Hoy es una de las figuras más queridas de la televisión argentina, acaba de dar un paso inesperado hacia el teatro con Hairspray y su agenda está repleta de proyectos. Sin embargo, cuando Damián Betular habla de Dolores, la ciudad bonaerense donde nació y creció, el éxito queda por un momento en un segundo plano.
En una recientre entrevista con revista GENTE, el pastelero abrió una ventana a su costado más íntimo y confesó que, a más de 25 años de haberse mudado a Buenos Aires, todavía hay una imagen que extraña profundamente.
"A veces extraño un poco la cotidianeidad del domingo en familia. Obvio que con los años uno va perdiendo afectos, pero esa foto... Todos los domingos me da esa cosa de decir: 'Che, estamos a 300 kilómetros...'", expresó con nostalgia.

Aunque su presente transcurre entre las grabaciones, el teatro y la pastelería, Betular reconoce que cada vez que vuelve a Dolores siente que el tiempo se detuvo. Allí siguen viviendo sus padres, permanecen sus amigos de toda la vida y conserva intactos muchos de los rituales que marcaron su infancia.
Al ser consultado por este medio sobre cómo es volver a encontrarse con esas personas, dijo: "Muy natural: charlamos, tomamos un café... Yo tuve una infancia muy linda en el pueblo. La mayoría de mis amigos son compañeritos desde jardín. Algunos se han casado y han tenido hijos. Ahora las reuniones son multitudinarias. Me da mucha felicidad volver o que vengan".

Lejos de esconder la nostalgia, reconoce que suele expresar cuánto extraña a su familia y aprovecha cada oportunidad para regresar. "Soy de pedir que vengan. Ahora que tengo lunes y martes libres me gusta pensar que puedo ir en días más tranquilos. Mi viaje arranca desde que salgo de casa", explicó.
Su habitación de la infancia todavía existe, aunque hoy convive con el taller de manualidades de su mamá. "Es un híbrido entre mi vieja habitación y el taller de mi mamá. Duermo ahí", contó entre risas.

Pero lo que realmente lo conmueve sucede al despertar. "A mi mamá no le gustaban las persianas y cuando estoy ahí a las cinco de la mañana está todo soleado. Empiezo a escuchar el ruido de la casa desde temprano. Entonces me levanto, pero ya me pongo contento porque de nuevo me invade toda esa ceremonia de papá, mamá, el mate... Si estuviera cerca creo que pasaría todos los días a hacer algo", relató sobre los rituales familiares que aún se mantienen con el tiempo.
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