Hasta hace unos días, las manos de Facundo Pomponio estaban hundidas en la harina y el calor de los hornos de Michele Pizza e Amore, las dos pizzerías napolitanas que fundó a pulmón en su Berazategui natal. Pero mañana, jueves 22 de octubre, cuando el sol apenas empiece a entibiar la inmensidad helada del Parque Provincial Aconcagua, en Mendoza, ese mismo hombre se atará los cordones en silencio, mirará hacia el este y dará el primer paso de una locura hermosa: cruzar el país corriendo hasta tocar el Obelisco porteño.
Por delante lo esperan 1.300 kilómetros de asfalto, cinco provincias y el desafío de avanzar entre 50 y 60 kilómetros todos los días durante tres semanas: el equivalente exacto a correr 31 maratones seguidas. Para lograrlo, no solo entrenó hasta el cansancio entre madrugadas frías, clases como docente y jornadas frente al mostrador, sino que armó una ingeniería milimétrica junto a tres amigos incondicionales que lo van a seguir de cerca en una camioneta, encargándose de que coma, se hidrate y descanse mientras las piernas sigan sumando horas de ruta.
Pero para este papá de tres hijos -los gemelos Rafael y Federico (14) y la pequeña Benedetta (5)-, semejante esfuerzo no tenía sentido si quedaba solo en una anécdota deportiva. Por eso bautizó la travesía como ARG1300 y decidió correr a beneficio de la Fundación Pata Pila, buscando que cada kilómetro se transforme en una ayuda vital para combatir la desnutrición infantil.
Pero antes de que todo eso suceda, y aún con la frente seca, Facu levanta el teléfono y conversa con GENTE:

–¿Sos consciente de que estás por comenzar una travesía única?
–(Ríe) La verdad que sí. Es algo más que inusual en Argentina. Porque en Europa o en Estados Unidos hay atletas que hacen lo que se llama multi-day, que es correr muchos días consecutivos sumando muchísimos kilómetros. Pero acá es algo que capaz hicieron dos corredores en la historia. Imaginate que el único registro previo es el de un atleta que lo hizo en el año 97 y que hoy vive en España. De ahí en más no hubo nadie que lo haya hecho, al menos corriendo en un tiempo y forma medianamente rápidos. O sea, capaz hay gente que lo hace caminando, pero tarda tres o cuatro meses.
–¿Pudiste hablar con él?
–¡Sí!, conseguí su contacto por medio de un conocido y hablamos por videollamada hace poco porque él vive en España.
–¿Te dio algún consejo valioso en esa charla?
–Sí. Aunque lo suyo fue en otra época, donde no había GPS ni la nutrición deportiva que existe hoy, me tiró varios tips sobre el cuerpo, el manejo de los días y el ritmo.

–¿En cuánto tiempo calculás que vas a unir el Aconcagua con el Obelisco?
–La idea es hacerlo en tres semanas. Eso lo calculé en base al entrenamiento que vengo haciendo. Hace seis meses yo pensaba hacerlo en 30 días, pero como fui mejorando y sintiéndome cada vez mejor, hoy apunto a hacerlo en unos 20 días. Obviamente en el "durante" puede variar uno, dos o tres días porque va a influir muchísimo el clima, pero la idea es meter jornadas de entre 50 y 60 kilómetros diarios.
–¿Te acompaña alguien? Porque hablás del clima y me intriga si vas a estar solo en la ruta o cómo va a ser.
–No, no. Yo voy con mi equipo, que está compuesto por tres amigos. Ellos me van a acompañar en una van mientras yo voy corriendo. Ellos me van a asistir: comida, alimentación, hidratación, masaje, redes, comunicaciones con los municipios. Todo. Y después también se va a sumar de a ratos mucha gente de Mendoza, de San Luis y de Berazategui. Pero mi equipo fijo son ellos tres que van a estar conmigo todo el tiempo.
–¿Son amigos del colegio?
–Uno es como un desprendimiento de mi cuerpo, un gran amigo mío que se llama Tom. Él me acompañó en el desafío pasado de Mar del Plata y va a ser el coordinador general. Después viene Rodri, que lo conocí en el desafío pasado, y Alejo, que lo conocí hace poco. Se armó un equipo lindo. Después tengo gente trabajando acá en Buenos Aires y gente en Mendoza. Esto es una logística bastante compleja. No es decir "arranco allá y llego". Hay varias cosas a tener en cuenta.

