Enviada especial a Estados Unidos
Durante décadas, millones de argentinos conocieron a Enrique Macaya Márquez sentado frente a un micrófono, analizando un partido con precisión quirúrgica o relatando, desde distintos rincones del mundo, los momentos más importantes de la historia del fútbol.
Lo vieron atravesar generaciones de futbolistas, cubrir 18 Copas del Mundo consecutivas, entrevistar a las máximas figuras del deporte y convertirse en una referencia absoluta del periodismo deportivo argentino.
Pero lejos de las cámaras, de las cabinas de transmisión y de los estadios repletos, existió siempre otro Enrique. Uno que pocas veces quedó expuesto. El padre. El abuelo.

Aprovechando el Mundial de Estados Unidos, donde el reconocido comunicador trabaja como una de las caras de DSPORTS TV y comenta cada jornada para DSports Radio, buena parte de su familia viajó hasta Dallas para acompañarlo en este momento tan especial. Allí estuvieron su hija, Andrea, de 64 años, y cinco de sus nietos: Ornella, de 36; Giuliana, de 32; Fabrizio, de 29; Yago, de 20; y Siena, de 16.
-¿Cómo es Enrique Macaya Márquez como papá y como abuelo? ¿Qué representa para cada uno de ustedes?
-Siena: Bueno, para mí el abuelo es un ejemplo para todos, más allá del trabajo, como que él mismo cuenta que nada, por más de que no estaba los domingos y etcétera, siempre fue muy presente y a todos nos deja muchas cosas a diario y en general.
-Giuliana: Siempre fue una persona muy abierta y siempre nos apoyó en los diferentes caminos que tenemos caminos muy distintos. Cada uno tomó un rumbo muy distinto y él siempre nos supo apoyar, supo en dejar un mensaje en el contestador todos los días en mi casa, que yo llegaba al colegio y tenía siempre un mensaje en el contestador, ser hasta a veces unos segundos papás porque (con la abuela) nos llevaban a pasear todos los fines de semana y por todos lados y fueron siempre muy presentes.
Andrea, su única hija, aportó entonces una mirada diferente: "Para mí fue un papá que no estuvo ausente a pesar de las ausencias y sobre todo muy respetuoso en todo sentido, lo cual es muy importante, ¿no? Porque uno se siente con libertad".
-Fabrizio: Si tuviera que describir a Enrique diría que principalmente es una excelente persona, siempre muy bien predispuesto, de hecho está acá soportándonos a todos. Y sobre todo también muy honesto y muy humilde. Creo que eso es lo que más lo caracteriza.

Crecer siendo "los nietos de Macaya"
Para cualquiera que haya nacido en la Argentina, decir "Macaya" es pensar inmediatamente en fútbol. Para ellos, en cambio, primero fue simplemente "el abuelo".
-Yago: De chicos siempre nos pasaba a buscar por el colegio y salíamos, no sé, a comer, al cine, al shopping y como que de chiquitos no entendíamos nada todavía bien qué era. Salíamos a comer y se le acercaba la gente, le pedían fotos, autógrafos y nosotros no terminábamos de entender quién era. Pero bueno, siempre estuvo eso de de poder acompañarlo e ir cayendo de a poco en la figura que tenemos como abuelo, que es nuestro abuelo, sí, pero nosotros no lo vemos tanto como periodista, a veces nos olvidamos.
-Giuliana: En el día de los abuelos en el colegio no me dejaron estar con mi abuelo porque se había hecho tanto tumulto de nenes en las mesas que empezaron a echar a todos los nenes y en ese revoleo caí yo. Así que pasé el día del abuelo sin el abuelo.
La anécdota provocó carcajadas.
Siena: Es muy loco como cuenta mi hermano, que siempre la gente lo saluda o le pide, no sé, fotos, etcétera, y es como que es nuestro abuelo y a mí, por lo menos, me cuesta mucho entender, la figura que es y que realmente es muy importante, tiene una trayectoria muy larga y me impresiona a veces, pero no lo entiendo tanto.

