Luis Majul a los 65 años: sus cambios personales, la relación con sus hijos y por qué "la insatisfacción" es su estado natural – Revista GENTE
 

Luis Majul a los 65 años: sus cambios personales, la relación con sus hijos y por qué "la insatisfacción" es su estado natural

En una entrevista íntima con GENTE, el periodista reflexionó sobre el impulso que lo llevó a apostar al bienestar con su nuevo proyecto "Reset", el aprendizaje de mostrarse más vulnerable y cómo vive el debate de ideas con sus hijos Octavio y Victoria: "En nuestra casa nadie piensa igual y no hay clones".
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A los 65 años, Luis Majul atraviesa una etapa de cambios, preguntas y nuevos desafíos. Con una extensa trayectoria en el periodismo político, donde construyó una identidad marcada por la intensidad y la firmeza de sus opiniones, ahora apuesta a explorar otras inquietudes con Reset, un proyecto de divulgación que propone compartir herramientas y conocimientos para vivir más y mejor. Sin abandonar su mirada sobre la actualidad, el conductor se permite correrse del lugar habitual para hablar de bienestar, vínculos, hábitos y de la importancia de aprender a cambiar.

En una charla con GENTE, se muestra autocrítico y reflexiona sobre las exigencias del trabajo, el liderazgo y aquello que todavía busca mejorar de sí mismo. Reconoce que aprendió a enojarse menos, que le cuesta delegar y que la insatisfacción sigue siendo parte de su naturaleza. También abre una ventana a su intimidad familiar, habla de la libertad con la que crió a sus hijos, Octavio y Victoria, y reivindica las diferencias de pensamiento puertas adentro. Y no oculta su entusiasmo al profundizar sobre esta nueva etapa que le toca encabezar, lejos de toda tensión vinculada a la coyuntura.

"Muchos se preguntan si ahora iba a dejar todo, pero me mentiría a mí mismo. Sí puedo decir que tengo un proyecto de vida que incluye sacar la cara".

-¿Cómo fue ese click y qué busca aportar este nuevo proyecto que se llama Reset?  

-Por un lado hay un click y por el otro lado hay un equívoco, porque es natural que la mayoría de las personas que me conocen y me ven me perciban todo el día con cara dura hablando de cosas tóxicas como la política, porque eso es de alguna manera lo que presento en la radio y en la tele con mis productos y nuestros programas. Pero yo nunca dejé de ser una persona inquieta por cuestiones de la cultura, una sensibilidad mucho menos tóxica que el contenido político, mucho menos dura o etiquetable, pero el click está. ¿Por qué el click? Porque soy una persona grande, me doy cuenta de que cada vez quiero vivir más y vivir mejor, y que para vivir más y mejor, resetearse implica un proyecto como este, que es un proyecto de divulgación, multiplataforma y multipropósito.  

Ideado por el periodista y emprendedor Luis Majul, Reset contará, a partir de noviembre, con podcasts, videopodcasts, streaming en vivo, contenidos digitales, cápsulas radiales y encuentros presenciales. Su primera charla se presentará el martes 3 a las 20 en el Teatro Astros, bajo la denominación Vivir más. Vivir mejor, y conducida por Gabriel Corrado..

-Contanos de qué se trata. 

-Se va a presentar con un evento en el Teatro Astros el 3 de noviembre con anfitriones que se resetearon a sí mismos, se siguen reseteando y siguen siendo elegidos por la audiencia, como Gabriel Corrado y Mariana Arias, y con personas a las que llamamos nuestros "agentes Reset", que son personas que saben cómo resetearse en su disciplina: Conrado Estol, experto en longevidad; Fiorella Vitelli, experta en nutrición holística consciente 360; Claudio Zuchovicki, que habla de la relación con la vida misma más allá de la educación financiera; y Daniel Tangona, el señor energía, un entrenador y preparador físico de muchos años cuya energía es muy contagiosa. Pero Reset es también compartir conocimiento, recomendaciones (no recetas), sugerencias y herramientas para áreas o disciplinas que tienen que ver con la inteligencia artificial, el cuidado del vínculo con las mascotas, la espiritualidad no puramente religiosa, el mundo del trabajo y todas las subáreas que se involucran cuando estamos viviendo el día a día. 

-En un día a día que a veces es tan difícil de sobrellevar para la agente. ¿Qué aporta a lo práctico?  

-En lo práctico, estaba hablando con un médico psiquiatra-terapeuta cognitivo conductual que te propone una mirada distinta sobre cómo nosotros vemos la vida. Por ejemplo, en la mirada de los otros, una persona como vos o como yo va a ser más libre si es menos dependiente de la mirada de los otros. Eso no se enseña de un día para el otro: son pequeños hábitos que te hacen verte a vos mismo y que te hacen aceptar tu propia vulnerabilidad, tus propias fallas, tus propios errores, tus propios fracasos. Eso es muy fácil decirlo, pero hay pequeños hábitos que te llevan a ese lugar y yo creo que son hábitos para vivir más y mejor.  

