La madrugada del 27 de octubre, el rugido de cientos de camiones estacionados en acotamientos y casetas marcó el inicio de una de las movilizaciones más amplias que ha visto el sector transportista en México. Desde Baja California hasta Yucatán, operadores de carga, agrupados en organizaciones como la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) y la Honorable Alianza Mexicana de Organización de Transportistas (HAMOTAC), se sumaron a un paro nacional que paralizó, parcial o totalmente, carreteras en al menos 27 estados.
La imagen se repitió en múltiples puntos: largas filas de unidades pesadas, pancartas con consignas y un reclamo común que atraviesa rutas y geografías. “El transporte de México no aguanta más”, se leía en mantas desplegadas sobre los parabrisas. La protesta, que arrancó a las 7:00 horas, buscó visibilizar el hartazgo del gremio ante la inseguridad, los asaltos violentos, la falta de condiciones dignas y recientes cambios fiscales que, aseguran, amenazan la viabilidad de miles de empresas y empleos.
Un reclamo que recorre el país
La magnitud de la protesta fue inédita: caravanas y bloqueos parciales se desplegaron en carreteras, casetas y accesos a ciudades clave. En Morelos, los accesos a la capital colapsaron tras el cierre total de la autopista Cuernavaca-Acapulco. En Cancún, el bloqueo de la carretera 307 afectó la conexión con el aeropuerto internacional y la Riviera Maya. En Jalisco, más de 300 transportistas se apostaron en los principales accesos a la Zona Metropolitana de Guadalajara, aunque evitando obstrucciones totales.
El Estado de México fue otro de los epicentros. En la caseta de Tepotzotlán, sobre la autopista México-Querétaro, los operadores iniciaron una caravana que avanzó hacia la zona industrial de Cuamatla y, posteriormente, a la Ciudad de México. Allí, su paso fue frenado por elementos de Tránsito. En la autopista México-Toluca, a la altura de Ocoyoacac, un incidente marcó la jornada: un tráiler embistió el bloqueo, provocando el incendio de varias unidades y dejando heridos al conductor y su copiloto.
Las demandas: seguridad, justicia y condiciones dignas
Los transportistas no solo protestaron por la violencia que padecen en las carreteras —en Morelos, HAMOTAC denunció hasta 200 asaltos violentos en la zona de Tres Marías, mientras que en Aguascalientes reportaron cinco operadores asesinados en lo que va del año—, sino también por lo que consideran abusos de autoridades municipales de Tránsito, regulaciones arbitrarias de grúas y corralones, y la inminente reducción de beneficios fiscales para el pago de peajes, contemplada en la Ley de Ingresos.
“Queremos trabajar, no cerrar empresas”, rezaban otras pancartas. El reclamo, aseguran, no es solo por el gremio, sino por el impacto que la inseguridad y las condiciones adversas tienen en la economía y el comercio nacional.
El diálogo: una mesa con muchas demandas
La presión surtió efecto: la tarde del lunes, representantes de Canacar y otras organizaciones fueron convocados por la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Hacienda a mesas de diálogo. El objetivo: atender las exigencias de seguridad, revisar la regulación de grúas y corralones, y discutir los cambios fiscales que preocupan al sector.
Sin embargo, líderes transportistas como Augusto Ramos, presidente de Canacar, advirtieron que la interlocución debe ser directa y efectiva. “Necesitamos que esa mesa de diálogo no sea una agenda coordinada por otros organismos, sino por el transporte de carga”, expresó en un mensaje difundido entre los operadores.
Las autoridades, por su parte, insistieron en privilegiar el diálogo y evitar bloqueos que afecten a la población. Aunque la mayoría de las movilizaciones se levantaron la noche del lunes, algunos bloqueos persistieron hasta la madrugada y otros se reanudaron al día siguiente, en puntos estratégicos como la México-Querétaro, México-Pachuca y Chamapa-Lechería.
Un sector en la encrucijada
La jornada dejó claro que el sector transportista atraviesa una crisis profunda. Más allá de la coyuntura, los operadores advierten que sin respuestas concretas, la cadena de suministro nacional podría verse gravemente afectada. Las mesas de diálogo permanecen abiertas, pero el mensaje de fondo resuena en cada ruta: el transporte de carga exige seguridad, justicia y condiciones que permitan seguir moviendo a México.
















































