En el universo de las series basadas en hechos reales, pocas historias despiertan tanta fascinación como la de Lizzie Borden. Netflix ha apostado por este oscuro episodio de la crónica policial estadounidense con Monstruo: La historia de Lizzie Borden, una producción que, además de rescatar el misterio del caso, destaca por las interpretaciones de sus protagonistas.
Al frente del elenco brilla Ella Beatty, una joven actriz que, a sus 26 años, se ha convertido en uno de los nuevos rostros de Hollywood. Su interpretación de Lizzie Borden, la mujer acusada de asesinar a su padre y madrastra en 1892, ha capturado la atención de la audiencia y la crítica, consolidando su lugar en la industria.
El enigma de Ella Beatty, la nueva revelación de Hollywood
Nacida el 8 de abril de 2000 en Los Ángeles, Ella Beatty es hija de dos figuras icónicas del cine: Annette Bening, actriz nominada cinco veces al Oscar, y Warren Beatty, actor y cineasta. Como la menor de cuatro hermanos, ha crecido en un ambiente artístico, aunque ha sabido forjar su propio camino. Se graduó de la prestigiosa Escuela Juilliard en Nueva York, donde perfeccionó su talento dramático.
Antes de encarnar a Lizzie Borden, Beatty ya había llamado la atención en la serie Feud: Capote vs. The Swans, interpretando a Kerry O’Shea, la hija adoptiva de Truman Capote. También participó en la película If I Had Legs I’d Kick You, presentada en el Festival de Cine de Sundance, lo que le ha permitido sumar experiencia en proyectos de alto perfil.
En cuanto a su vida personal, la actriz mantiene un perfil bajo en redes sociales y evita exponer detalles íntimos. No se conocen públicamente parejas ni relaciones sentimentales, y ella misma ha preferido centrar la conversación en su trabajo y crecimiento profesional.
Bridget ‘Maggie’ Sullivan: la testigo clave y su vínculo con Lizzie
La serie también recupera la figura de Bridget ‘Maggie’ Sullivan, la sirvienta irlandesa de la familia Borden y testigo fundamental del caso. Sullivan llegó a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades y comenzó a trabajar en la casa de los Borden en 1889. Tenía alrededor de 25 años cuando ocurrió el doble asesinato que conmocionó a la sociedad de la época.
Históricamente, Bridget mantenía una relación distante con Abby Borden, la madrastra de Lizzie, y no disfrutaba de su empleo debido a problemas de salud. El día del crimen, su testimonio fue crucial para reconstruir la cronología de los hechos: declaró haber escuchado ruidos extraños y aportó detalles que ayudaron a la investigación, aunque nunca fue vinculada directamente con el asesinato.
La relación entre Bridget y Lizzie ha sido objeto de especulación. Según la autora Cara Robertson en su libro The Trial of Lizzie Borden, Sullivan pensó en abandonar la casa en varias ocasiones, pero permaneció “por lealtad a la hija de los Borden, a quien describió como una ‘mujer encantadora’”. Este detalle alimentó rumores sobre un posible romance, aunque nunca se confirmó una relación amorosa entre ambas. Los comentarios sobre la sexualidad de Lizzie surgieron porque permaneció soltera y sin hijos, pero no existen pruebas de vínculos sentimentales con mujeres.
Un caso que sigue fascinando
Monstruo: La historia de Lizzie Borden no solo revive un crimen que marcó a la sociedad estadounidense, sino que también explora las complejidades humanas de sus protagonistas. La serie invita a mirar más allá de los titulares y adentrarse en los matices de quienes vivieron —y sobrevivieron— a uno de los juicios más comentados del siglo XIX. Con interpretaciones sólidas y una narrativa envolvente, la producción de Netflix renueva el interés por una historia que, más de un siglo después, sigue despertando preguntas y emociones.



















































