempre está expuesto. Muchas veces consulto a Jazmín o a Viviana para tomar determinaciones o "quedarme en el molde". Siento que necesito que ellas me acompañen en eso.
-Cuando hubo un ensayo general de Billy Elliot del que fuiste parte, tuviste la oportunidad de darle una devolución a tu papá. ¿Qué frase le dijiste?
Jazmín: "¿Estás loco?"... Vi algo que superó todo lo que yo imaginaba. Me dijo que iba a haber algo y vi algo quince veces superior. Es muy lindo sentirte orgullosa de tus papás, es algo que no tiene techo ni límite.
Osvaldo: Tiene que ver con la filosofía de pasar uno por la vida y no que la vida nos pase por encima. Por eso hablo del privilegio de seguir evolucionando y aprendiendo de las nuevas generaciones. Trato de transgredir, de no quedarme solamente con un texto y decirlo bien.


-¿Qué legado te gustaría dejarle?
-Ya lo tiene, ya lo percibo y lo disfruto. Es una mujer que hace la paz, no hace la guerra.
Jazmín: Hoy me siento con orgullo. Me siento una gran mujer producto de mucho esfuerzo, de meterme en el barro y hurgar. Estoy lista para que todo lo que antes percibí como un peso, hoy sea un "vengan a mí".

-¿Costó ese proceso, ese click?
Jazmín: Sí, por supuesto, un montón.
Osvaldo: Y uno también sufría por verla.
Jazmín: Pero tenía que descubrirlo sola. Fue una decisión corajuda dejar la victimización inconsciente en la que estaba sumergida. Decidí que eso ya no me quedaba. Soy una persona trabajadora, tengo talento y una red de contención increíble. Se trata de trabajar en uno y decir: "Esto es lo que soy y lo que me tocó", ¡y a mucha honra!
El presente consolidado de Jazmín Laport como cantante

-Hablame de tus desafíos profesionales actuales, porque hubo un camino de búsqueda hasta encontrar ese lugar en el que podés brillar...
-Encontré en la música el amor de mi vida a niveles absurdos. Empecé este camino en 2020 lanzando mis primeros singles. En su momento, para pagar mi primer videoclip, vendía panes dulces en mi marca de pastelería boutique: tenía calculado cuántos necesita vender para costearlo. Ahora estoy trabajando con mi productor, Hideus, en muchísima música que se viene cocinando a fuego lento.
-¿Qué querés comunicar con tu música?
-Mi recorrido personal, lo que aprendí en terapia, biodecodificación y constelaciones. Deseo hablar de procesos reales, del lado humano de aparentar que estamos bien o de ponerse máscaras para que te validen. Las canciones tienen una profundidad y honestidad para que el que las escuche se sienta identificado y diga: "Menos mal que no me pasa solo a mí".
Cara a cara: las tiernas palabras entre Osvaldo y Jazmín
-Para cerrar, les pido que cada uno le diga al otro algo que se quiera decir.
Ambos: (Se miran a los ojos).
Osvaldo: Te amo. Estoy orgulloso de vos y sé que tengo continuidad en ti.
Jazmín: Yo te voy a decir lo que te digo siempre: Sos capo, ¿eh? ¡Qué tipo capo!

Entonces cierran la nota con Revista GENTE cantando un tema que los identifica. “Voy por la vereda tropical”... (tarerean el bolero). “Es la única parte que sabemos y la bailamos, y cuando nos quedamos sin letra seguimos bailando sin música”, cierran entre risas.

Fotos: Diego García
Video y edición: Cande Casares y Ramiro Palais
Agradecemos a Caro D'andrea y todo el equipo de Agencia Raquel Flotta



