Nahuel Pennisi, a corazón abierto: de cómo descubrió la música casi por casualidad, a sus domingos de peña en casa y la mayor enseñanza de sus hijos – Revista GENTE
 

Nahuel Pennisi, a corazón abierto: de cómo descubrió la música casi por casualidad, a sus domingos de peña en casa y la mayor enseñanza de sus hijos

En una emocionante charla con GENTE, el cantante recorrió los recuerdos de su infancia, el descubrimiento de Mercedes Sosa y sus años como artista callejero, hasta llegar a los momentos más personales de su vida: la intimidad de su hogar, la paternidad y el equipo que hace con su esposa.
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A solo minutos de haber terminado uno de sus ensayos musicales, Nahuel Pennisi llega al estudio de GENTE en una tarde primaveral. No se trata de una rutina excepcional, así es su agenda diaria: no para. Y es que a medida que fue avanzando su carrera —que comenzó hace casi 20 años—, sus compromisos profesionales aumentaron y hoy, su música se escucha en cada rincón de Argentina y en otros países.

Su voz es indiscutible, aunque es su sonrisa la que lo presenta primero: enérgica, sincera, luminosa. En la jornada lo acompaña su equipo de trabajo, pero también su guitarra, que ya forma parte de su ADN y es como una extensión de su propio cuerpo. Nahuel saluda con amabilidad y se muestra expectante con lo que será esta producción de fotos. "Estoy para lo que ustedes me digan", anticipa, mientras el fotógrafo dispara los primeros flashes. Así, todo fluye entre risas, melodías y emociones.

Viene el momento de posar con su fiel compañera: la guitarra, las primeras notas se escuchan en el estudio. Su cara de concentración lo delata y tuvo que confesar: "Descubrí un acorde nuevo. ¡No lo puedo creer!". Y a modo de promesa, agrega: "Si saco una canción con este acorde, le daré el crédito a GENTE".

Nahuel Pennisi protagoniza la tapa de esta semana en GENTE. El cantante se permite abrir su corazón en una íntima charla que recorre su historia con la música, pero también su historia personal, de la que se siente orgulloso.

Rápidamente, el cantante le deja una indicación al fotógrafo: "Guardá esta foto que fue justo cuando descubrí un acorde nuevo", suma con humor. Y lo consigue, porque es justo esa imagen la que termina ilustrando la tapa de esta semana.

No pasa mucho tiempo cuando la entrevista termina con un pequeño público alrededor (el equipo que hace posible la portada), deleitándose con la voz de Nahuel. El cantante interpreta Canción con todos, de Mercedes Sosa, a quien le rinde homenaje en su más reciente disco. La emoción se hace presente y los aplausos aparecen en el cierre de una charla en la que Pennisi cuenta su recorrido con la música, pero también su historia personal.

"Estoy muy contento con mi nuevo disco, con este tiempo mío también, con el proceso de haberme conectado mucho con mi niño, con el niño de mi infancia; Mercedes es todo eso. Este disco me hizo viajar mucho para parte de mi historia... Es como una foto de mi vida, porque de repente con siete u ocho años imaginándome de chico, jamás pensé después de tanto tiempo llegar a esto: homenajearla", resume.

El descubrimiento de Mercedes Sosa y un viaje a la infancia

Detrás del músico que encontró en la guitarra una compañera inseparable y en el canto una forma de conectar con los demás, hay un hombre que también mira hacia atrás para reconocer el camino recorrido.

El niño que descubrió la música casi como un juego en la radio, el joven que se animó a tocar en la calle y confió en esa primera moneda que cayó y el artista que hoy homenajea a una de sus grandes referentes, conviven con el marido de Mayra y el papá de Mateo y Alma que construyó la vida que tanto soñó, en familia.

—Quiero volver a esos momentos de tu infancia porque has contado que descubriste la voz de Mercedes por la radio, cuando estabas muy chico. ¿Cómo era la escena?

—Era un momento donde estaba muy acompañado de la música y de la radio, porque mis viejos son músicos de hobby, digamos. Entonces, escuchaba música por la radio, bastante rock porque ellos eran rockeros, y mientras tanto también usaba la radio para el fútbol, porque siempre me gustó mucho.

