Una caja vacía puede convertirse rápidamente en el lugar favorito de un gato. Puede entrar durante unos minutos, dormir una siesta, jugar o simplemente permanecer allí mientras observa lo que sucede alrededor.
Para sus dueños, esta elección puede resultar llamativa, especialmente cuando el animal tiene una cama especialmente preparada para descansar.
La explicación está, en buena medida, en cómo perciben los gatos los espacios pequeños y protegidos.
Un lugar donde se sienten seguros
Los gatos suelen buscar lugares desde los que puedan sentirse protegidos.
Una caja ofrece paredes alrededor del cuerpo y una abertura relativamente pequeña que les permite observar lo que ocurre afuera.
Esta característica puede hacer que el animal se sienta menos expuesto que cuando descansa en un espacio completamente abierto.
Por eso, no es extraño que elija una caja cuando hay movimiento en la casa, llegan visitas o simplemente quiere dormir tranquilo.
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El espacio cerrado funciona como una especie de refugio en el que el gato puede relajarse sin perder completamente de vista su entorno.
También ayuda a conservar el calor
Otro motivo tiene que ver con la temperatura.
El cartón funciona como un material que ayuda a aislar y una caja pequeña puede conservar parte del calor corporal del animal.
Esto puede resultar especialmente atractivo durante los meses fríos, cuando los gatos buscan lugares cálidos para descansar.
Si además la caja está ubicada en un lugar tranquilo y alejado de corrientes de aire, puede convertirse en un sitio especialmente confortable.
¿Por qué elige la caja y no su cama?
Que un gato prefiera una caja no significa necesariamente que rechace su cama.
Una cama abierta y acolchada puede ser cómoda, pero no ofrece el mismo nivel de protección visual que un espacio cerrado.
Para un gato, comodidad no siempre significa tener el lugar más blando: también puede significar sentirse protegido.
Además, la caja puede tener un olor diferente y convertirse en una novedad dentro de un ambiente que el animal conoce perfectamente.
Por eso, incluso una caja que lleva varios días en la casa puede seguir despertando su interés.
No hace falta sacarlo
Si el gato entra en una caja, se acomoda y permanece tranquilo, no hay ningún motivo para obligarlo a salir.
De hecho, ofrecerle distintos lugares donde pueda esconderse o descansar puede enriquecer su ambiente y permitirle elegir dónde se siente más cómodo.
Lo importante es que la caja esté limpia, seca y ubicada en un lugar seguro, lejos de objetos que puedan caer sobre ella o de zonas donde el gato pueda quedar encerrado accidentalmente.
También conviene retirar grapas, cintas adhesivas, bolsas o cualquier elemento que pueda representar un riesgo.
Una caja sencilla puede convertirse en un refugio útil siempre que el animal pueda entrar y salir libremente.
Si de repente un gato comienza a esconderse durante gran parte del día cuando antes no lo hacía, especialmente si el cambio aparece acompañado de falta de apetito, decaimiento, agresividad o modificaciones importantes en su comportamiento, conviene prestar atención y consultar con un veterinario.
En definitiva, que un gato prefiera meterse en una caja antes que dormir en su cama es completamente normal. El espacio cerrado puede ofrecerle seguridad, privacidad y una sensación de refugio, además de ayudarlo a conservar el calor. Por eso, para muchos felinos, una simple caja de cartón puede convertirse en uno de los lugares más atractivos de toda la casa.
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