Margarita, la hija de Fito Páez, cuenta cómo es trabajar con su mamá en el teatro y protagonizar una historia de amor junto a su novio: "Ya hicimos varias funciones a sala llena" – Revista GENTE
 

Margarita, la hija de Fito Páez, cuenta cómo es trabajar con su mamá en el teatro y protagonizar una historia de amor junto a su novio: "Ya hicimos varias funciones a sala llena"

La joven es dirigida por su madre, Romina Richi, y atraviesa un particular desafío sobre el escenario. En diálogo con GENTE, revela cómo logró encontrar a su personaje y las emociones que aparecen en cada función.
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Después de meses de ensayos, Margarita Páez finalmente pudo encontrarse con el público como Julieta. Lo hizo dentro de una puesta de dimensiones poco habituales: cerca de 40 artistas entre actores, bailarines y músicos dan forma a Julieta y Romeo, la versión dirigida por Romina Richi que combina teatro, ópera, danza y música en vivo.

“Ya hicimos varias funciones a sala llena. Fue increíble y muy loco porque después de ensayar tanto tiempo, ver al público... Es otra obra”, cuenta Margarita en diálogo con revista GENTE. La magnitud del proyecto también hizo que los primeros encuentros con los espectadores estuvieran cargados de adrenalina: “Somos un montón, casi 40 personas en escena. Es una locura. Al estrenar da pánico porque somos tantos que da miedo que alguien se olvide de algo”.

Pero detrás del estreno había otro desafío, mucho más personal. La directora encargada de acompañarla en la construcción de Julieta es su propia mamá.

Margarita Páez atraviesa uno de sus desafíos actorales más importantes al ponerse en la piel de Julieta.

Para Margarita, esa dinámica terminó resultando más natural de lo que podría imaginarse desde afuera. “La verdad que bien. Al ser tantos no es que está la tensión puesta en mí. No es un unipersonal donde tal vez sería más fuerte. Como somos tantos, yo soy una más de todos”, responde al ser consultada sobre cómo fue hacer este proyecto con Romina.

De todos modos, Margarita confiesa que durante buena parte de los ensayos sintió que todavía no había conseguido llegar emocionalmente al personaje y eso la inquietaba. “A mí me costó mucho llegar a Julieta. Me costó un montón. De hecho, la encontré antes de estrenar”, reconoce.

“Ella ya lo sabía (por su madre). No hacía falta que se lo dijera. Las dos sabíamos que había algo que no estaba sucediendo”, recuerda con sinceridad. Hasta que, durante un ensayo, algo finalmente cambió: “Hubo un ensayo que sucedió. A partir de ese ensayo me empecé a sentir más tranquila y ella también porque, obviamente, lo había notado. Costó”.

Margarita forma parte de una ambiciosa puesta que reúne a cerca de 40 artistas entre actores, músicos y bailarines.

Cómo hizo Margarita Páez para separar a su mamá de su directora

La mirada profesional de Romina estuvo presente desde mucho antes de este proyecto. Margarita reconoce que históricamente recurrió a ella para conversar sobre personajes, propuestas y decisiones vinculadas con su carrera. Sin embargo, en el último tiempo comenzó a buscar una mayor autonomía.

“Por lo general le pregunto, aunque últimamente no tanto porque estoy tomando mis propias decisiones. Siempre algo le cuento o le pregunto”, explica. Paradójicamente, tenerla como directora hizo que esta vez intentara consultarla menos.

“En esta obra en particular había algo de que yo sabía que, si había algo, ella me lo iba a decir. Traté de no preguntar tanto sabiendo que la conozco a ella”, explica sobre el gran conocimiento que tiene de su madre.

Margarita Páez y Romina Richi comparten por primera vez la experiencia de trabajar como actriz y directora en un mismo proyecto.