—Lo seguís escuchando por radio, ¿cierto?

—Sigo escuchando los partidos por la radio hasta el día de hoy. Podría decir que la radio me trajo mis dos pasiones: la música y el fútbol. Es increíble. Y en eso de escuchar mucho AM, voy para la FM y en un momento, chusmeando con el dial, encuentro una radio folclórica y aparece la voz de Mercedes. Fue un impacto.

Desde muy chico encontró en la música una manera de expresarse y, con el tiempo, convirtió esa pasión en el motor de su vida.

—¿Recordás esa sensación?

—Fue un impacto y mucha curiosidad de niño. A veces uno no puede interpretar qué es lo que le pasa, ¿no? Pero lo primero que se me vino fue como: "¡Uy!, me congelé un poquito. ¡Entró algo a mi corazón!".

—La primera canción que escuchaste fue Alfonsina y el mar.

—Así es. Después, de grande, fui entendiendo un poco el contexto de la letra y digo, bueno, tiene sentido que una canción tan profunda como Alfonsina y el mar, que habla de la vida de Storni, de su partida, de cómo se fue, haya calado hondo así en mí.

Los primeros instrumentos y una vocación que nació jugando

La infancia de Nahuel transcurrió en Florencio Varela, en una casa donde la música estaba presente mucho antes de que él imaginara dedicarse profesionalmente a ella. Sus padres, aunque no vivían de la música, disfrutaban de tocar y compartir canciones, en especial de rock nacional.

En ese ambiente familiar, empezó a explorar los sonidos por su cuenta y a desarrollar una sensibilidad que con los años se convertiría en su sello artístico. Lejos de marcarle un camino, sus papás le dieron espacio para descubrir qué lo apasionaba y lo acompañaron cuando empezó a dar sus primeros pasos.

En ese recorrido, sus abuelos también dejaron una marca profunda. El artista habla con especial cariño de Marisa, su abuela, que estuvo a su lado cuando empezó a tocar en la calle y lo acompañó en aquellas jornadas en las que la música comenzaba a abrirle puertas. Mientras que de su abuelo conservó la admiración por el esfuerzo y la cultura del trabajo.

—Aprendiste a cantar y a tocar la guitarra casi de forma innata, sin tener un profesor o recibir clases. ¡Eso es increíble!

—De chiquito siempre me gustó experimentar, explorar como todos los niños, pero bueno, capaz que los juguetes que más me divertían eran instrumentos (se ríe). De esa época hay dos historias muy lindas. Una es que cuando yo era chiquito a mi casa iban todos músicos, o sea, la gente que iba a mi casa tocaba con mis papás. Entonces, en un momento llegué a pensar que todo el mundo que existía en la tierra tocaba algún instrumento. Iba y le preguntaba a alguno: "¿Vos qué tocás?", "No, yo no toco", me respondía (se ríe).

Antes de conquistar grandes escenarios, Nahuel aprendió a conectar con el público tocando en la calle, una experiencia que todavía recuerda como parte fundamental de su formación.

—Claro, era tu normalidad.

—Y después de eso mi papá me dio un bajo que quedó en casa. Lo empecé a tocar pero era muy grande para mí. Entonces me lo dejó en una cama y con el mango para la derecha, porque no se imaginó cómo podía encontrarme con el bajo. La primera vez que lo observé fue para ese lado y nunca le pregunté si estaba tocando bien o no, y él tampoco me corrigió, mi mamá tampoco. Hasta que jugando y jugando me quedó esa manera de tocarlo. Después el desafío más importante de la música fue aprender esta técnica, que fue lo más divertido también, porque no tuve profesor.

—Y después tu abuelo es quien te regala el primer bajo.

—Sí, mi abuelo fue el que me regaló el primer bajo. Ese bajo me sirvió mucho para ya ponerme como rutina en mi vida de niño tocar. Ya tocaba bastante más. Volvía a mi casa y tenía mi bajo, era increíble. Después me lo robaron y fue un momento triste. Por eso apareció la guitarra.

