Una llamada de alerta llegó desde el norte: Estados Unidos, principal proveedor de gas natural para México, notificó una reducción del 20% en sus envíos. La noticia, compartida por Cuitláhuac García, director general del Centro Nacional de Control del Gas Natural (CENAGAS), durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, puso en evidencia la vulnerabilidad de la infraestructura energética nacional y la dependencia casi total de las importaciones para mantener el suministro.
El impacto fue inmediato. México, que consume diariamente 9.1 miles de millones de pies cúbicos de gas natural —de los cuales el 75% proviene de Estados Unidos—, se encontró con reservas suficientes para apenas tres días. "Hace una semana hubo una situación crítica en Estados Unidos, avisaron que iban a dejar de enviar alrededor de la quinta parte de lo que en los gasoductos nacionales tomamos de gas natural de importación", explicó García. El golpe fue fuerte, pero la coordinación entre Pemex, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el Centro Nacional de Energía (Cenace) permitió sortear la crisis sin interrupciones graves en el abasto.
Una reserva al límite
La situación expuso una realidad que preocupa a expertos y autoridades: México no cuenta con almacenamiento estratégico de gas natural. Las reservas actuales, según García, alcanzarían para solventar un corte de hasta tres días, una cifra que, ante cualquier contingencia prolongada, resulta insuficiente para un país cuya generación eléctrica depende en un 60 a 70% de este combustible.
El consumo de gas natural en México está distribuido principalmente en la generación eléctrica (58%), seguido de Pemex (19%), la industria (12%) y los hogares y comercios (11%). Esta estructura hace que cualquier alteración en el flujo de importaciones tenga un efecto inmediato y transversal en la economía y la vida cotidiana.
La urgencia de la soberanía energética
Durante la conferencia, la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó la importancia de avanzar hacia la soberanía energética. La reciente reducción en el suministro estadounidense no solo fue un reto logístico, sino también una llamada de atención sobre la necesidad de fortalecer la producción nacional y desarrollar capacidades de almacenamiento que permitan enfrentar futuras contingencias.
Actualmente, solo el 25% del gas natural que se consume en México es de producción nacional. El resto depende de la estabilidad y disponibilidad del mercado estadounidense, sujeto a sus propias crisis y prioridades. La situación crítica que vivió Estados Unidos la semana pasada, aunque temporal, bastó para poner en jaque la seguridad energética mexicana.
Coordinación y respuesta inmediata
El episodio demostró la capacidad de respuesta de las autoridades mexicanas ante una emergencia. Pemex, CFE y Cenace actuaron de manera coordinada para evitar apagones o mayores afectaciones. Sin embargo, como reconoció el propio García, estas soluciones son paliativas y no sustituyen la necesidad de una estrategia de largo plazo.
La experiencia reciente dejó una lección clara: la resiliencia del sistema energético mexicano depende de reducir la dependencia externa y crear reservas estratégicas. Solo así será posible garantizar el suministro ante escenarios imprevistos y proteger a la economía y a la población de los vaivenes internacionales.
Mientras tanto, la vulnerabilidad persiste. La reducción del 20% en las importaciones de gas natural desde Estados Unidos fue, para México, un recordatorio contundente de que la seguridad energética es un asunto de Estado, y que la planificación y la inversión en infraestructura no pueden esperar.

















































