El mundo del arte quedó de luto. Yayoi Kusama, la artista japonesa que transformó una obsesión nacida del dolor en el lenguaje visual más reconocible del último siglo, murió a los 97 años. La noticia se conoció este jueves 27 de agosto, a través de un comunicado oficial compartido por su estudio y fundación.
"Yayoi Kusama falleció en paz el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio. Dedicó toda su vida a actividades internacionales como artista de vanguardia en diversos campos, como las bellas artes, el arte escénico, la novela y la poesía. Nunca dejó de pintar hasta poco antes de su muerte, continuando su búsqueda del amor eterno y del alma a lo largo de sus 97 años de vida", compartieron en el anuncio.
"Nuestro objetivo es perpetuar el legado del artista y brindar esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo a través del arte", culmina el escrito firmado por Yayoi Kusama Inc. y
Estudio Yayoi Kusama Inc.

Si bien por el momento la causa de la muerte no fue revelada y la noticia se dio a conocer casi dos semanas de ocurrido el deceso, su salud mental la ha tenido en jaque por décadas. Fue precisamente esa batalla sostenida la que terminó de moldear tanto su obra como el rumbo que eligió darle al resto de su existencia, recluida por voluntad propia en un hospital psiquiátrico de Tokio desde 1977.
Una infancia atravesada por las alucinaciones
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, en el seno de una familia acomodada de comerciantes, Kusama empezó a pintar alrededor de los 10 años. Fue en esa infancia, marcada por visiones que la perseguían –destellos de luz, patrones repetitivos, lunares y redes que cubrían las paredes o su propia piel–, donde nacieron los polka dots que la acompañarían para siempre.
La artista contó en múltiples ocasiones haber sufrido además abusos físicos y psicológicos por parte de su madre, que llegó a destruir sus obras y a obligarla a espiar a su padre infiel.
"Los lunares son un camino al infinito. Cuando borramos la naturaleza y nuestros cuerpos con lunares, nos integramos a la unidad de nuestro entorno. Nos volvemos parte de la eternidad", definió alguna vez sobre el motivo que la convirtió en un ícono planetario.

Su relación con la salud mental: de las crisis en Nueva York a la internación voluntaria
Kusama estudió el estilo tradicional japonés Nihonga en Kioto, pero a fines de los años 50 emigró a Estados Unidos para sumarse a las vanguardias artísticas newyorkinas. Allí, en medio de años de pobreza y anonimato antes de ser reconocida como pionera, atravesó episodios de agotamiento extremo que derivaron en varias hospitalizaciones. Las alucinaciones, la depresión y lo que con los años se identificaría como un trastorno obsesivo-compulsivo la acompañaron durante toda esa etapa neoyorquina, en paralelo a una producción artística frenética.
En 1973 regresó a Japón y, tras atravesar una nueva crisis y un intento de suicidio, en 1977 tomó la decisión que definiría el resto de su vida: se internó por voluntad propia en el Hospital Seiwa para Enfermos Mentales, en Tokio. Nunca fue dada de alta.
Instaló su estudio a pocos metros de la institución y, desde entonces, sostuvo una rutina inquebrantable: mañanas de trabajo en el atelier, tardes de regreso al hospital. "El único método que encontré para aliviar mi enfermedad es seguir creando arte", llegó a explicar sobre esa decisión.

El reconocimiento mundial y el desembarco en la moda
Kusama expuso en los principales museos del mundo y recibió galardones como la Orden de las Artes y las Letras y la Orden de Cultura de Japón. En 2006 se convirtió en la primera mujer en obtener el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón, uno de los reconocimientos más prestigiosos del circuito internacional.
Su universo también cruzó fronteras hacia la moda de lujo. En 2012, bajo la dirección creativa de Marc Jacobs, protagonizó su primera colaboración con Louis Vuitton. Una década después, en 2022, la maison francesa –esta vez bajo el mando de Nicolas Ghesquière– anunció un segundo encuentro creativo: una colección de 450 piezas, confirmada por Delphine Arnault, que llevó los característicos lunares en relieve 3D a bolsos, prendas y hasta trajes de baño, incluyendo reversiones del icónico bolso Dauphine.

En 2023, además, el Instituto Inhotim de Minas Gerais –el mayor museo al aire libre de Latinoamérica– inauguró una galería permanente dedicada exclusivamente a ella, con dos de sus instalaciones inmersivas más celebradas: I'm Here, But Nothing (2000) y Aftermath of Obliteration of Eternity, creada en 2009 para celebrar su cumpleaños número 80.

La curadora e historiadora del arte Alexandra Munroe, responsable de importantes retrospectivas de la artista japonesa, y el galerista internacional David Zwirner, en cuyos espacios se exhibió múltiples veces su obra, le rindieron homenaje en Instagram: mientras Munroe destacó que la historia de Kusama cambiaron la comprensión del arte de vanguardia, Zwirner la despidió como "la artista viva más famosa del mundo" al momento de su partida.
Una imagen tan icónica como su obra
Con su peluca roja brillante y sus prendas cubiertas de lunares, Kusama construyó una identidad visual tan reconocible como su propia obra. La artista nunca separó su cuerpo de su producción artística: se convirtió, ella misma, en un lunar viviente. El bob de flequillo recto y su clásica melena carmesí –a veces reemplazada por versiones en rosa chicle o violeta eléctrico– fue tan parte de su marca registrada como los puntos que empapelaban sus telas.

Solía presentarse en entrevistas y desfiles con túnicas, vestidos o monos cubiertos por completo de lunares de colores, en una paleta que iba del rojo furioso al amarillo calabaza, y remataba el conjunto con maquillaje gráfico y una mirada frontal, casi teatral, ante cámara.
Sus Infinity Mirror Rooms –salas de espejos que multiplican al infinito luces, esculturas y al propio espectador– se transformaron en uno de los fenómenos más fotografiados del arte contemporáneo, con filas de horas en museos de todo el mundo para vivir, aunque sea por un minuto, la experiencia de sentirse "parte del todo".






















