Sus abuelos, los primeros pasos en la calle y la primera moneda

—Por lo que contás, tus papás te apoyaron desde el comienzo, pero tus abuelos también fueron muy cómplices.

—Con mis abuelos tengo una historia muy profunda porque son como mis segundos papás. Tengo una afinidad muy grande con ellos. Estuvieron muy cerca, sobre todo en el comienzo de mi vida. Me quedó mucho de ellos... Ese espíritu trabajador, esa entrega de todos los días, ver a mi abuelo madrugar para ir a trabajar, a mi abuela también esforzarse. Era hermoso.

—¿También eran músicos?

—No, ellos no. Mi abuela ama de casa, mi abuelo albañil, así que yo creo que el esfuerzo fue lo más increíble que yo sentí y vi de ellos. También el apoyo incondicional. Mi abuela me acompañaba a la peatonal cuando yo tocaba en la calle. En un momento incluso creí que ella fue quien me había dejado la primera moneda, pero me lo negó.

El legado de Mercedes Sosa ocupa un lugar especial en su historia musical, una conexión que hoy se refleja en el homenaje que le dedica a través de sus canciones.

—¿Le creíste o te quedaste con esa duda?

—Después le creí porque dije: "¿Para qué me va a mentir?". Pero en un momento llegué a pensar eso porque claro, ninguno sabía lo que podía pasar ese primer día que salí a cantar en la calle. De alguna forma, me tiré a la pileta. Fue una prueba muy grande porque era la primera vez que me quedaba medianamente solo en un lugar público, porque mi abuela se fue a caminar por ahí. Así que era la música conmigo y el público.

—¿Con qué pensamiento volviste ese día después de tu debut como artista callejero?

—Ese día fue muy importante para mí porque volví a mi casa y mis viejos me dijeron: "Ahora nos podemos morir tranquilos porque vos estás haciendo algo." Ahí también descubrí que la música era mi vocación, definitivamente. En ese momento para mí lo más impactante era poder independizarme.

—¿Recordás qué hiciste con esas primeras monedas?

—Recuerdo cuando arranqué a tocar en las peatonales, empecé a juntar unos mangos y obviamente, como artista callejero, lo primero que le dije a mis viejos: "Yo me pago la escuela." Y les dije: "Me pongo una empresa (de cable) para mirar partidos de fútbol", porque no teníamos canales, y bueno, me puse. También compré un grabador para escuchar discos de artistas que compraba por ahí, y eso me servía para estudiar y tocar en la calle.

De las peñas de Florencio Varela al escenario de Cosquín

La primera vez de Nahuel en Cosquín, en 2009, marcó un antes y un después en su historia con la música. Hasta entonces, alternaba sus estudios con largas jornadas tocando en la calle, donde aprendía a conectar con el público y a ganarse la vida con su talento. Su llegada al escenario de la plaza Próspero Molina fue la oportunidad de mostrar lo que hacía ante una audiencia mucho más amplia y empezar a imaginar un futuro diferente.

A partir de esa experiencia, su camino profesional comenzó a expandirse. En 2012 publicó su primer disco, El sueño de la canción, y unos años después llegó Primavera, el álbum que consolidó su crecimiento y le permitió obtener un Premio Gardel y una nominación a los Latin Grammy. Con el tiempo sumó colaboraciones, giras y presentaciones en escenarios de la Argentina y el exterior.

—Después de estar mucho tiempo cantando en la calle, ¿cómo fue la primera vez que subiste a un escenario?

—Me acuerdo que incluso antes de tocar en la calle, en el 2006, había una peña que se hacía en una parroquia cerquita de mi casa en Varela, que era la parroquia Santa Lucía. Armaban una peña que no me olvido más: se llamaba "El locro del encuentro". Era el locro para la familia, y ahí fueron mis primeros momentos en el escenario. Fue totalmente emotivo. Obviamente, cantaba para gente que sí me conocía un poco. Y después, el primer escenario fuerte que me pasó fue el de Cosquín en el 2009.

