Recostada en penumbras en el cuarto que compartía con su pareja, Marta Pinedo (45) no puede parar de llorar.
"No sé cómo voy a hacer para seguir viviendo sin él", dice desconsolada. Hace menos de 24 horas su marido, Alberto Márquez (57), murió en sus brazos cuando lo alcanzó un balazo policial. Fue durante la represión del estallido social del jueves 20 de diciembre en la avenida 9 de Julio.
"Alberto no tenía nada que ver -explica ella-. Había ido al centro a trabajar y lo mató la policía. Yo misma los vi… Estoy
destrozada".
Alberto Márquez era productor de seguros. Tenía tres hijos -Claudia, Eve y Daniel- y vivía con su segunda mujer, Marta, en un pintoresco chalet de Villa Maipú, en el barrio de San Martín. Como la mayoría de los argentinos, trabajaba duro para mantener a la familia.
"No somos millonarios pero sobrevivimos bien. Lo más importante es que trabajo no nos
faltaba", cuenta su mujer. Por estos días, planeaban juntos una semana de vacaciones en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde unos amigos tienen la concesión de un camping. Claro que él pensaba parar en un hotel, porque odiaba la vida de campo. Pero estaba feliz con el viaje. Era un hombre muy tranquilo, le gustaba estar en familia, jugar al solitario en su computadora y mirar televisión. No estaba afiliado a ningún partido político, pero tenía simpatía por los justicialistas.
"No estaba de acuerdo con el gobierno de De la Rúa, pero, como todos, lo soportaba como podía", explica su mujer.
El día de su muerte, Alberto amaneció a las siete y media de la mañana para ir al Banco Provincia de los Tribunales de San Martín, donde tenía montada su pequeña oficina de seguros. A las diez en punto suspendió sus reuniones porque tenía turno en el dentista y de regreso en la oficina llamó a su casa para hablar con Marta:
"Mi amor, se vencen unas pólizas y tengo que ir a Provincia Seguros de la 9 de Julio. Te paso a buscar a las tres de la tarde para que me acompañes", le dijo. Era cotidiano para Alberto ir al microcentro. Al menos tres veces por semana viajaba hasta allí por algún trámite, y siempre lo hacía con su mujer:
"Eramos muy compinches. A él le gustaba ir conmigo para que le hiciera compañía", recuerda ella con ternura.

El cuerpo sin vida de un joven manifestante yace en el cruce de la Avenida de Mayo y 9 de Julio. En todo el país, la crisis social causó 26 muertes y dejó más de 400 heridos.

Márquez, muerto de un balazo en la espalda, es llevado por una ambulancia del SAME al hospital Ramos Mejía.