En 2012, Florencia Peña abrió las puertas de su casa de Palermo para una producción exclusiva de GENTE. En aquel entonces, la actriz tenía 37 años y atravesaba un período marcado por profundas transformaciones personales y profesionales: se preparaba para regresar a El Trece después de trece años, acababa de separarse de Mariano Otero y buscaba encarar la vida desde un lugar más liviano.
El escenario elegido para aquella charla fue el PH porteño en el que vivía junto a sus hijos, Tomás —por entonces de 9 años— y Juan —de 3—. Una propiedad con historia, ya que anteriormente había pertenecido a Georgina Barbarossa, y que reflejaba la personalidad artística, colorida y descontracturada de su dueña.
Así era la casa de Florencia Peña en Palermo
Las imágenes de la producción permitieron descubrir una vivienda amplia y luminosa, en la que convivían muebles de estilo clásico, colores intensos, recuerdos profesionales y objetos familiares. Lejos de seguir una única línea decorativa, Florencia había construido ambientes llenos de identidad.
Uno de los rincones más llamativos funcionaba como espacio de trabajo y creación. Allí, una extensa pared de ladrillos a la vista estaba cubierta por tapas de revistas protagonizadas por la actriz, diplomas, reconocimientos y fotografías. Frente a esa suerte de recorrido visual por su carrera se destacaba un antiguo sofá tapizado en rosa, con estructura dorada y la palabra “Flor” estampada sobre el respaldo.

El ambiente también contaba con una biblioteca blanca hecha a medida, un escritorio con computadora y diferentes sillas restauradas. Los tonos rosa, violeta y blanco aportaban un espíritu lúdico, mientras que los muebles clásicos reforzaban la impronta ecléctica del lugar.
En ese ámbito creativo, Peña investigaba por entonces materiales de Hugo Midón para preparar una comedia musical infantil. La casa no era solamente su refugio familiar: también funcionaba como el territorio en el que imaginaba y desarrollaba sus proyectos.
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Un living luminoso atravesado por la música
El living exhibía una estética más sobria, dominada por paredes blancas, pisos de madera y grandes aberturas conectadas con el exterior. Los protagonistas del ambiente eran los sillones blancos de líneas clásicas, acompañados por una mesa baja ovalada y una alfombra de cuero.

Sin embargo, el elemento que capturaba todas las miradas era un piano de cola, ubicado frente a una extensa biblioteca repleta de libros, discos y fotografías. Su presencia remitía directamente al vínculo de la familia con la música y, especialmente, a Mariano Otero, bajista y músico de jazz.
Un cuadro de tulipanes rojos aportaba una dosis de color al espacio. Plantas, retratos y recuerdos personales terminaban de construir una atmósfera cálida, alejada de la rigidez de una decoración pensada únicamente para ser exhibida.

El jardín con pileta y una marcada conexión con el interior
La casa poseía además un jardín rodeado de vegetación, con una pared completamente cubierta de enredaderas y una pileta de líneas simples. El verde ganaba protagonismo y reforzaba la sensación de privacidad en medio de la ciudad.

Las grandes puertas vidriadas vinculaban el exterior con el living y permitían el ingreso de abundante luz natural. Macetas con flores rojas, plantas trepadoras y diferentes especies distribuidas alrededor de la piscina convertían ese sector en uno de los espacios más frescos de la propiedad.
Para la producción, Florencia también posó junto a la pileta sobre un sofá blanco capitoné con terminaciones clásicas. La elección de aquella pieza, instalada a cielo abierto, condensaba el espíritu de la casa: una combinación libre entre sofisticación, comodidad y juego.

El PH estaba a la venta tras su separación de Mariano Otero
Aunque la propiedad representaba una parte importante de su historia familiar, al momento de la entrevista un cartel anunciaba que estaba en venta. Florencia y Mariano ya habían considerado mudarse, pero la separación terminó por darle un nuevo sentido a esa decisión.

“Veníamos considerando la mudanza, y más ahora que estoy sola con los chicos”, explicaba la actriz. Otero ya no vivía en el PH, aunque ambos conservaban un vínculo cercano y continuaban compartiendo actividades familiares con sus hijos.
Fotos: Archivo GENTE.




















































