La tarde del 2 de octubre, la Ciudad de México volvió a ser escenario de una de las movilizaciones más emblemáticas de la memoria colectiva nacional. A 58 años de la masacre estudiantil de Tlatelolco, cientos de estudiantes, activistas y colectivos sociales se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas para iniciar su marcha hacia el Zócalo capitalino, bajo el eco persistente de una consigna que atraviesa generaciones: “2 de octubre no se olvida”.
El aniversario de 1968 no es solo una fecha en el calendario mexicano. Es una herida abierta y un recordatorio de la represión estatal que marcó a una generación y redefinió la relación entre sociedad y poder en el país. Este año, la movilización estuvo marcada por la participación de jóvenes de escuelas normales, líderes históricos y nuevos colectivos, todos unidos por la exigencia de justicia y la reivindicación de los derechos estudiantiles.
Un recorrido cargado de memoria y exigencias
Desde temprano, la Plaza de las Tres Culturas se llenó de banderas, pancartas y mantas que recordaban tanto a los caídos en 1968 como a los 43 normalistas de Ayotzinapa, en un pase de lista que enlazó dos de los episodios más dolorosos de la historia reciente de México. El recorrido, que avanzó por avenida Ricardo Flores Magón, Eje Central Lázaro Cárdenas y 5 de Mayo, fue acompañado por consignas, cánticos y el sonido de tambores que marcaban el paso de los contingentes.
La marcha no estuvo exenta de tensión. A lo largo del trayecto, algunos grupos realizaron pintas en muros y banquetas, mientras que integrantes del llamado “Bloque Negro” causaron daños a la infraestructura urbana. Se registraron confrontaciones en las inmediaciones del Metro Tlatelolco y, en ciertos momentos, la policía encapsuló a jóvenes manifestantes, lo que generó momentos de tensión y reclamos por parte de los asistentes.
Presencia de nuevas y viejas voces
Entre los participantes destacaron líderes del Consejo General de Huelga, quienes se sumaron al recorrido, sumando su voz a la de los estudiantes actuales. Colectivos de jóvenes, algunos con el rostro cubierto, portaban mantas y cartulinas con mensajes de justicia y memoria, mientras avanzaban entre banderas de México y de Palestina, reflejando la solidaridad internacional que caracteriza a este tipo de movilizaciones.
La marcha también estuvo acompañada por un fuerte operativo de seguridad. Elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana reforzaron la vigilancia en puntos clave como Bellas Artes y el Centro Histórico, donde algunos negocios decidieron cerrar sus puertas ante la expectativa de posibles incidentes. La circulación vial se vio afectada en varias avenidas, y vehículos antimotines fueron desplegados en el corazón de la capital.
“Nunca más una represión del Estado”
El peso simbólico de la fecha se hizo presente incluso en las palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien durante su conferencia matutina recordó la masacre y reiteró el compromiso de su administración de señalar como responsable al expresidente Gustavo Díaz Ordaz. “Recordamos uno de los episodios más dolorosos de la historia de México, la represión a un movimiento estudiantil en la plaza de Tlatelolco”, afirmó, subrayando: “Nunca más una represión del Estado a un movimiento social”.
La jornada del 2 de octubre en la Ciudad de México fue, una vez más, un acto de memoria activa. Más allá de los incidentes y de la vigilancia policial, la marcha reafirmó el compromiso de las nuevas generaciones con la verdad, la justicia y la exigencia de que estos hechos no se repitan. En cada paso, en cada consigna, la historia de Tlatelolco sigue viva, recordando a México que el pasado no se olvida, y que la lucha por la justicia permanece vigente.




















