"Lo que estoy haciendo ahora con Reset es comunicarle a la gente que nuestro equipo y yo estamos detrás de un nuevo proyecto omniplataforma, pero yo no voy a ser la cara: van a ser las decenas y centenares de agentes, divulgadores y anfitriones. Va a haber una mezcla que, entre las cosas sanas que va a tener con respecto al producto y con respecto a mi vida, es que no va a ser 'Majulandia, y va a estar mejor todavía".

-¿Hay más? 

-El vínculo con las mascotas. Nosotros tenemos expertos en filosofía animal o bienestar animal. Y te voy a dar un dato obvio, pero que mucha gente no lo procesa ni lo tiene tan en cuenta: en la Ciudad de Buenos Aires hay tantas mascotas como niños de 0 a 14 años. Es más, hay un poco más de mascotas que niños de 0 a 14 años. Eso implica otro tipo de relaciones. Un debate que a mí me parece interesante. Independientemente del debate, yo no elijo los temas en los que comunicar, divulgar y ayudar desde el punto de vista de la prevención para la vida (no médica, sino prevención para la vida como productor general) por lo que me gustaría, sino por lo que es. La expectativa de vida en la Argentina es de 78 años (75 los varones, 80 las mujeres). Cada año la expectativa de vida en el mundo promedio es de 4 meses más por año, pero cada año esa expectativa se va multiplicando y va creciendo a 6 o 7 meses. Está claro que vamos a vivir vidas más largas y creo que el gran desafío es vivirla bien desde el punto de vista de la salud, desde el punto de vista de la mente, desde las cosas que uno se pregunta, de cuánto uno está dispuesto a cambiar.  

-¿Qué cambiaste vos? Hace un rato hablabas de la mirada ajena, y vos sos una persona pública que constantemente está bajo juicio.  

-Yo te diría que voy cambiando de a poco. No es que le encontré la receta o la fórmula de la felicidad. Cada uno tiene la suya. ¿Qué me fue pasando a mí? Primero fui aceptando que algunas cosas que le pasan a mucha gente que tiene una vida parecida con algunos puntos de contacto como la mía son naturales. Aprendí a enojarme menos.  

-¿Me das un ejemplo? 

-Hace muchos años, con la primera imitación que me hicieron, sentí furia y después entendí que en un país como la Argentina, cuando te imitan, de alguna manera te están identificando y te están poniendo dentro de la mesa familiar. La aceptación pública masiva, yo te diría hasta intergeneracional, si uno lo ve bien es un montón, y si lo toma como la cosa positiva que tiene es mejor todavía. ¿Para qué enojarme con eso? Por otra parte, si me enojo con eso, ¿cuál sería mi ventaja? ¿Qué propósito tengo frente a eso?  

Luis Majul.

-¿Y ahora te enojas menos? 

-Es cierto que cada vez me enojo menos. Sigo defendiendo las ideas que creo que tengo que defender, tampoco me voy a engañar ni me voy a convertir en una especie de budista o maestro zen porque esté convencido de que tengo que cambiar muchas cosas. En cuanto al liderazgo, nuestra productora tiene cada vez más gente, tiene cada vez más disciplinas, más actividades, y yo tengo que aprender a ser mejor líder porque no soy un buen líder todavía.  

-¿Por qué? 

-Pretendo que las cosas sean tal y como exclusivamente yo digo que sean, y eso no está bueno. Tengo que dejar participar, tengo que dejar equivocarse a mi equipo, tengo que equivocarme yo varias veces también, y creo que de ese conjunto de cosas van a salir mejores productos y la vamos a pasar mejor. Algo debemos estar haciendo bien; si vas a la productora o hablás con la gente que labura con nosotros, vas a sentir y ver un clima que incluso tiene poco que ver con mi intensidad y con mi autoexigencia. Alguna cosa debo estar haciendo bien. 

-Hay todo un cambio generacional donde se habla de la “generación de cristal” que se tolera cosas que antes sí se toleraban y se encasilla a algunos profesionales como exigentes. ¿Vos exigente?  

-Sí, yo soy exigente. 

"Estamos eligiendo a la gente que tenemos que elegir, estamos terminando de desarrollar un consejo científico editorial sin que esto sea un protocolo que te agobie, pero que te permita diferenciar a los que trabajan a conciencia y se pueden equivocar de los chantas o los que venden cualquier cosa".

-¿Y te pesa ser así?  

-A veces estoy planteando con mucha intensidad y mucha energía lo que quiero y el nivel de velocidad que necesito, y me tengo que parar a mitad de camino porque me estoy dando cuenta de que no está bueno eso. Me doy cuenta que no me lleva al objetivo que quiero plantear, pero nunca voy a dejar de ser exigente.  