–¿Qué es lo más complicado a tener en cuenta que la gente no imagina?
–Primero, en la previa, que el entrenamiento es muy duro. Tuve que salir a correr un montón de veces sin ganas, cansado, con frío, sin dormir. Que uno puede pensar que lo más difícil es entrenar, pero hoy, a horas de largar, te puedo decir que lo más difícil es la logística: hablar con una persona, con la municipalidad, el sponsor, que te conteste o que no te conteste. Todas las medidas logísticas en general: armar la alimentación, cómo alimentarse, coordinar... (Se pierde en sus pensamientos) ¡Es mucho más fácil correr, es así!
–Me intrigaste: ¿Qué vas a comer en esos días? ¿Qué se come corriendo?
–De base, yo tuve que comer en mucha cantidad -comiendo bien, sano- para llegar a la largada con tres o cuatro kilos de más, porque lo primero que me va a pasar en la ruta es que voy a empezar a perder peso de golpe. Además, ya sé que en la primera semana voy a ir más entero y rápido, pero en la segunda y tercera voy a estar muchas más horas en la ruta. Así que la estrategia nutricional -que es casi igual o más difícil que la de correr- es tener una alimentación variada, nutritiva y contundente porque el cuerpo se satura de comer siempre lo mismo. La base son los hidratos de carbono y los suplementos, pero mientras corro tengo que ir variando entre geles, algún sanguchito de queso, dátiles, de todo un poco. Solo tengo que buscarle la vuelta para no perder el apetito jamás.

–¿Y sabores locales vas a poder probar? Porque vas a atravesar diferentes provincias.
–Sí, sabores locales sí, porque en todos los lugares nos van a querer dar algo de comer (Ríe). Yo preparé mi cuerpo no solamente para correr, sino para que tolere casi cualquier ingrediente dentro de los normales. Tampoco me voy a comer una hamburguesa triple, pero tengo el estómago bastante entrenado para comer de todo. De hecho, tenemos cuatro noches de hospedaje en una bodega y después nos invitaron a un montón de restaurantes ya. Así que lo más difícil va a ser tratar de no salirme de la alimentación adecuada.
–¿Y cómo hacés para tener cuatro noches en la misma bodega si están avanzando todo el tiempo?
–Eso es una cuestión de estrategia: no vamos a dormir en cada lugar al que llego. En vez de dormir, por ejemplo, en Uspallata y después en Potrerillos y así, vamos a hacer base en una ciudad dos o tres días. Pasa que es preferible desplazarse 50 kilómetros en auto para ir y venir que hacer toda una mudanza en cada hotel cada día. Así que vamos a hacer base en una misma ciudad durante dos o tres días.
–O sea, vos también vas a descansar dentro de esa van.
–Claro. Va a haber días que voy a tener traslados y otros que calzan justo de donde salimos.
–¿Desde cuándo corrés?, porque tu Instagram va para el lado de tus pizzerías. ¿Cómo conviven esos dos mundos?
–Yo corro desde los 17 años; arranqué para rendir el ingreso al profesorado de educación física y nunca más frené: hice maratones, triatlones, carreras de aventura y dos Ironman. Y hace unos seis o siete años conocí el mundo de la pizza napolitana y me metí de lleno. Fue todo un cambio para mí. Porque durante tres años mi prioridad pasó a ser la gastronomía para hacer crecer el emprendimiento. Ya cuando pude acomodar mi vida, empecé a hacer las dos cosas al cien por ciento: tengo mis dos pizzerías en Berazategui (Michele Pizza e Amore, la segunda la abrimos este año) y entreno a full. Hoy, después de veinte años corriendo, estoy exactamente donde quiero estar.

–¿Cuántos años tenés ahora?
–Tengo treinta y nueve. Cumplo cuarenta el 26 de octubre corriendo.
–Eso le pone un sabor extra. ¡Vas a cumplir 40 corriendo! ¿Elegiste la fecha a propósito?
–No, pero cuando me propuse el desafío dije: "Por más que caiga el Día de la Madre, mi cumpleaños o el de mi mejor amigo, se corre ahí y punto". Es que cuando estoy tan determinado con algo, no hay nada que me frene. Además, me gustó la idea de no pasar mi cumpleaños en Buenos Aires. Me pareció algo diferente, ¡y eso fue todo!
–Nadie va a tener un festejo igual. Es más, dudo que haya muchos hombres por cumplir cuarenta que estén pensando en correr todo lo que vas a correr vos.
–No, ni a palos. Y menos alguien de cuarenta. Capaz que alguno de veintipico o de treinta... pero ni eso, no suele pasar. Igual en la ultradistancia, que son más de 50 kilómetros corriendo, el promedio de edad es de 35 para arriba. No hay tantos atletas que corran 100 kilómetros con 20, 25 años.
–¿Por el nivel de preparación?
–Y el nivel mental.

