El automovilismo mundial está de luto. Este jueves 5 de noviembre se confirmó la muerte de Alan Jones, legendario expiloto australiano y campeón mundial de la Fórmula 1 en 1980, quien falleció a los 80 años -apenas tres días después de haber soplado las velitas por su cumpleaños el pasado lunes 2- tras atravesar una "corta enfermedad" vinculada a un reciente diagnóstico de cáncer, según informó su esposa, Amanda Butler-Davis, a través de un comunicado oficial difundido por Motorsport Australia.
Dueño de un temperamento indomable, frontal y sin filtro tanto arriba del monoplaza como frente a los micrófonos, Jones no solo quedó en los libros grandes como el hombre que le dio el primer título de la historia a la escudería Williams (y el último australiano en coronarse en la máxima categoría después de Sir Jack Brabham), sino que para los fanáticos argentinos su apellido va a estar ligado para siempre a una de las rivalidades más calientes, apasionantes y dolorosas del deporte nacional: su guerra interna con Carlos Alberto Reutemann.

De hacer grande a Williams a su consagración en Buenos Aires
Nacido en Melbourne en 1946 e hijo de Stan Jones -ganador del Gran Premio de Australia de 1959-, Alan llevó la velocidad en la sangre desde la cuna. Debutó en la Fórmula 1 en 1975 al volante de un Hesketh y consiguió su primer triunfo en el Gran Premio de Austria de 1977 con el equipo Shadow, antes de recibir el llamado que cambiaría su carrera para siempre: el de Frank Williams y Patrick Head en 1978.
Su estilo de manejo aguerrido y directo transformó a una estructura incipiente en una potencia imbatible. En 1980, a bordo del mítico Williams FW07, Jones tocó el cielo con las manos al consagrarse campeón del mundo con cinco victorias en el año y trece puntos de ventaja sobre el brasileño Nelson Piquet.

Curiosamente, el camino hacia esa corona arrancó en suelo porteño: en enero de aquel año, en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez de Buenos Aires, Jones marcó la pole position, se repuso de una parada en boxes por problemas en los radiadores y se llevó una victoria épica en el Gran Premio de la Argentina, compartiendo ya box con un recién llegado Carlos Reutemann.
"JONES-REUT": la tarde bajo la lluvia en Brasil que partió todo con el Lole
Si en 1980 reinó la paz mientras el australiano era el indiscutido piloto número uno de la estructura británica, la temporada 1981 desató una tormenta que dividió las aguas para siempre. Por contrato, Reutemann tenía una cláusula que lo obligaba a cederle la posición a su compañero si ambos se encontraban en pista a menos de siete segundos de distancia.
En la primera fecha del calendario, en Long Beach (Estados Unidos), el santafesino lideraba con comodidad pero acató las órdenes y levantó el pie para dejar pasar a Jones. Sin embargo, el 29 de marzo de 1981 en el circuito de Jacarepaguá, durante el Gran Premio de Brasil y bajo un diluvio torrencial, la historia fue otra.
Con el "Lole" en la punta y Jones pegado atrás, desde el muro de boxes de Williams sacaron una y otra vez el cartel más famoso de la historia del automovilismo argentino: "JONES-REUT". En tiempos sin comunicación por radio, la orden era clara: debía correrse y entregar la victoria. Pero Reutemann siguió acelerando bajo el agua, cruzó primero la bandera a cuadros y sentenció una frase para la posteridad: "Ya regalé una carrera, dos no".

La furia de Jones fue total. El australiano se negó a subir al podio a recibir el trofeo del segundo puesto y disparó con munición gruesa ante la prensa: aseguró que no creía que el argentino no hubiera visto el cartel y avisó que, desde ese instante, Reutemann pasaba a ser "un enemigo más en la pista, igual que Piquet o Villeneuve".
La herida jamás cicatrizó dentro del garaje de Frank Williams. Aquel campeonato se definió en la última fecha en el estacionamiento del Caesars Palace de Las Vegas: mientras Jones ganaba la carrera de punta a punta, un Reutemann sin el respaldo técnico del equipo sufría con la caja de cambios de su auto y perdía el título mundial por apenas un punto frente a Nelson Piquet.
Con 116 Grandes Premios disputados, 12 victorias, 24 podios y 6 poles (tras retirarse a fines del '81 y regresar brevemente en 1983 con Arrows y en 1985-86 con Haas Lola), Alan Jones se despide rodeado por el afecto de su esposa Amanda y sus seis hijos, ostentando hasta el día de hoy el récord de ser el último piloto australiano en coronarse campeón del mundo.























