-¿Cómo estás a los 65?  

-Lidiando con mis vidas y con mis problemas. Feliz con muchísimas cosas e insatisfecho con otro montón de cosas, pero la insatisfacción en mí es mi estado natural. ¿Para qué voy a luchar contra mi estado natural si es la insatisfacción? Lo que no debo hacer es que esa insatisfacción me coma y me devore. Estoy insatisfecho. Ayer tuve una reunión con todo el equipo y les dije que tenía miedo y que estaba angustiado por determinadas cosas, y lo sentí bien. Ahora tengo que procesar cómo lo recibieron, porque les estoy transmitiendo que ellos pueden hacer lo que tienen que hacer, que tienen la responsabilidad y que yo me puedo aliviar en otros también, porque si no el peso en la espalda de las decisiones importantes y las microdecisiones no puede estar en una sola persona. Eso no existe. Pero estoy lidiando con mis cosas. Mientras estoy haciendo esto me siento bien, mientras te lo estoy contando me siento muy bien. Ese soy yo, así me siento. 

-¿Por qué insatisfecho?  

-Porque quisiera que las cosas que planteo, sobre todo desde el punto de vista laboral y de los proyectos, estén más rápido.  

-Solo hablamos de trabajo, tu vida está cruzado por el trabajo. Te escucho hablar con un entusiasmo... pero todo gira por ahí. ¿Qué pasa por fuera de eso?  

-Desde hace unos cuantos años tardé en comprenderlo, pero comprendí y procesé que, aunque parecía que yo la tenía ahí como una cosa que no importaba hacia el afuera, la familia siempre fue lo más importante de mi vida: mi mujer, mis dos hijos. Tengo la suerte de tener dos hijos muy curiosos, con mucha identidad. Mi mujer tiene opinión, capacidad de análisis, es una cocinera maravillosa, todo lo que toca lo hace muy lindo y estéticamente es impecable, y además tiene opinión y fuerza. Somos una familia intensa que nos amamos y ahora estamos encontrando cada uno los lugares donde podernos vincular más amorosamente. Estamos aprendiendo todos de eso. Estaba haciendo un tipo de terapia, hice otro tipo de terapia, mi mujer hace terapia, mi hija es médica psiquiatra, mi hijo es músico, doctor en ciencia política, divulgador, y docente universitario. O sea que tenemos una vida muy rica, muy intensa y cada tanto nos detenemos a tratar de vincularnos mejor. 

Luis Majul.

-¿Cómo vivís cuando la parte privada pasa a ser pública, se habla de tu familia, de la vinculación con tu hijo Octavio o de la posición política que él tiene?  

-Te voy a contar algo. Durante muchos años veraneé en Cariló y siempre con Mario Pergolini veraneamos en el mismo balneario. Nos hicimos amigos de la playa y siempre encontré en Mario algo muy parecido a lo que nosotros como familia decidimos hacer con mi mujer. Dijimos: "Nuestros hijos no van a estar en las redes sociales si ellos no lo desean; yo asumo cargar con la cosa pública, pero tengo que preservarlos lo más que pueda de la cosa pública". Cuando los años pasaron, me fui dando cuenta por lo que me llegaba de mis hijos y de mi mujer que ellos lo disfrutaban por un lado y lo sufrían por el otro. Estas cosas se hablaron, se siguen hablando y lo vivimos con mucha madurez y con mucho amor. Pero el tipo que trabaja en televisión no tiene nada que ver cuando cada vez que alguien habla con mi hijo, mi hija o mi mujer me dice: "Pero mi papá es un cago de risa, baila, se divierte, hace chistes, hace cosas que no va a publicitar jamás, y eso está bien". Siempre elegí que mi vida no estuviera expuesta ni al posible beneficio que te pudiera dar la publicidad ni a la carnicería que es hoy plantear tus temas vinculados con la intimidad. Ahora, hay temas que tienen que ver con la intimidad que yo los pongo sobre la mesa.  

-¿Cómo se enriquece el debate con tu hijo teniendo distintas formas de pensar? 

-Es una cosa amorosa, es un debate de ideas. Tenemos momentos cuando vamos a discutir, elegimos los lugares y momentos para discutir. No hay un mediodía donde estemos festejando el Día de la Madre y vamos a decir: "Che, otra vez Milei puteando a los periodistas". No, o si surge, pasará natural, no pasa nada. Es el morbo de la gente.  