En 2009, su llegada al escenario de Cosquín marcó un punto de inflexión en su carrera y le abrió las puertas a nuevas oportunidades.

—Un antes y un después en tu carrera.

—Fue lo más groso que me pasó en el medio de mi carrera en la calle. Estuve de 2007 a 2010 en la calle y en 2009 pasó esto. Entonces, me pareció tremendo el contraste de una semana después de tocar en Cosquín volver a tocar a calle Florida y antes, también (se ríe).

—Después tocaste por primera vez en un teatro de la Calle Corrientes, muy cerca de la peatonal a la que ibas todos los días a cantar.

—El momento del primer teatro fue realmente muy movilizante porque ahí se me pasó mi vida por la cabeza. Se me pasaron mis momentos de escuchar la radio, de descubrir el folclore, de animarme a tocar, de mis primeros viajes... Cuando tocaba en la calle iba a algunos cumpleaños, me contrataban para eventos, algo que les pasa a muchos artistas, y en ese momento hacía casi todo yo solo. Entonces, de repente empezar a tocar en un teatro con un equipo que me acompañaba, con gente que confiaba en mí, era muy fuerte, un sueño cumplido. Hasta el día de hoy lo sigo viviendo como un sueño.

—¿En qué momento dimensionaste que en verdad podías vivir de la música?

—Tengo un recuerdo muy fuerte cuando escuché por primera vez una canción mía en la radio. Ese momento para mí sintetizó todo esto que marcás, de poder vivir de la música. Cuando escuché un tema por la radio también sentí que estaba todo ahí: estaba la pasión por la música, el amor por lo que me enseñaron mis viejos, lo que crecí en el barrio y también la radio. Después de tantas músicas y artistas que escuché y descubrí en diferentes programas, y de repente escuché un tema mío y dije: "Bueno, capaz que alguien está descubriendo por primera vez mi música".

Criado en Florencio Varela, Nahuel creció en un hogar donde la música y los afectos fueron parte de su identidad desde los primeros años.

—Era tu momento de dejarte descubrir por otros.

—Realmente muy emotivo e inolvidable ese momento. Me acuerdo que fue a la madrugada, escuchaba un programa y apareció ahí mi voz. Lloré mucho. Tenía el celular, entonces me puse a grabar el audio desde la radio y cuando terminó decía: "Pasamos esta canción de Nahuel Pennisi, su primer disco. ¡Vamos a la tanda!". Y le mandaba a mi mamá para que escuche todo el mundo.

La familia, los domingos en casa y el amor por los afectos

La música no solo le dio una profesión y un lugar en los escenarios: también lo llevó a encontrar el amor. Su historia con Mayra Deleo comenzó en Tucumán, durante uno de sus primeros viajes para presentarse en festivales, cuando ella trabajaba en la productora que lo había contratado. Lo que empezó como un encuentro ligado al trabajo pronto despertó algo más.

Nahuel sintió una conexión especial y buscó la manera de acercarse a ella. Con el tiempo, ese vínculo se transformó en una historia compartida que creció entre viajes, canciones y proyectos. Juntos construyeron la familia que el cantante tanto había soñado y se convirtieron en padres de Alma y Mateo, dos pequeños que hoy ocupan el centro de su universo.

—Sacándote un poco del rol de músico, me interesa conocer cómo es el Nahuel de entrecasa, cómo es un domingo con tu familia.

—Lo afectivo para mí es algo muy importante, crecí con esos valores. La música también nos permite llegar a esas cosas profundas, y los afectos están ahí. Me crie en una familia de muchos abrazos, mucho cariño, de mostrar el contacto humano... Para mí es muy importante y vivirlo con mis hijos, con mi mujer, con la familia que elegí. Es lo más hermoso.

—Cada vez que hablás de ellos se te ve emocionado.

—Siempre. Los domingos son muy lindos, aunque muchas veces me toca no estar por la gira, pero cuando estoy disfruto el doble con la familia.

Su abuela Marisa fue una compañera incondicional durante sus comienzos callejeros y una de las figuras que dejaron una huella profunda en su historia.

—Imagino que se arma una mini peña en tu casa.

