Hay momentos que son eternos, aunque quienes los protagonicen no perciban en ese preciso momento el alcance de tamaña hazaña, y entonces el tiempo deba encargarse de demostrarlo. El tiempo... y los hijos. Es el caso que nos ahora nos convoca. Si no, ¿cómo se entiende que casi medio siglo después una noticia siga teniendo semejante vigencia?
Contexto: Previa del aniversario 49 de la obtención del Abierto de Francia por parte de Guillermo Vilas (73).
Protagonistas: Por su puesto él, Willy, y, además... (sumamos los puntos suspensivos, para darle mayor misterio a la cuestión), ella, su hija mayor, Andanin.

Explicación y razón: Claras como el agua. Es que la joven de 22 años acaba de subir a su Instagram una foto que realmente no merece demasiadas explicaciones. Hablamos de la imagen del zurdo de la vincha mirándose a sí mismo en la Galería de campeones que lo muestra cuando obtuvo Roland Garros 1977, trepando al Olimpo del tenis internacional. Una victoria que casi medio siglo después sigue resonando, lo dicho, como esos momentos que son eternos y, por ende, siempre vuelven al presente.
PARIS A LOS PIES DE WILLY

Piso tierra batida gala como un jugador de elite con varios pergaminos colgados de su raqueta: haber conseguido el Campeonato de Maestros (Melbourne, Australia, en 1974), arribar a las finales de los Abiertos de Francia (1975) y Australia (1977), y ubicarse en el tercer lugar del flamante ranking de la Asociación de Tenistas Profesionales.
Lo cierto fue que su derrotero por Roland Garros incluiría, entre el 23 de mayo y el 5 de junio de 1977, victorias frente al croata Zeljko Franulovic (6-1, 6-2 y 6-4), quien lo acababa de vencer en Italia; el chileno Belus Prajoux (2-6, 6-0, 6-3 y 6-0), el sudafricano Bernard Mitton (6-1, 6-4 y 6-2), el norteamericano Stan Smith (6-1, 6-2 y 6-1), el polaco Wojtek Fibak (6-4, 6-0 y 6-4), el mexicano Raul Ramirez (6-2, 6-0 y 6-3) y Brian Gottfried, Nº 5 del planeta, en una final que se resolvió con ¡la menor cantidad de games de la historia: 21! No sólo eso: a lo largo del certamen Vilas cosecho 21 sets y perdió 1, capitalizando 128 games, contra 43.

EDUARDO PUPPO, SU BIÓGRAFO: "POR FIN SUCEDIÓ"
Nadie como él para revivir aquel inolvidable momento. Hablamos de Eduardo Puppo (68), periodista de tenis, amigo y biógrafo del marplatense y quien, ante el pedido de GENTE, así memora aquella proeza de Willy:
“'No podía pensar en ser bueno si no ganaba en la superficie en que nací', es una conocida frase de Guillermo Vilas, refiriéndose al primer título de Grand Slam de su vida: Roland Garros 1977 -cuenta el sanisidrense-. A partir de esa determinación inició una cacería frenética del éxito, basada en su inocultable pasión por el tenis y una voluntad inclaudicable. Sus optimistas cálculos previos indicaban que la profecía debía cumplirse en 1976, pero algo fallo: 'Lo tenia planificado como una misión y no pararía hasta que fuese realidad. Aquel año pensaba arrasar, y no paso nada. Al final fue de transición para todo lo que vino después', explicaría luego Guillemno frente al fracaso temporal", memora Puppo.

"Si regresamos a su infancia -continúa-, Roland Garros ya figuraba entre sus objetivos cuando peloteaba contra el frontón del Club Náutico Mar del Plata: 'Iba muy temprano, saltaba el portón y me quedaba pegándole hasta que aparecía Felipe (Locicero, su primer y único profesor), con una bata y cara de dormido. No me retaba, porque sabía que yo buscaba mi destino”, afirmoó Guillermo para el libro biográfico que me encargó en 2014 y sólo se editara cuando termine el reclamo de su número 1 a la ATP y reciba la restitución que corresponde. Durante las mencionadas frías mañanas frente a la pared, un buen golpe inalcanzable para su pequeña humanidad serví de match point para 'ganar' el abierto francés en su imaginación: 'Game, set, match Mister Vilas', gritaba. Y su grito, claro, despertaba al maestro, quien vivía en el pañol del club".