-¿Y qué cosas disfrutaban ustedes con su abuelo o con su papá que no se conocen porque obviamente es parte de la intimidad de ustedes?
-Ornella: Como dijo antes mi hermana, mi abuelo y mi abuela también fueron abuelos recontra presentes para nosotros desde llevarnos al colegio y siempre que llegábamos a casa él llamaba, contaba un chiste y cortaba o llamaba, cantaba algo y cortaba. Nosotros hacíamos lo mismo: lo llamábamos y le tocábamos una canción en la flauta que habíamos aprendido como Cuando los santos vienen marchando, que a él le encantaba... esa era la conversación. Hasta que un día nos llama y nos deja un mensaje en el contestador que decía, "Hola, hola, tengo un perrito salchicha, si lo quieren venir a conocer, se llama Chicho. Chau”, nos corta, y era para nosotros ese perro.
-¿Qué pasó con Chicho?
-Ornella: Mi mamá al principio no lo aceptó y volvió a estar con ellos y se volvió loco y corría el salchicha por toda su casa. Pero nada, la verdad es que es un abuelo recontra presente siempre y cuando éramos chicos nos encantaba quedarnos a dormir en su casa porque hacíamos planes, íbamos al shopping, al cine, todo, y él estaba en la radio, hacía radio todavía, se levantaba recontra temprano y yo seguro y ella también creo (por Giuliana) nos encantaba… O sea, siempre era un planazo ir con el abuelo al trabajo. Lo que pasa es que iba tan temprano que no quería. Entonces se nos escapaba hasta que una vuelta con mi abuela le encontramos la vuelta y en su dormitorio hicimos tipo pijama party, pusimos una frazada en el piso, en el medio del paso, cosa de que cuando él se levantara poder ir y nada y cuando podíamos nos sumábamos al programa de radio con él y era espectacular. Y hasta fuimos con todos los chicos del colegio.

-Qué enseñanza les deja el abuelo, ¿no? Con su labor, con su esfuerzo, su trabajo incansable.
-Fabrizio: Diría que la principal enseñanza que nos deja son los valores del esfuerzo, su pasión por el trabajo, estar acá hoy y su humildad sobre todo, porque como siempre decimos para nosotros es nuestro abuelo y ni nos enteramos de todos los logros que él va cumpliendo.
“Se quedaron cortos los elogios, pero bueno, estoy acostumbrado a este tipo de injusticia”, exclamó Enrique tras escuchar con emoción las palabras de sus nietos y su hija y robándole una sonrisa a todos los presentes.
Para entonces la nota iba llegando a su final. Pero Ornella, la mayor de sus nietas, tenía algo más para decir: “Comparto que el legado que nos deja más importante son los valores y hacer hincapié en el esfuerzo de lo importante que es cuidar el trabajo siempre. Inclusive ahora que estábamos con este tema de este viaje a cada uno en particular nos preguntaba: “¿Y cómo vas a hacer con el trabajo?”. Es recontra responsable, pero lo que yo más admiro de él es que si yo miro para atrás en su historia, no solo laboral, sino personal, nunca, pero nunca lo escuché hablar mal de nadie. O sea, tiene una conducta recontra intachable. Y no digo que no se enoje y no digo que no piense cosas negativas de los demás, pero es un tipo que no lo vas a escuchar hablando basura de nadie bajo ningún contexto. Si tiene un problema, va y lo resuelve. Y eso para el día a día uno lo piensa y dice, "Che, tendría que imitarlo más, ¿no?”.

Andrea, su hija, sumó antes de dar por finalizada la nota: “Para mí es lo mismo. O sea, los valores, que son un montón, porque dentro de la palabra valores hay millones de connotaciones, el esfuerzo, el respeto, la libertad de poder entender al otro desde uno y desde el otro también, ¿no? Sin enjuiciar, sin imprimirle carácter de ningún tipo al otro, y valorar mucho el cariño que recibe de la gente, eso también…”.
"Yo justo, tengo acá una frase de una carta que él me escribió y solo voy a leer una oración, pero que es lo que más me deja más allá del esfuerzo y el estudiar y trabajar. Pero él me puso: "Hoy convivo con la esperanza de tener nietos felices, más allá de sus capacidades y mucho más acá de sus sentimientos. Felices”, y creo que es ese, que seamos felices, que elijamos lo que queramos", cerró la joven.
Hubo un instante de silencio. Porque, después de escuchar durante varios minutos hablar de esfuerzo, responsabilidad, respeto y trabajo, esa palabra (felices) terminó reuniendo todas las demás.
Contenido audiovisual: Martina Cretella
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