—Sí, porque encima ahora tenemos un teclado que le regalé a Matu (su hijo) para el cumpleaños y está tocando un montón. Tiene su profe, todo, y entonces siempre es agarrar el teclado, la guitarra o a veces ponemos folclore en casa, o distintos estilos de música. Celebramos la familia, que eso es lo más lindo. El espíritu de la familia está siempre ahí.

El encuentro con May y el sueño de formar una familia propia

—Por lo que contaste, venís de una familia de muchos valores, muy unida. ¿Cómo fue después formar tu propia familia?

—Fue una cosa que la verdad anhelaba. La familia propia y que podía elegir era algo que soñaba, era un deseo que no sabía cuándo podía pasar. Obviamente nunca nadie sabe y eso llega, aparece.

—Y entiendo que ese amor te lo dio la música, porque a tu esposa la conociste en uno de tus eventos.

—Totalmente. La otra vez hablaba con amigos y pensaba esto de que la música me dio todo lo que me acompaña hoy, porque incluso mis amigos me los dio la música, que hoy son hermanos. Generalmente, la música te da cosas sanas...

Nahuel conoció a Mayra Deleo durante un viaje de trabajo a Tucumán y, con el tiempo, construyó junto a ella la familia que tanto había soñado.

—Qué lindo eso que decís.

—La música es así: pura, honesta, genuina. Y ahí conocí a May, que fue increíble. Aparte el hecho de que también ella entienda totalmente el camino de lo que es el artista, de lo que son los tiempos, eso es valioso... Fue soñado haber encontrado una persona que me acompaña de esta manera, que me entiende, que nos cuidamos mucho. Eso para mí fue un regalo enorme y un aprendizaje muy grande también. Formar mi familia, aprender a ser papá con los chicos... Fue todo una cosa increíble y la sigo disfrutando día a día.

La paternidad y el desafío de estar presente

La paternidad también le enseñó a mirar el tiempo de otra manera. Acostumbrado a una agenda intensa y a viajar con frecuencia, Nahuel busca encontrar el equilibrio entre el músico que recorre escenarios y el papá que quiere estar presente en cada etapa de sus hijos.

Casi al final de esta entrevista con GENTE, el cantante fue sorprendido con un saludo muy especial: el de sus pequeños hijos. Alma, la más pequeña, se animó incluso a cantarle, y eso le provocó un nudo en la garganta inmediato. Segundos después llegó el audio de Mateo, y entonces las lágrimas no tardaron en salir.

—¿Cómo vivís la paternidad? ¿Te gusta involucrarte en todo lo de los chicos?

—Sí, me gusta mucho estar cerca de los chicos, sobre todo porque con la familia en general tenemos esto de estar siempre involucrados. A uno le toca capaz una cosa, a otro otra cosa, pero los chicos para mí son el espejo de uno. Los chicos son lo que es un papá, lo que es una mamá, y bueno, a veces quizás no los puedo ver tan seguido por esto que te digo de estar de gira. Pero cuando aparece ese momento es de mucha calidad porque nos disfrutamos mucho y eso es divino.

Convertirse en papá transformó sus prioridades y le enseñó a encontrar en los momentos cotidianos con sus hijos una felicidad que va más allá de los escenarios.

—Contaste que cuando llegabas de gira, Alma te decía: "Papá, te dejé despejado el living, no dejé juguetes tirados".

—Sí, increíble Almita. Ahora ya es una costumbre que tiene, me dice: "Papi, hoy ordenamos el living. Vení, vamos a jugar". Y le digo: "Pará que hablo con mamá un ratito". Y son gestos de amor tan grande que dan los chicos que también a uno lo llena para seguir por este camino, para seguir aprendiendo. Cuando nació Mateo, le decía mucho: "Hola, maestro", y fue algo que salió naturalmente, pero en el fondo es un maestro. Los chicos nos enseñan todo. Para mí una cosa increíble, muy única.

—Hablando de hijos, quisieron estar presentes también hoy.

