Ya sabemos que hay decisiones de recursos humanos que pueden cambiar una carrera. Pero hay elecciones que terminan torciendo el destino de la corona europea. Esa es, según contó el banquero Augusto Darget en una entrevista con La Guita Podcast, la historia real detrás de cómo Máxima Zorreguieta terminó conociendo al hombre que hoy es el rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos.
Darget, que por entonces trabajaba en el banco Amro, ubicó primero el contexto de la búsqueda: la entidad venía de un buen momento pero necesitaba reforzar el área de renta fija: "Nos había ido muy bien en Amro y nos faltaba esa pata".
Fue en medio de esa necesidad cuando llegó, de la nada, un pedido desde afuera de la organización. "Un jefe de afuera me dice: 'Mira, por favor, te pido que tomes a una chica que se quedó sin trabajo en el Dresdner Bank'", recordó el banquero.
La joven en cuestión era Máxima Zorreguieta, que en ese momento buscaba reacomodarse profesionalmente tras su salida de Dresdner Kleinwort Benson.

"No tengo ni idea de qué son los equities"
El problema, según Darget, fue el desencuentro entre lo que el banco necesitaba y lo que la candidata sabía hacer. "Le digo: 'Bueno, escuchame una cosa, yo estoy buscando a alguien que haga equities, acciones'", relató. La respuesta que recibió, siempre según su versión, fue tajante: "No, no tengo ni idea de qué son los equities ni las acciones. Lo único que sé yo es renta fija, fixed income".
Aun con ese desajuste de perfil, Darget aseguró que intentó abrirle una puerta puertas adentro del banco. "Dejame que hablo con la tesorería a ver si alguien te puede tomar, porque me parece bárbaro", le dijo. Pero la gestión no prosperó: no había vacante disponible en el área que Máxima podía cubrir. "Y no había trabajo en Amro", resumió el banquero.
"No te puedo tomar": la negativa que le cambió la vida a Máxima
Lo que siguió fue, para Darget, un trámite incómodo pero inevitable: comunicarle personalmente el rechazo. "La tuve que llamar y le dije: 'Mirá, no te puedo tomar'", contó. Un "no" más, de los tantos que cualquier profesional recibe en una búsqueda laboral, salvo que, en este caso, ese rechazo puntual terminó siendo, mirado en retrospectiva, la bisagra de una historia que nadie en ese llamado podía imaginar.
"Ese fin de semana, porque nosotros no la tomamos, se fue a una fiesta en Nueva York y ahí conoció a su marido, que es justamente el rey actual", relató Darget, todavía con algo de asombro por el rol involuntario que le tocó jugar en ese cruce de destinos.

Más allá de las discrepancias del relato del banquero en la cronología exacta de los hechos (ya que al entonces príncipe lo conoció en Sevilla), lo que no está en discusión es que el rechazo laboral en Amro sí ocurrió y fue definitorio.
De la "corpo" a la intimidad de la fiesta en la que conoció al futuro rey
Máxima conoció al por entonces príncipe Guillermo de los Países Bajos en 1999, en una fiesta privada que su celestina y excompañera de colegio, Cynthia Kaufman, organizó en Sevilla, España, en el marco de la Feria de Sevilla. Fue ahí donde ella le habría dicho al verlo bailar: "You are made of wood" ("sos de madera"), la frase que quedó como mito fundacional del romance.
Kaufmann le hizo la mejor oferta, que cambiaría por completo el rumbo de su vida: "Tengo dos candidatos para presentarte en Sevilla; uno muy rico (Guillermo de Holanda) y otro muy guapo, Federico de Dinamarca”.

No es novedad la obsesión de Máxima por apuntar a la crème de la crème. La royal no daba puntada sin hilo. “La historia de Máxima es una historia de éxito, del triunfo de una mujer que donde puso el ojo, puso la bala”, dijo tiempo atrás Rodolfo Vera Calderón, autor de Máxima, la construcción de una reina.
El encuentro fue casual, pero lejos de ser un flechazo inmediato, la argentina no quedó impresionada con el heredero al trono de los Orange-Nassau. De hecho, cuando él se presentó simplemente como “Alexander”, sin revelar su título real, a ella no le despertó demasiado interés. Lo describió como un hombre simpático, pero de conversación simple y sin demasiado atractivo a primera vista. Esa misma noche Guillermo le pidió el teléfono.

Días después, cuando Máxima descubrió su identidad real, se sorprendió, pero ya empezaba a disfrutar de su compañía. Guillermo Alejandro la invitó a esquiar en Noruega y luego a los Países Bajos, donde la relación se afianzó rápidamente.
El 2 de febrero de 2002, la “plebeya” y el príncipe de Holanda dieron el “Sí, quiero” en una emotiva ceremonia religiosa en la iglesia Nieuwe Kerk, en Ámsterdam, sellando un final feliz de princesa como los que veía de chica en el cine.
En la entrega de diplomas de quinto año en el Northlands, Máxima le había jurado a una compañera de colegio: “Yo me voy a casar con un noble”. Una orden clara que el universo atendió.























































