La conmovedora historia del hogar de Claypole donde viven más de 400 personas y que el papa León XIV eligió como primera parada en la Argentina – Revista GENTE
 

La conmovedora historia del hogar de Claypole donde viven más de 400 personas y que el papa León XIV eligió como primera parada en la Argentina

Detrás del portón del Pequeño Cottolengo Don Orione laten 50 hectáreas de solidaridad, arte y contención las 24 horas. Cómo se prepara esta "ciudad de la caridad" para el encuentro a puertas cerradas que protagonizará el Sumo Pontífice este lunes por la mañana.
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En la avenida Lacaze al 3900, en Claypole, el histórico arco de entrada al Pequeño Cottolengo Don Orione recibe a los visitantes con un lema grabado en latín -"Charitas Christi urget nos" ("La caridad de Cristo nos urge")-, pero puertas adentro todo se rige por una máxima todavía más simple que dejó su fundador hace casi noventa años: "Aquí no se le preguntará a quien entre si tiene un nombre, sino tan solo si tiene un dolor".

Al cruzar ese portón, cualquier idea de hospital frío o asilo silencioso desaparece. Lo que se abre es un verdadero pueblo de 50 hectáreas con calles arboladas, una plaza central, huertas y cuarenta edificios donde viven más de 410 personas con discapacidad. Ese rincón del partido de Almirante Brown -el hogar residencial más grande de su tipo en la Argentina y uno de los mayores de América Latina- es el sitio que el papa León XIV eligió para abrir la agenda pastoral de su histórica visita al país el próximo lunes 9 de noviembre.

Vista aérea del Pequeño Cottolengo Don Orione que visitará el papa León XIV.

Para entender por qué el Pontífice quiso que este fuera su primer destino en el país, basta con asomarse a la dinámica cotidiana del predio. Quienes viven allí no están alojados en pabellones impersonales, sino repartidos en quince casas adaptadas donde conviven en pequeños grupos, recreando el calor de un hogar. Ese detalle lo cambia todo: como apenas el 20% de los residentes recibe visitas de parientes, la gran mayoría encontró a su verdadera familia puertas adentro, en el vínculo diario con sus compañeros y con los casi 400 médicos, enfermeros, kinesiólogos, psicólogos, auxiliares, religiosos y voluntarios que sostienen el lugar las 24 horas.

Una de las voces que mejor expresa lo que se vive en esas casitas es la de Norma Donato. Tiene 57 años, lleva más de cuatro décadas en el Cottolengo y fue la elegida para leerle una carta al Papa durante su visita. Cansada de las miradas ajenas y de los prejuicios que suelen rodear a la discapacidad, Norma invita a cruzar el portón con una frase que desarma cualquier distancia: "¿Dicen que es un lugar lleno de chiflados? Por favor, vengan y conózcannos".

Algunos de los habitantes que participaron de la "clase abierta de Folklore Inclusivo"; para la gran mayoría de las más de 410 personas que viven allí, el hogar y sus compañeros son su principal lazo afectivo.

Del ladrillo traído del Vaticano al corazón que volvió desde Italia

La llegada de León XIV a Claypole parece cerrar un círculo que empezó a trazarse hace casi un siglo y que unió a este rincón del sur bonaerense con Roma desde el primer día. El 28 de abril de 1935, en medio de lo que entonces era puro campo junto a la estación de tren, el sacerdote italiano Luis Orione -discípulo de Don Bosco- colocó la piedra fundamental del predio. Adentro de esa piedra guardó un ladrillo de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro que había traído del Vaticano, convencido de que esa pequeña semilla se convertiría en un árbol enorme.