Eduardo avanza en el relato repitiendo parte una de las tantas charlas que tuvo con Vilas en su casa de Buenos Aires tiempo después, en la que Willy le confiaba que en 1977 ni se le ocurría la idea de perder. "Me planteaba triunfar -me dijo Guillermo de manera textual-, aunque sin pensar en la copa mientras jugaba. Por eso no salté ni grité al ganar en París, apenas me di vuelta para ver que hacia Ion (Tiriac, su coach rumano) porque, al estar tan metido en el partido, la mecánica me decía que terminaba un punto y empezaba el otro. Entonces ahí, por reflejó, deduje que ya era campeón', me confesó. El fuerte propósito elaborado en su mente ya tenía forma de trofeo para siempre, y Vilas lo supo: 'Fue como sentir que por fin sucedió, porque a ese título ya lo había ganado cien veces en sueños', se sinceró”.

"A partir de tal bisagra se catapulto su presencia en la elite -acierta Eduardo-, formó el Big-Three junto a Jimmy Connors y Bjorn Borg, y ya no tuvo freno. Ganar en París le confirmó que podía y que no debía aflojar, porque restaba un largo camino. Mientras no consiguió su primer gran torneo muchas veces tuvo miedo a perder, hasta que entendió lo que le intentaba trasladar Tiriac: ‘¿Miedo a perder? De eso no hay retorno’, y así pudo sobrellevar la situación”, cierra Puppo, quien además -lo dicho- se encuentra al frente de la investigación sobre las semanas en lo más alto del rating que a Guillermo le correspondería recibir por derecho propio a partir de sus estadísticas deportivas en los Setenta. "Una de las grandes injusticias en la historia del deporte mundial a la que no nos resignaremos. En especial porque está basada en datos comprobados y corroborados a mano", recalca el prestigioso periodista.
EXCLUSIVO, CON GENTE, LUEGO DEL TRIUNFO: "NUNCA ESTUVE MÁS SOLO EN MI VIDA QUE EN 1977"

“De Paris no vi nada; los quince días los dediqué al tenis”, admitiría una vez recibido el titulo, cuando salió a recorrer la capital francesa con GENTE (nótese la Torre Eiffel detrás de la portada de aquella edición). Cobertura que recién pudo hacerse y verse la semana siguiente a la obtención de su primer torneo perteneciente al Grand Slam.

“Es que en plena competencia mis jornadas transcurrían en base a entrenamiento, lectura de poesía, auriculares y diálogos conmigo mismo que volcaba en mi diario personal”, comentaba subrayando su bajo perfil en Francia, antes de emprender viaje a Londres para participar en Wimbledon. También revelaba su dieta para afrontar semejante competencia deportiva: “Mi alimento era a base de pescado”, sorprendía.

Pocos meses después de su paso arrasador por Francia, Vilas se consagraría nada menos que ante Connors en la última edición del US Open que tendría como escenario Forest Hills (ahora se organiza en Flushing Meadows). Entretanto, en 1978 y 1979 redondearía, con sendos títulos de Abiertos de Australia (también sobre canchas duras), el póker de torneos majors que atesoraría en su carrera. De los cuatro Grand Slam sólo le faltó precisamente Wimbledon, en césped.


Hoy, mientras se encuentra radicado en el Principado de Montecarlo, a orillas del Mar Mediterráneo, y aguarda cumplir los 74 años (será el 17 de agosto), vale replicar una frase de su cosecha que mencionó apenas obtenido Roland Garros y sintetiza aquella temporada consagratoria de una forma distinta a la que sus fervientes seguidores suponen: “Nunca estuve más solo en mi vida que en 1977. Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue un año espectacular, pero yo deseaba que terminase rápido”, sorprendía sincero hasta la médula.
Quizá ante tamaño esfuerzo, la merecida oficialización al tope del ranking durante las semanas que le correspondieron termine consumando uno de los mayores actos de justicia y redención en la historia del deporte mundial.
Fotos: Archivo Grupo Atlántida y cortesía de Eduardo Puppo
Diseño y arte: Gustavo Ramírez





