La serie de Timbiriche reabre heridas: el debate por la representación del abuso a Sasha Sökol – Revista GENTE
 

La serie de Timbiriche reabre heridas: el debate por la representación del abuso a Sasha Sökol

La producción de ViX enfrenta críticas por la forma en que aborda la relación entre Sasha y Luis de Llano, mientras exintegrantes del grupo denuncian revictimización y falta de consulta en la creación de la serie.
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Una escena en pantalla revive una de las historias más dolorosas del pop mexicano: la relación entre Sasha Sökol, entonces una adolescente de 14 años, y el productor Luis de Llano, de casi 40. Así arranca la serie de ViX sobre Timbiriche, y con ella, una controversia que va mucho más allá de la nostalgia musical. La producción, que prometía celebrar el legado de una de las bandas más icónicas de México, se encuentra ahora en el centro de un intenso debate sobre revictimización, ética narrativa y derechos legales.

En lugar de enfocarse en la trayectoria artística y el fenómeno juvenil que fue Timbiriche, la serie opta por colocar en primer plano el vínculo entre Sasha y De Llano. Según especialistas, esta decisión narrativa no solo desplaza la responsabilidad hacia la menor, sino que también expone nuevamente a la cantante, quien ya había denunciado públicamente el abuso que sufrió en su adolescencia. La psicóloga Josefa Galván advierte que "es como volver a abrir una herida que ya se suponía que tendría que quedar cerrada", señalando que la exposición mediática puede intensificar sentimientos de impotencia y frustración en quienes han tenido que defender su testimonio y atravesar procesos legales.

La mirada de los protagonistas: entre el homenaje y la controversia

El actor y productor ejecutivo Osvaldo Benavides, quien interpreta a Luis de Llano en la serie, sostiene que el proyecto fue realizado "con mucho honor" y respeto hacia los personajes reales. "La serie habla por sí misma, es respetuosa y no esquiva los temas importantes de los que hay que hablar", expresó Benavides, invitando tanto al público como a los propios integrantes originales a ver la producción antes de juzgarla. Sin embargo, reconoce la responsabilidad de abordar temas delicados como el abuso infantil y la asimetría de poder, y asegura que ignorarlos habría sido un error.

La postura de los exintegrantes originales es clara: Sasha Sökol, Benny Ibarra, Erik Rubín, Alix Bauer, Mariana Garza y Diego Schoening han manifestado públicamente que no participaron en la producción, no fueron consultados y no autorizaron el uso de su imagen, voz o identidad. Esta distancia con la serie plantea una contradicción: mientras la producción recupera el nombre y la historia de la agrupación, sus protagonistas rechazan haber intervenido en la construcción de esta versión.

Revictimización y riesgos de la ficción

La polémica se agudiza por la forma en que la serie representa la relación entre Sasha y De Llano. Según críticas, el guion presenta a la joven como quien impulsa la relación, mientras que el adulto parece ceder ante la situación, una narrativa que puede desplazar la responsabilidad y romantizar el abuso. "El saber que es una menor de edad es una alerta inmediata", subraya la psicóloga Galván, quien cuestiona que se utilicen conflictos familiares o circunstancias personales para justificar el comportamiento de un adulto hacia una menor.

Este enfoque, advierten especialistas, puede influir en la percepción pública de los hechos reales, especialmente cuando la ficción introduce diálogos o situaciones que el público puede interpretar como históricas. La exposición mediática, sumada a la falta de consulta a las personas directamente involucradas, reaviva el debate sobre los límites éticos en la representación de historias sensibles.

Identidad, derechos y legado

Más allá del debate narrativo, la serie también puso en evidencia un problema de protección de identidad. Una revisión de los registros ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) revela que la mayoría de los exintegrantes no cuentan con registros vigentes de sus nombres artísticos, lo que limita sus herramientas legales para proteger su imagen frente a producciones no autorizadas. Solo Benny Ibarra y Erik Rubín mantienen activos sus registros.

La controversia en torno a la serie de Timbiriche no es un caso aislado. En México, la bioserie sobre Gloria Trevi también generó divisiones sobre la representación de las víctimas y los límites de la ficción. A nivel internacional, la reciente película sobre Michael Jackson fue criticada por omitir episodios polémicos, evidenciando que la tensión entre memoria, espectáculo y responsabilidad ética es un fenómeno global.

La responsabilidad de contar historias reales

El actor Mauricio Martínez lo resumió con contundencia: "la industria del entretenimiento convierte el dolor de las víctimas en negocio y espectáculo". Su respaldo a Sasha Sökol y su llamado a la ética en la producción de historias reales resuena en un momento en que la sociedad exige mayor sensibilidad y responsabilidad al narrar experiencias de abuso y desigualdad de poder.

En definitiva, la serie de Timbiriche no solo reaviva la memoria de una época dorada del pop mexicano, sino que también obliga a repensar cómo se cuentan las historias de quienes, tras romper el silencio, merecen respeto y protección. El debate está abierto, y la forma en que se representen estos relatos marcará el futuro de la narrativa audiovisual en México.


 
 

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