"Me costó dejar de decirle Jorge": cómo era el Papa Francisco en la intimidad, según uno de sus amigos más cercanos – GENTE Online
 

"Me costó dejar de decirle Jorge": cómo era el Papa Francisco en la intimidad, según uno de sus amigos más cercanos

A un año de la muerte del sumo pontífice, el sacerdote que lo acompañó en Buenos Aires durante nueve años reconstruye con GENTE cómo fue esa relación y qué cambió cuando se fue a Roma para ser el líder de la Iglesia Católica.
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El lunes de Pascua —21 de abril de 2025—, a las 7.35 de la mañana, el Papa Francisco murió en la Casa Santa Marta, en el Vaticano. Un año después, la fecha vuelve a ordenar el recuerdo y a darle forma a una ausencia que todavía no terminó de acomodarse, ni en la Iglesia ni en quienes lo conocieron de cerca.

En ese marco, Guillermo Marcó habló con Revista GENTE no sólo para pensar qué dejó el Papa Francisco, sino para contar quién fue ese hombre antes —y durante— el papado: el Bergoglio cotidiano, el Jorge cercano, el que llamaba por teléfono para saludar y se quedaba conversando.

Marcó no es un testigo lejano. Sacerdote, comunicador y exvocero de Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires, lo acompañó durante nueve años en la Ciudad y mantuvo el vínculo cuando ya era Papa. Por eso, cuando recuerda, no lo hace desde la solemnidad del cargo, sino desde la intimidad de una relación sostenida en el tiempo. “Me costó traspasar el Jorge para decirle Francisco”, dice, y en esa frase se condensa buena parte de su relato.

Guillermo Marcó junto al entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio.

Para Marcó, este primer aniversario no se vive como un cierre, sino como una instancia de revisión. “Yo creo que siempre la memoria es una memoria agradecida”, plantea, y enseguida pone el foco en la Argentina: “Creo que la gente lo valora más. Es un mal argentino que a veces valoramos a las personas cuando ya no están”. No habla desde el reproche, sino desde la constatación: Francisco fue discutido, cuestionado y resistido en muchos momentos, incluso dentro de la propia Iglesia. Hoy, dice Marcó, el paso del tiempo permite mirar su figura con otra perspectiva.

"Durante su vida muchas veces se lo cuestionó —reconoce—, sobre todo dentro de la Iglesia católica. Por eso me parece interesante este recorrido: mantener la memoria viva y ver la cantidad innumerable de cosas buenas que hizo a lo largo de su vida".

¿Qué cambió durante este año desde la muerte del Papa Francisco?

— Las condiciones mundiales empeoraron. Francisco venía hablando, hace tiempo ya del tema de una guerra en pedazos. Decía 'una Tercera Guerra Mundial en pedazos' y este año particularmente, creo que... yo no sé si los países que están involucrados hoy en los conflictos bélicos hubiesen actuado con tanta beligerancia si estaba Francisco. Me parece que él ponía un freno.

Ese freno, explica, no tenía que ver únicamente con discursos públicos, sino con una forma de presencia constante. Marcó menciona, como ejemplo, su involucramiento en el conflicto entre Israel y Palestina. “Fue muy crítico de la guerra y hablaba con el párroco en Palestina casi todas las semanas”, señala, y subraya un detalle que para él es significativo: se trataba de un sacerdote argentino. “Tenía una presencia fuerte”, dice sobre una asistencia que no se agotaba en declaraciones, sino que se sostenía en el contacto directo.

Marcó aclara que el actual pontífice mantiene esa preocupación, pero marca una diferencia que no es ideológica sino de construcción de liderazgo. “Lo sigue teniendo León XIV, pero Francisco había logrado una interlocución y un liderazgo mundial que hacía que su voz fuera sumamente escuchada y también temida”. En su opinión, ese tipo de autoridad no se hereda automáticamente: “León está intentando construirlo y tiene sus dificultades, como las tuvo cada Papa con su propio estilo”.

Otro momento de Guillermo Marcó junto a su amigo, ahora ya como Papa Francisco.

Sin embargo, más allá del análisis del presente, el relato de Marcó vuelve una y otra vez al plano personal. A cómo se vive la ausencia cuando no se trata sólo de un referente público. “Hoy ya eso no está”, dice en referencia a la presencia constante de Francisco. “Entonces yo lo extraño. Extraño su presencia, su palabra permanente sobre cualquier cosa que pasara. Uno enseguida iba a cotejar a ver qué había dicho el Papa”.

Ese extrañar no es abstracto. Marcó lo conecta con una sensación precisa que tuvo al viajar a Roma para el entierro. “La sensación que tenía era de orfandad”, confiesa. “Porque para mí los últimos años fue un padre, en todo sentido”.

¿En qué sentido fue un 'padre' para vos?

— En el sentido de alguien que estaba pendiente de lo que te pasaba. Que preguntaba por vos. Que te llamaba, para saludar, por los cumpleaños, para conversar a ver cómo uno andaba y preguntaba cosas triviales. ¿Qué vas a comer? ¿Estás haciendo un asado? No era algo de una formalidad de decir un par de cosas y cortar, se tomaba el tiempo para charlar y saber de uno.