-En las redes ponen “el hijo de Majul es kuka” 

-Como kuka está mal clasificado. Kuka no es. Octavio Majul es Octavio Majul. En todo caso, yo soy el padre de Octavio Majul. Cuando hablen de mi hijo, hablen de Octavio Majul, no del hijo de Luis Majul. Cuando hablen de Victoria, hablen de Victoria Majul. Cuando hablen de China Conte Grand, que es mi mujer, hablen de China Conte Grand. Esos no son "hijos de". Te voy a contar una anécdota linda: una vez estábamos en un restaurante y un empresario de medios peronista me dijo: "Así que tu hijo es peronista, vení que lo afilio". Primero me dio un poco de pena porque hablaba de la concepción de vida que tiene él, y después le dije: "Preguntale a tus hijos si se sienten cómodos pensando igual que vos, siendo casi una especie de clon tuyo. Conversalo porque te va a venir bien a vos también". En nuestra casa nadie piensa igual. Tiene matices, discutimos, nos agarramos, nos amamos profundamente y cada vez aprendemos a querernos mejor, porque uno no puede estar repitiendo "te amo" todo el tiempo.  

Hace unos años, junto a Octavio y Victoria, sus hijos.

-Habla de la libertad con la que se criaron tanto Octavio como Victoria.  

-Mis hijos eligieron la universidad por sí mismos, ninguno dijo de meterlo a consideración, fueron para allá y eso estuvo muy bien. Siento que de parte mía fue una crianza con mucha libertad, y de parte de la mamá, los límites supervaliosos que les tenía que poner en tiempo y forma. 

-Como padre, ¿qué te preocupa de con dos hijos jóvenes en esta época?  

-Primero, ellos tienen su propia vida, así que cada vez estoy menos preocupado. Estoy cuando me necesitan. Tienen su propia versión de su vida, cada uno tiene una casa, estudios y herramientas. Si tienen algún problema, siempre estoy. Por supuesto, entiendo y hablamos siempre de que nacieron en un mundo mucho más hostil y con menos herramientas que el que teníamos nosotros. No soy de esos padres que dicen "todo tiempo pasado fue mejor". Ellos están en un mundo más hostil, que explica, entre otras cosas, la baja de la natalidad. La idea de que sean felices y que nosotros podamos compartir esa felicidad es mi única preocupación, pero no estoy tan preocupado. Hace tiempo supe que tanto Octavio como Victoria podían y pueden ser todo lo que ellos deseen, lo pueden hacer y lo pueden hacer bien, así que no estoy preocupado. 

Luis Majul.

-¿Qué sentís que fuiste cambiando? 

-Antes hacía todo lo posible con el cuerpo, con la mente y con lo que fuese para que nadie me viera llorar, y ahora si sucede, sucederá; me pasó varias veces en televisión. Vengo de una generación donde eso implica debilidad, fallas, errores, y aprendí a entender que no es así. Por otra parte, a esta altura de mi vida me importa poco si alguien lo puede leer de una manera o de la otra. 

-¿Cuándo fue la última vez que lloraste?  

-Hace un ratito. Estaba pensando en alguien que quería mucho y que no la está pasando bien. Lloré para mis adentros. No quiero nombrar porque es una conocido, pero es una persona a la que le pasó de todo en la vida que sale, lo enfrenta, lo pelea, y toma riesgos. Yo lo invité al teatro, estaba pensando en él, le escribí algo muy lindo y eso me hizo emocionar. Si la gente no se dio cuenta de que íbamos a tener que ser distintos después de la pandemia por todo lo que nos pasó... el que no se dio cuenta es porque no aprendió o es ingenuo.  

Y para ir cerrando, ¿cómo ves el país?  

-Complicado. Los periodistas, también me incluyo, tenemos una responsabilidad: tendríamos que explicar más. Los medios y las audiencias no están dispuestos a tener explicaciones más complejas y no tan pendulares o vinculadas con la grieta. Lo veo con preocupación. Si me preguntás a mí, no lo oculto: desearía que este rumbo económico continuara. Si pidiera paraíso imposible, me gustaría que la economía con estabilidad y superávit creciera mucho más rápido, hubiera mucho más consumo, el presidente no puteara tanto y defendiera sus ideas de otra manera, y el supuesto progresismo de la Argentina entendiera que un Estado no puede vivir regalándole cosas a la gente porque está produciendo generaciones y generaciones de personas subsidiadas que no tienen las herramientas para enfrentar la vida. 

-Te pido una virtud y un defecto de la gestión de Javier Milei.  

-La virtud es que bajó la pobreza y la inflación muy rápidamente, tiene superávit y no tiene déficit, lo cual es muy importante para la estabilidad. El defecto es que el presidente se enoja demasiado. Yo creo que debería escuchar más. No soy economista, pero intuyo que debería haber herramientas no tan ortodoxas que pudieran hacer que la economía de bolsillo estuviera un poco mejor, pero me detengo ahí porque me cansé de escuchar colegas míos y a mí mismo decir "hay que hacer esto o lo otro".  

Fotos: Diego García
Video: Martina Cretella
Agradecemos a Nacho Mazza


 
 

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