–¿Haremos a tiempo, hija? –arrancaba la señora rubia.
–No importa. Yo quiero ir al Museo Frida Kahlo, má –continuaba una de sus dos herederas.
–Hay que averiguar dónde queda y cómo llegar, hija.
–Yo averiguo los detalles, má.
–¿A qué se debe tanta devoción, hija?
–Me parece un personaje increíble, má.
Hija: Dalma Nerea Maradona (por ese entonces de 20, hoy de 39). Má: Claudia Rosana Villafañe (45, ahora 64). Fecha: Noviembre 2007. Sitio: larga hilera de Migraciones, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, del Distrito Federal. Motivo del viaje: una invitación especial de MTV Latinoamérica para que la hermana de Gianinna suba al escenario del Palacio de los Deportes y conduzca un tramo de la entrega de premios organizada por la poderosa cadena musical de cable. Testigos: cinco valijas de la hija y la má, y GENTE.

"¡MIREN EL COLOR DE LAS PAREDES!"
“¡Ahí, ahí!”, grita eufórica Dalmita en la esquina de Londres 247 y Allende, Colonia del Carmen, Coyoacán. “¡Miren el color de las paredes!”, queda impactada más que por el tono, por lo que supone existe detrás de los muros de La Casa Azul, en la que nació (el 6 de julio de 1907), vivió (siempre) y murió (el 13 de julio de 1954) la perpetua mexicana. Dos minutos después, ambas –hija y má– ingresan, previo pago “de cortesía” consistente en 45 pesos locales (cerca de cuatro dólares).
“Frida y su marido, Diego Rivera, residieron acá, juntos, desde 1929 y por un cuarto de siglo”, arranca, a manera de guía turística Dalma, avanzando por los distintos ambientes interconectados que conformaron el mundo de la gran artista latinoamericana y no se permiten fotografiar. “Dan ganas de tocar todo”, parece leer la mente de los visitantes, admirada por la sucesión y cercanía de objetos que surgen a cada paso: los corsés que usara Kahlo (de cuero y metal y de yeso dorado), algunos de sus famosos cuadros (Viva la vida, Frida y la cesárea, Retrato de Agustín M. Olmedo, tela que muestra una rasgadura hecha por la autora cuando supo que el hombre en cuestión “no valía ni un centavo”); joyas, artesanías, juguetes, el caballete que le obsequiara Nelson Rockefeller, retratos de Stalin y Lenin, la cama y el espejo rectangular enfrentando la almohada, para dibujarse; pinceles, sus colecciones de vestidos y de mariposas e incluso el libro de contabilidad en el que registraba el balance hogareño.







“¿SABÍAS, MÁ, QUE LAS CENIZAS DE FRIDA SE ENCUENTRAN DENTRO DE UNA URNA, EN EL TOCADOR DE LA RECÁMARA...?"
“¿Sabías, má, que se llamaba Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón? ¿Y que sufrió poliomielitis, de chica?”, le pregunta la hija a Claudia luego de perderla en el interior y encontrarla a la salida. “No”, recibe de respuesta. “¿Y que a los 18 el autobús en el que viajaba terminó arrollado por un tranvía y una varilla la atravesó a la altura de la pelvis, causándole fracturas en la espina dorsal y motivándola a pintar?”. “No”. “Y que la obra Ruina, que cruzamos en la Sala 2, se la obsequió a su esposo para reprocharle las continuas infidelidades?”. “No”. “¿Y que uno de los relojes del comedor marca la fecha (1939) en la que se divorció de Rivera, y otro el día (8 de diciembre de 1940) de su segundo matrimonio con él?”. “No”. “¿Y que las cenizas de Frida se encuentran dentro de una urna, en el tocador de la recámara”. “Tampoco”, lanza una carcajada Claudia, agregando en forma de diálogo, lo que detenerminarí el cierre de nuestra nota...









"... AHORA ENTIENDO TU LOCURA POR VENIR, HIJA"

–Ahora entiendo tu locura por venir, hija –afirmaba la señora rubia camino a la salida.
–Pasa que además me encantaría personificarla, má –comentaba una de sus dos herederas junto a Gianinna Maradona.
–Obvio, si acabás de filmar tu primera película (La rabia, a las órdenes de Albertina Carri), incluso animándote a un desnudo de medio cuerpo de espaldas, no me sorprendería que te animaras a convertirte en la Kahlo, hija.
–Aunque Salma Hayek la encarnó como nadie (en Frida, matices de una pasión; 2002), me gustaría el desafío de intentarlo, má.
–Obvio, hija.
–Bueno, al menos de altura nos parecemos, má.
–¿De qué estatura hablás, hija?
–La de dos gigantes. Ella medía 1,58 y yo ando en 1,55, má.


Fotos: Archivo Grupo Atlántida ([email protected]) y redes sociales.
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903–8464)






















