Cuando el hogar se inauguró el 21 de mayo de 1936, no tardó en transformarse en el refugio de quienes no tenían a dónde ir. Los archivos de aquellos primeros años guardan una postal que resume su espíritu: un día encontraron en la estación de Retiro a dos jovencitos recién llegados de Mendoza que deambulaban desorientados por el andén; en el ojal de la ropa tenían prendido un papelito que decía, únicamente, "Pequeño Cottolengo". Al enterarse, el propio Don Orione fue en persona hasta la terminal de trenes a buscarlos y los llevó a vivir a Claypole.

Un año más tarde, en 1937, el sacerdote debió regresar a Italia -donde moriría en 1940, mucho antes de ser proclamado santo por Juan Pablo II en 2004-, pero antes de embarcar dejó una promesa que emocionó a todos: "En Argentina he hallado para siempre mi segunda patria, y Dios mediante volveré a ella vivo o muerto, pues quiero que mis cenizas descansen en el Pequeño Cottolengo de Claypole. Dejo mi corazón en la Argentina". Sesenta y tres años después, el 29 de agosto de 2000, su palabra se cumplió de manera literal: la reliquia de su corazón incorrupto llegó desde Italia y quedó instalada para siempre en el santuario del predio, el mismo templo donde este lunes rezará León XIV.

El relicario donde descansa de forma permanente el corazón incorrupto de San Luis Orione, traído desde Italia en el año 2000.
La fachada del Santuario Diocesano San Luis Orione, dentro del predio de Almirante Brown, uno de los puntos centrales donde el papa León XIV se detendrá a rezar este lunes 9 de noviembre.

La huella de Francisco, las costureras silenciosas y los preparativos para el gran abrazo

El actual Pontífice no será el primero en quedar marcado por la energía que se respira en Claypole: mucho antes de convertirse en el papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio caminaba esas mismas calles de memoria. En sus tiempos como arzobispo de Buenos Aires, además de ir a celebrar misa al santuario, tenía una regla innegociable para los futuros curas: enviaba a los seminaristas porteños a vivir y trabajar durante un mes entero en los hogares del Cottolengo, ayudando a dar de comer, higienizar y acompañar a los residentes. "Cuando salís de ahí, no volvés a ser el mismo", repetían los jóvenes al regresar.

En las calles arboladas del predio, donde residentes y asistentes pasean a diario, distintas imágenes recuerdan la presencia y el legado de San Luis Orione.

Basta recorrer el parque para entender por qué. Mientras en espacios de alta complejidad como el hogar Fernando Mixto unos 45 residentes con dependencia severa reciben asistencia permanente para alimentarse por sonda o movilizarse, en las demás cuadras la vida se mueve entre una escuela de educación especial, un centro de día y talleres de teatro, cerámica, música, pintura, huerta, cocina y deportes adaptados. Y en un rincón funciona, desde 1989, otra muestra de amor silencioso: el taller de costura "Los Amigos", donde doce voluntarias reciclan sábanas, cortinas y telas donadas para coser y adaptar a medida la ropa de los más de 400 habitantes.

Todo ese mundo cotidiano vivirá este lunes 9 de noviembre, cerca de las 9.15 de la mañana, una jornada que quedará en la historia. Es que León XIV llegará recorriendo unos 800 metros en papamóvil por la avenida Monteverde, mientras miles de fieles seguirán sus pasos a través de pantallas gigantes instaladas en el parque vecino. Sin embargo, una vez que cruce el arco de entrada junto a las autoridades religiosas y provinciales, el encuentro será a puertas cerradas y dedicado por completo a la familia del Cottolengo.

Durante casi una hora, el Papa rezará frente al corazón de Don Orione, entrará a bendecir uno de los hogares de mayor dependencia y escuchará cantar a Abel Pintos, invitado especialmente por el Vaticano tras haber recorrido el predio en octubre. Y aunque por una cuestión de tiempo solo unos pocos afortunados podrán cumplir el sueño repetido en los pasillos de tocarle la mano, toda la comunidad sentirá ese abrazo que resume el pedido de Norma: que por un día el país entero se asome, sin prejuicios, al corazón de su propia casa.


 
 

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