En el corazón de Ensenada, la casa de Ernesto Ruffo Appel se ha convertido en un punto de encuentro y solidaridad. Tras más de 70 días recluido en el penal de “El Altiplano”, el exgobernador de Baja California ahora enfrenta su proceso judicial bajo prisión domiciliaria, rodeado de su familia y de un círculo cercano de amigos y colegas políticos que han acudido a expresarle su apoyo incondicional.
La escena es reveladora: Ruffo, de 74 años, recibe en su hogar a figuras históricas del Partido Acción Nacional (PAN), mientras la vigilancia de la Guardia Nacional garantiza el cumplimiento de la medida cautelar. A pesar de la gravedad de las acusaciones—la Fiscalía General de la República lo señala por presunta participación en delitos de delincuencia organizada y contrabando de hidrocarburos—, el ánimo en la casa es de respaldo y esperanza.
Un regreso esperado y un viaje de 39 horas
El 28 de septiembre, Ruffo Appel llegó finalmente a su domicilio en Ensenada, tras un extenso traslado por carretera desde el Estado de México. La jueza que modificó su medida cautelar consideró determinantes su edad, su estado de salud y el arraigo con la comunidad, argumentos que su defensa presentó para solicitar el cambio de prisión preventiva a domiciliaria.
La llegada fue celebrada por su familia, especialmente por su hija Verónica Ruffo, y por miembros del PAN que lo acompañan en este momento complicado. En palabras de Iván Nolasco Cruz, vicepresidente de la Canirac Península de Baja California, quien compartió imágenes de su visita: “Seguimos creyendo en ti. En la esperanza de un México justo con Patria, Familia y Libertad”.
Visitas, videollamadas y muestras de respaldo
El domicilio de Ruffo ha recibido la visita de exgobernadores panistas como Carlos Medina Plascencia y Juan Carlos Romero Hicks, así como de Héctor Osuna Jaime, Víctor Hermosillo Celada y el regidor Adrián García García. Las fotografías difundidas en redes sociales muestran a Ruffo acompañado por su familia y amigos, en un ambiente cálido y de diálogo.
La solidaridad ha trascendido las paredes de su casa. A través de videollamadas, Ruffo ha conversado con destacados panistas como el expresidente Vicente Fox, quien expresó: “Me dio mucho gusto verlo ya en casa, rodeado de su familia y de amigos que han estado cerca de él. Conversamos sobre lo que está pasando y sobre los momentos que hoy enfrenta. Hablamos también de algo fundamental: no podemos dejarnos dominar por el miedo”.
También participaron en estas comunicaciones Fernando Canales Clariond, Marco Adame Castillo, Patricio Patrón Laviada e Ignacio Loyola Vera, todos exgobernadores emanados del PAN, quienes reiteraron su respaldo y confianza en Ruffo.
El proceso judicial y la investigación en curso
La Fiscalía General de la República acusa a Ernesto Ruffo de estar vinculado a una estructura dedicada al ingreso ilegal de combustible a México, como socio mayoritario de la empresa Ingemar S.A. de C.V. La investigación, que continúa en curso, sostiene que existen pruebas “contundentes” contra el exgobernador y la empresa señalada. Sin embargo, el entorno de Ruffo insiste en su inocencia y en la importancia de la presunción de inocencia mientras el proceso avanza.
Para quienes lo conocen, la sencillez y el trato cercano de Ruffo siguen intactos. “Le hice llegar el amor y aprecio que sigue despertando entre muchísimas personas. Un tipazo”, comentó el regidor Adrián García García tras su visita.
Un símbolo de resistencia y diálogo
Ernesto Ruffo Appel, quien gobernó Baja California de 1989 a 1995, es recordado por haber sido el primer gobernador de oposición en la historia moderna de México. Hoy, su situación legal lo coloca en el centro de un debate sobre justicia, salud y derechos humanos, pero también lo muestra como un símbolo de resistencia para muchos de sus allegados.
Mientras la investigación judicial sigue su curso, la casa de Ruffo en Ensenada permanece como un refugio vigilado, pero también como un espacio de encuentro, diálogo y esperanza. El respaldo de su familia, amigos y figuras políticas es, para el exgobernador, un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, la solidaridad puede ser un motor para enfrentar la adversidad.
















