–Contame de eso.
–En cualquier deporte la mente es más del 50 por ciento, pero en desafíos de tan larga duración te diría que es el 80 por ciento. Es pura cabeza. Por más entrenado que estés, si no tenés cabeza no llegás. Yo la entreno muchísimo con distintas metodologías, cosas que saco de otros corredores o del yoga, para tener herramientas listas cuando aparezcan el dolor, el cansancio extremo o el sueño.
–Además de tus amigos, ¿tu familia te va a estar esperando en algún punto del camino?
–Mis tres hijos -los gemelos Rafa y Fede, de 14, y Benedetta, de 5-, mi mamá y mi hermano van a ir algunos días a bancarme; verlos ahí va a ser un motor enorme para seguir corriendo. No pueden venir todo el viaje porque recién tuvimos una sobrina y además alguien tiene que quedarse cuidando las pizzerías.
–¿Y algún amor?
–No, estoy soltero. Estuve doce años con la mamá de mis hijos y después tuve otra relación de cuatro años, pero hoy soy medio solitario e independiente. Es que es difícil que alguien me aguante (Risas).
–¿Alguna corredora quizás?
–Estuve de novio con corredoras, pero no, no funcionó tampoco. Igual me encantaría conocer el amor de nuevo, pero se tiene que dar solo.

–Quizás tenés que ir hasta el Aconcagua para conocer a alguien especial...
–Puede ser (Risas).
–Elegiste que cada kilómetro sirva para combatir la desnutrición infantil junto a la Fundación Pata Pila. ¿Cómo puede ayudar la gente mientras vos corrés?
–Uy, eso es re importante contarlo, porque para mí es lo más importante: que este esfuerzo deje algo real. Yo buscaba una fundación grande, transparente, de alcance nacional y que trabajara con chicos. Y cuando vi lo que hacía Pata Pila combatiendo la desnutrición infantil en comunidades del norte, les escribí, pegamos onda de entrada y armamos una campaña donde el dinero que dona la gente entra directo a la cuenta de la fundación.
–¿Tienen algún objetivo en mente?
–Sí. Nos pusimos el objetivo de recaudar 20 millones de pesos para destinar a una comunidad y mostrar con total transparencia en qué se usó. Si hacés la cuenta sobre los 1.300 kilómetros que voy a correr, necesitamos conseguir 15.000 pesos por kilómetro: son apenas 15 personas donando 1.000 pesos en cada kilómetro. Se puede lograr. Así que ojalá esto sirva para recaudar y también para que muchos me escriban diciendo "che, te vi, me motivaste y salí a correr".
–¿Qué localidades vas a atravesar corriendo?
–¡Muchas! Salimos del Parque Provincial Aconcagua. La primera parada es Uspallata, y después vienen Potrerillos, Luján de Cuyo y Mendoza capital, toda esa zona. De ahí agarramos la Ruta 7 y pasamos por 12 de Octubre y La Paz, que son dos localidades más chicas, antes de cruzar por Desaguadero. Ahí ya entramos a San Luis, donde hacemos San Luis capital y Villa Mercedes. Después nos metemos en Córdoba y pasamos por dos ciudades grandes como Vicuña Mackenna y Laboulaye. A continuación, entramos en Santa Fe, que son pocos kilómetros -unos ochenta-, donde pasamos por Rufino y Diego de Alvear. Al toque ya pisamos la provincia de Buenos Aires: hacemos Vedia, Junín, Chacabuco y Carmen de Areco. Y en el tramo final pasamos por Villa Espil, Luján, General Rodríguez, Moreno y Morón, para al otro día ya entrar a la Capital Federal y llegar al Obelisco.

–¿Y va a haber algún tipo de festejo cuando llegues al Obelisco? ¿Qué está planeado?
–La idea es llegar hasta el Obelisco y hacer una movida con pizzas ahí o en Puerto Madero. Y después, al otro día, sumo una etapa para correr 30 kilómetros desde el Obelisco hasta mi ciudad, que es Berazategui, y ahí termino.
–Supongamos que ya tocaste el Obelisco y llegaste a Berazategui. ¿Después te tomás vacaciones y dejás descansar tus pies por un buen tiempo?
–(Risas) No, no. Bah, hay que ver cómo quedo de cuerpo. O sea, me voy a internar en una clínica para hacerme una evaluación médica completa: resonancias magnéticas y todos los estudios correspondientes. Pero si está todo bien, entre diciembre y enero voy con otro desafío: voy a correr 24 horas seguidas arriba de una cinta para intentar batir el récord argentino, que supera los 200 kilómetros. Y después de eso… ¡ahí sí ya me dejo de joder! (Risas)
Arte de portada: Roshi Solano
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