El cambio de nombre: de Jorge Mario Bergoglio a Francisco

Ese modo de vincularse, dice Marcó, no cambió con el papado. Lo que sí cambió fue el contexto. La primera vez que volvió a Roma después de la elección, se encontró con una imagen que todavía hoy lo descoloca. “Entrar a un negocio y ver su cara en objetos, en tazas, en remeras… me impresionó mucho”. Y después, caminando hacia Santa Marta, rebotaba en su mente una idea que en esa primera instancia no terminaba de asimilar: “El Papa es Jorge”.

¿Te costó llamarlo Francisco?

— Sí. Me costó traspasar el Jorge para decirle Francisco. Era como que alguien que conocés mucho, con quien tenés mucha familiaridad, de repente hubiese cambiado de nombre.

A pesar de la distancia y de la exposición mediática, Marcó dice que Francisco mantuvo una cercanía real. “Tenía una presencia muy fuerte”, explica, algo que hacía que incluso desde lejos se sintiera próximo. “Hoy eso ya no está”, repite, y en esa frase vuelve a aparecer el vacío.

Guillermo Marcó hoy, a un año de la muerte del Papa Francisco.

El vínculo entre ambos no fue ocasional. Marcó recuerda que durante nueve años fue su vocero y que, además, viajaba con él una vez por año a Roma. “Estábamos los dos solos. Almorzábamos juntos, comíamos juntos, viajábamos juntos —lo enumera como quien repasa escenas de una vida compartida— Todo eso hace que haber compartido tanto tiempo sea una experiencia muy rica. Me siento privilegiado”, afirma.

Cuando habla de Bergoglio, Marcó vuelve también sobre su identidad porteña. Dice que le interesa pensar qué le dio Buenos Aires, más allá de la Argentina en general: “Fue un porteño de ley y no renunció nunca a hablar su lengua materna”. Recuerda que muchos periodistas tenían dificultades en el comienzo de su papado para traducir sus giros, sus interrupciones, sus expresiones. “Cuando dijo ‘hagan lío’ en Brasil, preguntaban: ‘¿qué es lío?’”.

Esa experiencia, dice Marcó, también influyó en su mirada pastoral. Sostiene que Bergoglio fue el primer Papa que llegó desde una gran ciudad y que eso dejó huella. “Hay cosas que la ciudad le aportó”, explica. Y pone un ejemplo concreto: el diálogo interreligioso: "Cuando vos leés los escritos de Jorge Bergoglio antes de llegar a Buenos Aires, no hay nada sobre diálogo interreligioso. Y eso es algo que la Ciudad a él le aportó".

Marcó se incluye en ese proceso. Cuenta que hizo entrevistas con líderes de la comunidad judía y de la comunidad islámica, y que Bergoglio devolvió esas visitas. “Por primera vez en 90 años, un arzobispo de Buenos Aires visitaba el Centro Islámico”. Para él, ese trabajo local tuvo consecuencias más amplias: “En un mundo en conflicto, que hoy las comunidades religiosas en Argentina tengamos tan buena relación es fruto de algo que fuimos trabajando y que él después llevó como bandera”.

La migración es otro tema que Marcó asocia a la experiencia de ciudad. “Es algo tan urbano”, dice, y recuerda que Bergoglio insistía en que somos un pueblo de inmigrantes. Ya como Papa, ese enfoque se tradujo en gestos concretos. Marcó menciona el primero: el viaje a Lampedusa, la corona de flores arrojada al mar, la oración por quienes morían buscando un futuro mejor. “Eso te habla de una postura clara”, afirma.

"Fue el único Papa que estuvo en un podcast"

Entre tantos recuerdos, hay uno que condensa la mezcla de intimidad y sorpresa que marcó su relación: la grabación de un podcast juntos. Marcó estaba en una visita pautada en el Vaticano y luego de un rato de charla a solas, le propuso grabar el tiempo que quedaba para un ciclo en Spotify.

"Le dije que si me daba media hora más, me gustaría seguir conversando como estábamos, pero compartirlo con otros. Francisco aceptó, aunque no sabía ni qué era Spotify, ni un podcast”, recuerda entre risas. Pero la charla fluyó igual.

¿De qué hablaron?

— De cosas muy domésticas. De cómo reza un Papa, de cuáles eran sus preocupaciones, de si dormía bien. Cosas que por ahí uno tiene curiosidad de saber. Si ahora que es Papa hace cosas diferentes, si reza distinto.

A un año de su muerte, Marcó no habla de Francisco como una figura cerrada en la historia. Habla de alguien cuya ausencia todavía se siente. En el mundo, en la Iglesia, pero sobre todo en lo cotidiano. “Me siento privilegiado de haber podido compartir tantos años de mi vida con él”, remarca. Y en esa frase conviven el Papa y Jorge, el líder global y ese amigo de tantos años.



 
 

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