—(Se reproduce un audio de Alma, su hija menor, y ríe emocionado) Ella mandó la canción y todo ese saludo. Mirá ese viento que hizo. No, Almita, no, no... ¡Qué emocionante, por Dios! Me mata. Aparte, cómo afina, cómo canta, cómo se emociona. Tiene cuatro años y es un amor. En este momento estoy disfrutando mucho de Almita, es un momento muy lindo. Está más grande, cada vez más consciente, y me emociona profundamente. ¡Qué buen regalo! Gracias, me mataste.

—Mateo no se podía quedar atrás.

—(Escucha un audio de su hijo mayor) Hermoso mío, lo amo tanto. Mateo está muy, muy con el fútbol. Así que ya sabemos que me espera para unos penales, me hace un montón de goles, pero nos divertimos mucho. Primero empecé a jugar un poco más tranqui, pero a veces está bueno que no suceda siempre que gana, para aprender otras cosas a veces. Le hago goles y me dice: "Pegó en el palo." No, digo, el sonido fue a gol (se ríe).

Aunque las giras y los compromisos lo mantienen muchas veces lejos de casa, Nahuel procura aprovechar cada reencuentro y disfrutar del tiempo compartido con Mayra, Alma y Mateo.

Las enseñanzas de Mateo y Alma: la naturalidad con la que miran el mundo

—¿Qué sentís que te cambió la paternidad?

—En las prioridades, no hay nada comparado a los hijos. Digo, uno antes de ser padre tenía cosas muy importantes como principales... Obviamente la familia, la música, mi camino, los amigos son muy importantes para mí. Uno da la vida por los amigos, pero cuando llegan los hijos te mueven el mundo. Y aprendí eso: a valorar, a entender lo más simple de la vida y lo más valioso, que es esto de acompañar. El otro día escuché por ahí que uno es guía de los hijos, no es dueño, y me gusta pensar eso: ser un guía de mis hijos.

—Y en algún momento dejarlos volar, como lo hicieron tus padres con vos.

—Totalmente. Y lo fuerte que va a ser eso... Siempre me acuerdo mucho de mi viejo porque cuando nació Mateo me dijo una frase que me la tatuaría: "Los hijos son un pedacito de uno", me dijo. Y si vos te lo ponés a pensar, más que a pensar, a sentir, es real. Uno cuando abraza a un niño... no sé, es difícil despegarse, te dan una cuota de amor.

—"Yo voy a estar siempre para mirar lo que vos necesites": ¿a qué te recuerda esa frase?

—Fue una frase que me dijo mi hijo Mateo. Es un sabio. Tiene frases muy matadoras que son tan reales, que son tan reales... Un día no encontraba mis zapatillas, me las consiguió y me dijo eso. Ahora ya está cada vez más grande y escucha que yo digo: "No, porque yo vi tal cosa". En mi normalidad yo hablo con el verbo "ver" todo el tiempo, entonces muchas veces me preguntan: "Nahuel, ¿no viste el parlante?", y yo respondo: "No, no lo vi. Yo la última vez que lo vi fue cuando estaba en la oficina de mamá".

Detrás del artista que emociona con su voz hay un hombre que encontró en su familia uno de sus mayores motivos de felicidad y en la música una forma de agradecer todo lo vivido.

—Claro.

—Y él me dice: "¿Por qué decís que ves, si no lo viste?". Entonces bueno, cuando uno le cuenta por qué lo dice y todo, lo entiende perfectamente y lo naturaliza, y eso me encanta. El otro día le pregunté a Matu qué haría él si se encuentra por la calle con otro chico ciego, y me dijo: "Le diría 'Agárrame del hombro y yo te guío'".

— Espectacular. Es el ejemplo que ve en casa.

— Tal cual, es lo que él ve. Y eso para mí es relindo porque que los chicos vivan con naturalidad es tremendo. Y bueno, Matu es así.

Fotos: Diego García
Retoque y arte de tapa: Darío Alvarellos
Maquilló y peinó: @daniel_maquillador
Estilismo: @claraaled
Looks: @giustojeans

Catering: @de.copetin
Video: Ramiro Palais

Edición de video: Cande Petech.


 
 

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