La experiencia también tiene una espectadora privilegiada puertas adentro: Bethania, su hermana menor. Margarita reconoce en ella algo de su propia infancia, marcada por acompañar a Romina a teatros y espacios de trabajo. “A ella le encanta. Es como yo. Se crió yendo a teatros con mamá. También estuvo viniendo a los ensayos. ¡Es lo más! Le encanta”, cuenta emocionada mientras su hermana camina a su alrededor en medio de esta entrevista.

Si bien tanto Margarita como Romina mantienen un bajo perfil en lo personal, la joven actriz decide contar una pequeña anécdota familiar. Enternecida, dice: “Mamá me contó que después del ensayo general se fue a casa y se quedó re mal porque es fuerte la historia. No termina bien, todos sabemos... Se había quedado muy mal. Se mete mucho en las historias. Está en la misma que nosotras”.

Madre e hija encontraron una nueva dinámica profesional durante los ensayos, en los que Romina acompañó a Margarita en la construcción de Julieta.

Margarita Páez y Balthazar Murillo: de una historia de amor real a convertirse en Julieta y Romeo

Si ser dirigida por su mamá ya convierte el proyecto en una experiencia familiar poco habitual, hay otra particularidad todavía mayor: Romeo es interpretado por Balthazar Murillo, pareja de Margarita desde hace dos años y medio.

No es la primera vez que trabajan juntos. Sin embargo, Margarita asegura que algo curioso ocurre cuando ambos se encuentran en escena. “Yo trabajé con él, hicimos una obra juntos y la verdad es que es muy loco porque cuando trabajo con él es como si no fuese él. Me pasa eso. Disocio”, revela entre risas. Y enseguida agrega una confesión: “Nunca se lo dije igual”.

Margarita comparte el escenario con Balthazar Murillo, su pareja desde hace dos años y medio, quien interpreta a Romeo.

Con Julieta y Romeo, sin embargo, esa separación entre ficción y realidad encuentró un límite. “Nosotros tenemos un vínculo muy lindo y sano. Entonces, todo lo que vemos en la obra, que ellos son muy chiquitos y es muy puro todo lo que les pasa, es real y nos pasa a nosotros”, explica. De todos modos, asegura que es muy difícil, en este caso, separar realidad de ficción: “En una de las primeras funciones, él no paraba de llorar. Me decía que cada texto que decía le parecía muy fuerte”.

Además, con emoción confiesa: “Hay algo que no lo tenemos ni que hablar porque hay un amor que está vibrante y vibra con nosotros en la obra. Todo el amor que hay entre ellos es de verdad”. Y justamente por eso considera que el espectador puede percibir algo diferente cuando los ve juntos: “Es algo muy lindo de ver porque no te estamos haciendo creer nada, porque eso es de verdad”.

El duro impacto que tiene el final sobre Margarita Páez

Pero utilizar ese sentimiento real para construir a Julieta también tiene un costo emocional. Si el amor entre los protagonistas encuentra ecos en su propia relación, la tragedia de Shakespeare también la enfrenta con un pensamiento que trasciende la ficción. “A mí el final me hace mierda. Después de cada función termino mal”, admite con brutal sinceridad.

La explicación está en lo que sucede cuando Margarita llega a los últimos momentos de la historia y encuentra a Romeo sin vida. Aunque racionalmente sabe que frente a ella está Balthazar interpretando un personaje, por algunos instantes esa distancia desaparece.

La conexión entre su propia historia de amor y la de los personajes le aporta una dimensión especialmente emotiva a cada función.

“Es que realmente pienso que está muerto. Lo veo muerto. Yo sé que estoy actuando, pero se me cruza que Baltha está muerto”, confiesa con sinceridad y ternura.

Es entonces cuando Margarita revela uno de sus miedos más profundos: “En mi caso es algo muy recurrente, a pesar de que seamos jóvenes los dos. Es un pensamiento que aparece y es horrible, y ahí es tan real que es un horror”.


 
 

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